El impacto de los permisos de paternidad en la estructura laboral será limitado

Unos padres paseando a sus hijos. /Reuters
Unos padres paseando a sus hijos. / Reuters

Un tercio de los economistas vascos está convencido de que ayudará a que no se penalice a las mujeres en las contrataciones, mientras que otro 37% no percibe avances

Carmen Larrakoetxea
CARMEN LARRAKOETXEA Bilbao

La concilación laboral y familiar -entendido por tal el equilibrio entre hombres y mujeres en ambos ámbitos- gana cada vez más protagonismo y ha dado un giro notable con la ampliación de los permisos de paternidad. Sin embargo, por ahora la percepción social es que estos avances repercuten más en la vida familiar, en la esfera de lo privado, que en el mercado laboral.

En 2018 el permiso de paternidad se incrementó hasta las cinco semanas, para ampliarse en 2019 hasta las ocho semanas y en 2020 se prevé igualar con el permiso de maternidad, colocándose en 16 semanas.

En la última encuesta del Ekonometro, que elabora el Colegio Vasco de Economistas, un tercio de este colectivo profesional (30,4%) estima que con la ampliación de los permisos de paternidad se favorece que se pueda dar una contratación más paritaria; es decir, que no se penalice a las mujeres en las contrataciones ante la posibilidad de que puedan ser madres. Sin embargo, son más, llegan hasta un 37,4%, quienes piensan que no se experimentarán cambios y las mujeres seguirán teniendo más dificultades para poder conciliar familia y trabajo.

Tampoco convence el argumento de que con las medidas de conciliación masculina se incrementa la productividad en las empresas, ya que un 38,6% no ve variaciones, mientras que los que creen que mejorará se quedan en un 27,2%.

En lo que coincide una amplia mayoría, hasta un 56,4%, es que los permisos de paternidad donde más beneficios presentan está en el ámbito interno de la familia. Esta mayoría considera que aumentará el grado de implicación de los padres con el cuidado de sus hijos, que será posible una educación en mayor igualad e, incluso, se muestran optimistas en que favorecerá la desaparición de los tradicionales roles masculino y femenino en la pareja.

El escepticismo respecto a un mercado laboral más paritario y una mayor productividad empresarial, se reproduce tanto en el colectivo de hombres como en el de mujeres economistas, aunque las féminas muestran un matiz un poco más optimista. La visión es tal vez más ilusionante entre los economistas menores de 30 años; a medida que avanzan los grupos por edades, menor repercusión laboral dan a la ampliación de los permisos de paternidad. Entre los mayores de 60 años, más del 50% no está nada convencido de que mejorará la paridad ni la competitividad.

 

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