China y Estados Unidos buscan la paz arancelaria al borde del abismo

Xi Jinping y Donald Trump, en su encuentro del pasado mes de noviembre./Afp
Xi Jinping y Donald Trump, en su encuentro del pasado mes de noviembre. / Afp

Las dos delegaciones se reencuentran en Pekín para intentar un acuerdo antes del 1 de marzo

ZIGOR ALDAMA

Las dos principales potencias económicas del planeta no quieren que la sangre llegue al río en su particular guerra arancelaria. Pero llevan ya meses negociando y no parece que sus posturas se hayan acercado lo suficiente como para fumarse la pipa de la paz. No obstante, las conversaciones que las delegaciones de China y Estados Unidos han reanudado este jueves en Pekín tienen esta vez un cariz diferente. No porque fuese San Valentín, como subrayaron algunos medios chinos con ironía, sino porque se celebran a solo dos semanas de que concluya la tregua de 90 días que se dieron en diciembre del año pasado.

Si no firman la paz, el próximo 1 de marzo se podrían aprobar nuevos impuestos: Washington ya ha anunciado que tiene intención de elevar del 10% al 25% los aranceles que gravan la importación de productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares. Afortunadamente, el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que «las negociaciones van bien» y que no descarta reunirse con su homólogo chino, Xi Jinping, para atar los flecos que sus subordinados dejen sueltos. El hecho de que el presidente chino se vaya a reunir este jueves con los representantes americanos, a los que agasajará con un banquete al estilo tradicional, es también buena señal.

Por su parte, el diario oficialista chino Global Times escribió en un editorial que «tanto la actitud de los principales líderes americanos como la reacción del mercado de Estados Unidos reflejan el optimismo del país en lo referente a alcanzar un acuerdo». Y reforzó estos buenos augurios refiriéndose a la información que Bloomberg avanzó ayer: Trump está considerando la posibilidad de extender la tregua 60 días más para facilitar que las conversaciones lleguen a buen puerto si no lo logran hoy.

Batalla por la hegemonía mundial

Pero todos estos gestos esperanzadores ya se han visto en reuniones anteriores y siempre han acabado en decepción. Trump quiere reducir a toda costa el superávit comercial chino, que el año pasado marcó un nuevo récord, y busca crear puestos de trabajo en el sector de las manufacturas en Estados Unidos, uno de los que se han visto más afectados por el auge económico del gigante asiático. Pero sobre la mesa hay en juego mucho más que unos aranceles que ya están dañando el comercio bilateral, una variable que en enero cayó un 10,1% con respecto a 2018. La guerra comercial es uno de los diferentes frentes que China y Estados Unidos tienen abiertos en su batalla por la hegemonía global.

Otro, que muchos relacionan con este, es el tecnológico. Trump acusa a China de robar propiedad intelectual para desarrollar tecnologías capaces de competir con las de Estados Unidos, y Huawei se ha convertido en el principal rehén de este conflicto. La tecnológica china está acusada de robar tecnología y de saltarse las sanciones que Washington impone de forma unilateral a Irán, cargos por lo que la vicepresidenta de la empresa, Meng Wanzhou, espera en libertad bajo fianza a que Canadá decida sobre su extradición. Por si fuese poco, Trump está tratando de hacer creer al mundo que Huawei supone también un peligro para la seguridad nacional de los países occidentales, y ya ha logrado que algunos se estén cuestionando los contratos para el despliegue de sus redes 5G.