Una compañía del País Vasco lanza el primer test inocuo para la intolerancia a la lactosa

Imagen del dispositivo OSAXYL./E. C.
Imagen del dispositivo OSAXYL. / E. C.

Osasen comienza a vender su dispositivo OSAXYL, que supone un avance respecto a otras técnicas invasivas de detección de la patología

JORGE MURCIA

Los test para detectar la hipolactasia (intolerancia a la lactosa) suelen ser una molestia para el paciente, obligado a ingerir una sustancia que puede originar una reacción negativa de su organismo. En otras ocasiones las pruebas ahorran la digestión de la lactosa, pero en cambio resultan ser menos fiables. Acaba de llegar al mercado un producto que trata de superar ambos inconvenientes. Se trata de un biosensor para detectar aquella patología de forma rápida e inocua y que ha sido desarrollado por una joven empresa vasca, Osasen.

El dispositivo se ha bautizado como OSAXYL, y consiste en un kit de diagnóstico conformado por un lector electrónico portátil y tiras reactivas desechables. «El sistema detecta el nivel de xilosa -un azúcar esencial para la nutrición humana- y en función de su nivel en la orina podemos detectar si hay intolerancia a la lactosa, e incluso su nivel», explica Asier Albizu, CEO de la compañía ubicada en el parque tecnológico de Derio-Zamudio.

OSAXYL nace de una alianza con la farmacéutica Ferrer, fabricante del medicamento que el paciente ha de tomar como paso previo a la detección de la lactosa en su orina. «Hemos llegado a un acuerdo con ellos. Primero, para desarrollar el equipo y toda la solución. Y luego, para comercializarla. De hecho, el primer pedido se lo hemos enviado esta misma semana», se felicita Albizu, que presume de haber creado un producto «diferente al resto. Es el primer 'point of care' (prueba médica en o cerca del sitio de atención al paciente) del mundo capaz de medir la lactosa».

Osasen surge hace cuatro años como una 'spin off' de Biolan, empresa especializada en el desarrollo de biosensores «capaces de detectar moléculas agroalimentarioas y biosanitarias». Con clientes en más de 50 países, Biolan ofrece diferentes soluciones para productos como «el pescado, el marisco, la leche, el vino o la carne». A partir de ese 'know how' nace Osasen, enfocada exclusivamente al mundo de la salud. La 'startup' está conformada por seis profesionales químicos, aunque en su equipo director figuran otras tres personas provenientes de Biolan: el propio Albizu (ingeniero agrónomo de profesión), que ejerce de CEO, y dos bioquímicos.

La dificultad de conseguir financiación

Osasen ha cumplido un primer gran hito, «lo más importante, que era acabar un producto y ponerlo en el mercado. Algo que parece tan sencillo tiene muchísimas limitaciones, sobre todo desde el punto de vista del papeleo», dice Albizu. En primer lugar se ha de conseguir la autorización para fabricar de la Agencia del Medicamento. El siguiente paso fue la obtención de la ISO 13485 para productos sanitarios, otorgada por la agencia Lloyd's, y que también es necesaria para poder lanzarse al mercado.

No han sido los únicos obstáculos que ha tenido que superar Osasen. Porque, si bien el apoyo público es importante -al menos en el campo de la biociencia-, lo más complicado es conseguir un inversor privado. «La gente que invierte en 'startups' siempre piensa en rentabilidades a más corto plazo, y en nuestro mundo es complicado conseguirlo», asegura el CEO de Osasen, que se ha valido de los recursos propios de Biolan para financiar el proyecto, aunque también han contado con el apoyo de Seed Capital Bizkaia, sociedad adscrita a la Diputación Foral vizcaína para financiar la innovación.

Una vez alumbrada su primera criatura, Osasen trabaja ya para desarrollar nuevos 'point of care'. «En este caso hemos hecho una cosa a medida para Ferrer, pero a futuro nos planteamos hacer cosas más abiertas, para medir otro tipo de parámetros que puedan servir a diferentes clientes», señala Albizu.