'The Complete Banker': la próxima vez, una burbuja más grande

Neil Hannon, en una foto promocional de su álbum más reciente./
Neil Hannon, en una foto promocional de su álbum más reciente.

En esta canción de 2010, compuesta en plena crisis, The Divine Comedy presentan un autorretrato satírico y descarnado de los responsables del desastre financiero: «Para nosotros solo era un gran juego», dice con desenvoltura el narrador

CARLOS BENITO

El pop de cámara del grupo norirlandés The Divine Comedy no es el primer sonido que a uno se le viene a la cabeza al pensar en rabia e indignación. El propio Neil Hannon, el músico que está detrás de este proyecto nacido a finales de los 80, admite cierta extrañeza cuando recuerda en qué estado de ánimo compuso 'The Complete Banker', un tema incluido en su álbum de 2010: «La escribí sumido en una rabia furibunda, que es algo que no hago muy a menudo. No soy John Lydon y la ira no es una energía para mí, me pongo a bufar y me siento ligeramente indispuesto», comentó entre risas en una entrevista con 'MusicOMH'. El origen de aquel enfado extrañamente productivo estuvo en un programa de radio sobre la crisis económica: «Un banquero idiota intentaba disculparse por el hecho de que el banco donde yo tenía mis ahorros se fuese al traste».

Aquellas declaraciones inspiraron el tono de 'The Complete Banker', una especie de autorretrato descarnado de quienes propiciaron la debacle financiera de la pasada década. En la canción, emparentada con los Kinks más cercanos al 'music hall', el narrador analiza lo ocurrido sin sentimiento de culpa, sin propósito de enmienda, sin atisbo de vergüenza: se trata de un «banquero completo», tal como apunta el título, y solo es capaz de pensar en su enriquecimiento y su bienestar. «¿Alguien puede prestarme diez mil millones de libras? / ¿Por qué parecéis tristes, he hecho algo malo? / Así que causé la Segunda Gran Depresión, ¿qué puedo decir? / Supongo que me dejé llevar. / Si digo que lo siento, ¿me daréis el dinero?», plantea la primera estrofa. Las excusas anunciadas nunca acaban de llegar, porque el resto de la letra se reparte entre la nostalgia por las ganancias y las expectativas de repetir la operación: «Para todos nosotros solo era un gran juego, / pero Dios sabe que me encantó obtener beneficios de las pérdidas ajenas. / Nunca supe exactamente de quién era el dinero / y no me importó mientras estuviese ahí (...). Aprenderemos las lecciones, haremos pruebas, analizaremos, / trituraremos los números, porque los números nunca mienten. / Quizá, con esta recesión, no hay mal que por bien no venga. / Podemos construir una burbuja mucho mayor la próxima vez / y dejar que otros limpien nuestro desastre».

El mundo por el desagüe

El tono de sátira feroz alcanza el punto máximo en el estribillo, donde nuestro hombre manifiesta su pesar por las secuelas de la crisis... en su modo de vida. «Ya me conocéis, el banquero completo, / en un Bentley negro con la dulce Samantha junto a mí. / Oh, cómo añoro los viejos tiempos / cuando era libre, el banquero completo / vestido de Armani, antes del rencor y la discordia. / El dinero hace que el mundo gire / y también se lo lleva por el desagüe». El nombre de la acompañante no parece una elección al tuntún: Samantha se llama la esposa de David Cameron, el conservador que en mayo de 2010 se convirtió en primer ministro del Reino Unido. En la última repetición del estribillo, de hecho, Neil Hannon ya no menciona a Samantha sino a Margaret Thatcher, además de cambiar los últimos versos: «Soy un cáncer maligno de la sociedad, sin conciencia, / y un día bajarás la guardia y volveré».

En la entrevista con 'MusicOMH', el músico dejaba claro que la canción no había bastado para exorcizar la indignación de aquel día, que tenía raíces profundas. «Durante años y años de capitalismo desenfrenado -reprochaba-, todo el mundo decía que era bueno para todos, que esa riqueza se acabaría filtrando hacia abajo. Y es una absoluta gilipollez, porque estos tipos son unos cabrones codiciosos por naturaleza: van demasiado lejos y todo se acaba hundiendo, y entonces somos nosotros los que tenemos que pagar».