La gran disrupcción que pone a prueba a la industria española

La gran disrupcción que pone a prueba a la industria española

La estrategia 4.0, la formación de nuevos perfiles de trabajadores, la reducción costes energéticos y la sostenibilidad medioambiental son los grandes retos del sector en España

Jorge Murcia
JORGE MURCIA

En tiempos tan acelerados como los que vivimos, la industria se enfrenta a una nueva revolución, la cuarta, marcada por la Estrategia 4.0. Una disrupción tecnológica en toda regla que trae aparejada derivadas como la necesidad de formar nuevos perfiles de trabajadores. Además, el sector tiene que hacer frente a la necesidad imperiosa de reducir sus costes energéticos en aras de una competitividad que está cada vez más cara. Y todo ello sin renunciar a la sostenibilidad medioambiental y potenciando la economía circular. Son los deberes que las empresas industriales tienen que hacer durante este año, según un informe de KPMG.

1

La estrategia 4.0

La Cuarta Revolución Industrial está en marcha desde hace unos años, así que las empresas que quieran sobrevivir a esta nueva etapa disruptiva han de interiorizar todas las posibilidades que se le abren. Tanto es así que la inmensa mayoría de los directivos del sector (el 95%) considera que este escenario es una oportunidad y no una amenaza, según el Global Manufacturing Outlook que elabora KPMG.

Este año el principal reto para la industria española será «la transformación efectiva y profunda de las compañías, adaptándose a un contexto de cambio constante». Y, aunque dos tercios de los directivos consultados por el informe de KPMG se creen preparados para liderar una transformación radical en su compañía, casi tres cuartos dicen sentirse muchas veces «abrumados» por los tiempos requeridos para acometer las medidas necesarias para adaptarse a este nuevo paradigma.

De ahí que, más allá de la simple introducción de nuevas tecnologías, lo más efectivo es adoptar «una estrategia realista y adaptada a cada compañía». «La transformación digital debe considerarse una forma de desbloquear valor en lugares que nunca se había tenido en cuenta. A este proceso de digitalización no hay que temerle, por el contrario es una gran oportunidad que debe ser aprovechada por nuestras empresas. Es cierto que el cambio será profundo y rediseñará los empleos, los procesos productivos e incluso los modelos de negocio, pero depende de nosotros que esta transformación presente un resultado neto positivo», reflexiona Begoña Cristeto, socia responsable del sector Industria de KPMG en España.

2

Regulaciones energéticas

Los costes energéticos que han de afrontar las empresas industriales españolas son de los más altos de Europa. Es algo que día tras día recuerdan muchos empresarios, que ponen sobre la mesa la desventaja competitiva que supone respecto a la situación de otros países como Alemania o Francia, donde los grandes consumidores energéticos se benefician, si no de precios más bajos, sí de rebajas o ventajas fiscales. Como recuerdan los expertos de KPMG, el suministro de energía (eléctrica o en forma de combustible), «es de capital importancia para la realización de los procesos productivos de la industria, una cuestión determinante en términos de competitividad».

El Gobierno aprobó recientemente un Real Decreto-ley de medidas urgentes para el impulso de la industria española y, a expensas de cómo se resuelva la actual situación política, la intención es la de aprobar un nuevo estatuto para la industria electrointensiva. Una normativa que pretende dar «estabilidad y certidumbre» para que las compañías disfruten de una «mayor planificación y anticipación», una factura energética menos gravosa (actualmente puede suponer para algunas de ellas hasta el 50% de los costes de producción), así como una mayor competitividad.

3

Sostenibilidad, medioambiente y economía circular

La industria juega un papel «esencial» para alcanzar los objetivos de una economía baja en carbono, respetuosa con el clima y más eficiente. Sobre todo, en su capacidad para reducir el consumo de energía. Y es que en 2017 el sector industrial fue responsable del 19% de las emisiones, según el Avance del Inventario de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que confecciona el Ministerio para la Transición Ecológica.

En la consecución de los objetivos climáticos también se ha de mejorar en la gestión de los residuos, así que la industria «deberá virar gradualmente hacia un modelo más circular y sostenible». A este respecto, Begoña Cristeto apunta que la industria española «tiene el reto de transitar hacia una industria sostenible, pero es necesario garantizar su viabilidad para no convertir la gran oportunidad que se presenta para la modernización de nuestro sector industrial en riesgo de deslocalización y pérdida de base industrial, especialmente agudos en los sectores intensivos en energía».

4

El papel de la formación

El asentamiento de la Industria 4.0 requiere la formación de trabajadores «con perfiles más tecnológicos, con conocimiento en el uso de herramientas pero que también aporten valores intrínsecamente humanos como la empatía o el juicio crítico». Como en otras etapas disruptivas en la industria, la transformación de los modelos de producción viene acompañada de cierta «inseguridad», como la que genera la posible sustitución de empleos por máquinas. Aunque, apunta Cristeto, «en esta revolución, que supone la unión definitiva entre el mundo físico y el virtual, el verdadero valor residirá en las personas».

A su juicio, el trabajador del futuro, además de tener un amplio currículum en competencias técnicas y científicas, también deberá demostrar aptitudes para el «trabajo colaborativo y en equipo, la gestión del tiempo, la resolución de problemas o el razonamiento analítico; la capacidad de buscar, filtrar y priorizar información y, sobre todo, la capacidad de compartir decicisiones».