inteligencia emocional canaria

Carolina Pérez Toledo
CAROLINA PÉREZ TOLEDO

Un famoso conferenciante nos daba un bonito titular semanas atrás: «La inteligencia está sobrevalorada, ser amable tiene mucho más mérito».

El titular corre como el agua por todas las redes sociales, aunque no es nada nuevo. Todos conocemos a personas en nuestro entorno admiradas por su inteligencia y, sin embargo, no podemos evitar pensar 'Pues para ser tan inteligente, qué mal se lo monta'.

Cuando yo era estudiante de Derecho, se hablaba de una universidad canaria en la que el título se obtenía con mucho menos esfuerzo (igual era una 'fake news'). No obstante, nos encontramos con que el Gobierno Canario fue pionero, ya desde el 2014, en incluir en sus planes de estudio de Primaria (entre 6 y 9 años) la asignatura 'Educación Emocional y para la Creatividad'.

En el mundo personal, sin diferenciarlo del empresarial (vida sólo hay una), la resolución de los conflictos, la empatía, el control de las emociones por autoconocimiento, las habilidades de comunicación, son cruciales para facilitar nuestra vida. ¿Y si todas estas destrezas, que en el argot empresarial repleto de anglicismos se denominan 'soft skills', se pudieran adquirir y entrenar desde nuestra más tierna infancia? ¿Y si no tuvieran que ver con la genética? ¿No sería fantástico incluirlas, como los canarios, en nuestros planes de estudio que al parecer en esto van una hora por delante?

Recordemos que no hace mucho se publicó un estudio de las universidades de Illinois, Princeton y Nueva York por el que las niñas ya desde los 6 años se sienten menos brillantes que ellos. Quizás, como los canarios, fomentando la empatía justo desde esa misma edad, conseguiríamos anular ese sentimiento de raíz y evitar los estereotipos de género que tanto nos condicionan:

- Los hombres se creen más inteligentes

- Las mujeres son más empáticas y perseverantes.

Y sí, han leído bien, los hombres «se creen» más inteligentes, porque el coeficiente intelectual nos viene de serie, y las mujeres «son» más empáticas y perseverantes, porque esas son cualidades que hemos entrenado mucho a lo largo de todo nuestro desarrollo vital.

Si la anterior premisa fuera cierta, los hombres ya están tardando en realizar cursos de inteligencia emocional, y nosotras ya nos estamos empezando a creer que somos inteligentes y, con nuestras entrenadísimas 'soft skills', ya podemos recorrer a toda velocidad cualquier brecha o distancia que nos aleje de los lugares en que nos corresponde estar.

La inteligencia tradicional, que cada vez es más artificial, en un futuro muy muy próximo será manejada por robots que analizan y procesan datos asépticos, sin sentimientos (porque en su mayoría han sido diseñados por ellos); nosotras, alejadas de las STEM, tendremos una gran oportunidad en una segunda generación de robots: enseñarles empatía. ¿Se imaginan?