'La inflación': ya no ganamos para taparnos el ombligo

Los Tigres del Norte, durante una actuación en Chile en 2006./MARTIN BERNETTI/AFP
Los Tigres del Norte, durante una actuación en Chile en 2006. / MARTIN BERNETTI/AFP

El conjunto mexicano Los Tigres del Norte repasó con sentido del humor los disgustos y angustias que ocasiona el alza de precios: «No se te ocurra invitarles a unos tacos, porque mueres de un infarto a la hora de pagar»

CARLOS BENITO

Si hiciésemos una encuesta en nuestro país sobre Los Tigres del Norte, está claro por dónde irían las respuestas: el conjunto mexicano es el representante por excelencia del género de los narcocorridos, esas canciones que relatan las peripecias de los traficantes con un marcado tono de admiración. Se trata, por supuesto, de un estilo moralmente cuestionable, pero también muy adictivo (ejem, quizá ese no sea el adjetivo más apropiado) gracias a su lírica chispeante y eficaz. Y, sin embargo, la producción del grupo de Sinaloa va mucho más allá y no se ciñe solo al crimen organizado y los bandoleros fronterizos: el escritor Arturo Pérez-Reverte ha afirmado alguna vez que «para entender México, un país trágico y feliz, es necesario escuchar la música de Los Tigres del Norte y no a los intelectuales más destacados», porque, a su juicio, «la canción norteña es la que mejor ha definido a esta nación». Los temas hiperpegadizos de Los Tigres, como buena manifestación de música popular al viejo estilo, tienen cierta calidad de espejo que refleja la sociedad, sus alegrías y sus padecimientos, con letras en las que no faltan asuntos como la emigración irregular a Estados Unidos.

'La inflación', compuesta por Cuyo Garibay e incluida en su exitoso álbum del año 2000 'De paisano a paisano', es una muestra de su facilidad para enfocar un asunto de actualidad con una perspectiva ligera, cómica incluso. El título de la canción deja poco lugar a dudas: trata, sí, sobre la inflación, que a mediados de los 90 había alcanzado un nuevo pico en México (rozó el 52% en 1995), aunque sin alcanzar las cifras espeluznantes de la década anterior, cuando llegó a superar el 150%. Los Tigres emprenden un repaso jocoso de las repercusiones que el alza de precios tiene en distintas situaciones: desde llevar a los niños al cine hasta recibir tratamiento en un hospital, pasando por el capítulo de bodas, bautizos y demás festejos.

Cinco chilpayates

«Ya no ganamos pa'taparnos el ombligo, / mucho menos para un vino, no sé qué vamos a hacer. / Mi hermano Pancho ya mejor se va pa'l rancho, / porque aquí ya tiene un sancho y no lo puede mantener. / Para ir al cine tiene cinco chilpayates: / mejor te quedas en tu casa a descansar, / porque te cobran como si fuera un rescate / y después ni cacahuates les vas a poder comprar. / No se te ocurra invitarles unos tacos, / porque mueres de un infarto a la hora de pagar», plantean. El capítulo sanitario resulta especialmente preocupante, aunque ellos lo abordan con el mismo tono liviano: «Si por desgracia te pegara una jaqueca / y de emergencia te llevan al hospital, / mejor te pegas un balazo en la cabeza. / Es mejor que ver la cuenta que les tienes que pagar».

Y, por último, están los compromisos sociales, una sangría inasumible para cualquier bolsillo humilde. «Si tus parientes te llegaran de visita, / no les demuestres que los quieres de verdad, / porque se quedan todo el año y no se agüitan, / y tus hijos sin cobija hechos bola en el sofá (...) / Si tú acostumbras a hacer fiestas en tu casa, / pon unos guardias, aunque sea de vecindad, / que no te pase lo que le pasó a mi hermana, / que le robaron la cama, el reloj y el celular». Menos mal que, como concluye la letra, todo esto de la inflación se nos olvida «bailando y cantando».