Las dos bombas de relojería que esconde la obligación de fichar

Las dos bombas de relojería que esconde la obligación de fichar

Manu Alvarez
MANU ALVAREZ

Es uno de los temas de moda. La obligación de fichar y lleva un registro de la jornada laboral de la práctica totalidad de la plantilla de las empresas -sólo queda fuera el consejo de administración y la alta dirección- acaba de imponerse y contiene dos bombas de relojería. Bueno, en realidad, los artefactos explosivos fueron introducidos el pasado viernes día 10 por el Gobierno de Pedro Sánchez, apenas unas horas antes de que entrase en vigor la obligación de fichar, al emitir una guía para interpretar la normativa. Como toda bomba, ambas son desactivables -los despachos de abogados han estado enloquecidos en la última semana buscando fórmulas para hacerlo-, pero nadie puede descartar que en algunas empresas puedan generar estallidos. Tampoco que los tribunales tengan que ir desbrozando las interpretaciones a golpe de sentencias. Es cuestión de tiempo.

La primera bomba es la que ha excluido sólo a los miembros del consejo de administración y a quienes tienen contratos de alta dirección en las empresas de la obligación de fichar. Lo normal es que las empresas pequeñas y medianas sólo tengan un empleado con ese tipo de contrato, el primer ejecutivo, y sólo en las grandes corporaciones pueden encontrarse algunos más. Dicho de otra forma, el Gobierno ha dejado claro que el resto de directivos y empleados fuera de convenio que pueblan los organigramas de las empresas tendrán su jornada registrada. Y las empresas saben que en ese colectivo, la extensión de su jornada más allá de lo habitual es una constante. Que ahora, además, esa situación quede registrada, ha hecho encender algunas voces de alarma. 'Houston, tenemos un problema'. Los expertos en la materia ya preparan una oleada de acuerdos entre empresa y directivos para cubrir ese flanco, aunque puede interpretarse que el exceso de jornada de este tipo de empleados puede estar compensando por una remuneración elevada. Sin embargo, rara vez los contratos recogen ese tipo de pactos, de ahí que se abre un periodo de incertidumbre. ¿Qué dirán los jueces cuando se enfrenten a la cuestión ante alguna demanda? Y no perder de vista. Es probable que los colmillos de la Seguridad Social -que como es conocido anda justita de recursos- se afilen sobre esa bolsa de empleados, porque ahí hay mucho dinero en cotizaciones por recaudar en horas extraordinarias. Tan sólo hay que hacer las cuentas.

La segunda bomba, más compleja e incluso polémica, está en el apartado B, punto 1, de la guía del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. Un ejercicio de en torno a la diferenciación que hay que hacer entre la jornada laboral y la jornada efectiva. Esto es, entre el tiempo que uno permanece en su puesto de trabajo y el que realmente trabaja o está a disposición de la empresa para hacerlo. «Es conveniente igualmente que sea objeto de llevanza todo aquello que forme parte de la misma, en especial lo relativo a pausas diarias obligatorias legal o convencionalmente previstas, o voluntarias, para permitir eludir la presunción de que todo el tiempo que media entre el inicio y finalización de jornada registrada constituye tiempo de trabajo efectivo», dice el Ministerio Y es que hay convenios colectivos que, por ejemplo, recogen la famosa «media hora de bocadillo» para interrumpir el trabajo pero no la jornada efectiva. Pero ¿qué sucede con los diez minutos junto a la máquina de café? ¿Con el café o cafés en el bar de enfrente? ¿Y con los cigarrillos fuera del edificio de la empresa? Por no descender -que alguna empresa acabará descendiendo- al tiempo empleado por los trabajadores que tienen un ordenador en sus manos, para hacer una comprita en Amazón y el pedido semanal en uno de los cada vez más que habituales supermecados por internet. Cuando el registro no era obligatorio y la normativa más laxa -ahora existe una clara amenaza de sanción- también el tratamiento de esas 'pequeñas cosas' también era flexible. Pero, de acuerdo con la guía, a falta de acuerdo entre empresa y trabajadores sobre esas «interrupciones voluntarias, éstas no se considerarán jornada efectiva.

El terreno de juego puede embarrarse.