Las declaraciones de Tapia levantan ampollas

Las declaraciones de Tapia levantan ampollas

Manu Alvarez
MANU ALVAREZCorresponsal Económico

Malestar. Eso es lo que ha generado en la plantilla de Euskaltel y también en algunos sectores del PNV las reiteradas declaraciones de la consejera de Desarrollo Económico del Gobierno vasco, Arantxa Tapia, sobre la situación de la empresa Euskaltel, el advenimiento del fondo de inversión británico Zegona y en especial sobre el ajuste de plantilla que se ha saldado con 45 despidos. Hay reacciones para todos los colores, pero ninguna amigable.

Tapia ha tenido al menos tres intervenciones públicas destacadas en torno al movimiento accionarial en Euskaltel y también a los primeros cambios en su estructura de organización, tras el nombramiento de José Miguel García como consejero delegado. En la primera ofreció una especie de alfombra roja a la toma de control por parte de Zegona, respaldada por Kutxabank y la Corporación Alba. El segundo y el tercer accionista de la sociedad en orden de importancia, respectivamente. «Prometieron que no iban a entrar a cuchillo y han cumplido», dijo la consejera, apenas unos días antes de que Euskaltel pusiese en la calle a una veintena de directivos. Una parte de ellos, personas muy cercanas y miembros del equipo próximo al presidente, Alberto García Erauzkin.

Cuando todo el mundo pensaba que Tapia iba a hacer alguna declaración en tono crítico -como había hecho en el caso de Siemens Gamesa, tras anunciar la empresa eólica el alcance real del ajuste de plantilla en el País Vasco-, salió por el lado contrario. Así, recordó que «las empresas se gestionan tomando decisiones», al tiempo que recordó que el consejero delegado tenía el respaldo unánime de los miembros del consejo de administración. Tras la segunda tanda de despidos -otros 25 empleados,-, la consejera reiteró los mismos argumentos, que apenas amortiguó con una apelación a que este tipo de ajustes es «mejor hacerlo mediante acuerdos». Algo que, por cierto, no se había producido.

Entre los más antiguos de la plantilla se ha extendido una cierta sensación de desamparo político e institucional, porque siempre pensaron que el Gobierno vasco y el PNV, los auténticos padres de la empresa, velarían eternamente por sus empleos. No ha sido así. Las palabras de Tapia han venido a revelar la descarnada realidad de que no hay tejavana alguna sobre sus cabezas. Acaban de descubrir que son una empresa como otra cualquiera. Peor incluso, porque no era habitual hasta ahora en el País Vasco que una empresa en beneficios protagonizase despidos masivos.

Pero también la consejera ha levantado ampollas en el seno de su partido, donde no se entiende muy bien lo que algunos destacados exidirigentes de la formación jeltzale califican como «excesivo afán de protagonismo». Una actitud que, argumentan, le han llevado en este caso a hacer esas declaraciones cuando, concluyen «en política es una virtud saber mantenerte callado en los momentos complicados».