'Blockchain' con o sin Bitcoin

'Blockchain' con o sin Bitcoin

La tecnología que sustenta las criptomonedas tiene infinitas aplicaciones en sectores tan dispares como el industrial, el alimentario, el sanitario o incluso el cultural

IRATXE BERNAL

A estas alturas todo el mundo ha oído hablar de los bitcoin, la criptomoneda que a finales de 2017 llegó a cotizar por encima de los 19.000 dólares. Hoy apenas supera los 4.000 (que tampoco está nada mal) y sigue siendo más un instrumento de especulación financiera que una forma de pago de implantación global como pretenden sus creadores, pero lo que ya parece fuera de duda es que la tecnología que lo sustenta es un paso adelante en el ámbito de la seguridad con muchas más aplicaciones que la creación de criptomonedas.

Esa tecnología es el 'blockchain', una cadena en la que cada información sobre una operación (de la creación del Bitcoin, en el caso de las criptomonedas) queda perfectamente engarzada entre el resto de datos generados durante ese mismo proceso. La información sobre cada uno de los pasos quedaría digitalizada en un bloque ('blockchain' no significa otra cosa más que cadena de bloques), de modo que una vez incluida en la secuencia es accesible para todos los agentes implicados en el proceso sin poder ser ya manipulada por ninguno de ellos porque para realizar cualquier cambio haría falta poner de acuerdo a demasiadas personas o entidades y porque ninguna información se incluye en el sistema sin haber sido validada, es decir, consensuada por la propia red de agentes participantes en el proceso.

Control de intermediarios

Este funcionamiento hace que el 'blockchain' pueda tener aplicaciones en cualquier sector o industria con intermediarios o proveedores sobre cuya actividad, ética o responsabilidad queramos tener una garantía. Es decir, todos. Allá donde sea necesario certificar que el productor de una materia prima ha seguido determinados protocolos, que el fabricante ha respetado los procesos, el transportista no ha roto la cadena de frío… Imaginemos, por ejemplo, que queremos saber la procedencia de un filete de ternera: en un eslabón el ganadero habrá detallado la fecha y lugar de nacimiento del animal; en otro, las autoridades sanitarias señalarán las vacunaciones realizadas y los resultados de los controles sobre su alimentación; en el siguiente, el matadero marcará cuándo fue sacrificado… Y así hasta que en el supermercado veamos un código QR impreso en la bandeja de la carne con el que, móvil en mano, al momento podamos averiguar hasta el apelativo familiar de la ternera. Entre nosotros, empresas como Angulas Aguinaga, en colaboración con IBM Food Trust de IBM, ya está desarrollando un sistema de trazabilidad basado en esta tecnología que permitirá (a ella y sus distribuidores) todo el recorrido de sus productos hasta su llegada al punto de venta.

La posibilidad de disponer de tanta información en un instante, hace que el 'blockchain' se presente hoy como la solución para, por ejemplo, actuar con rapidez en caso ante crisis sanitarias o para evitar la falsificación de medicamentos o que éstos acaben el mercado negro. ¿Cuánto hubiesen tardado las autoridades sanitarias alemanas en comprobar el que el brote de E.coli que en 2011 causó medio centenar de muertes procedía de un cultivo de brotes germinados de Baja Sajonia y no de los pepinos de Almería? Muy poco si hubiesen podido comprobar la trazabilidad de ambos productos digitalmente.

También valdría para evitar mucha burocracia, ya sea evitando que una mercancía pase días en la aduana hasta que su documentación es comprobada o que para realizar algún trámite tengamos que esperar a que una Administración le pase nuestro expediente a otra. ¿Y si es nuestro propio coche el que se ocupa de enviar a la aseguradora un parte exacto de los desperfectos sufridos en un accidente? El Internet de las cosas hace que no nos quede tan lejos, pero de momento conformémonos con que tanto el atestado policial como la factura del taller quedan registrados y certificados en esa cadena que la aseguradora no podrá poner en duda. La 'blockchain' incluso puede tener aplicaciones culturales, permitiendo rastrear cada descarga de un contenido online garantizando así el cobro de los correspondientes derechos de autor, y hasta solidarias detallando el origen de las donaciones recibidas por una ONG y su destino final.

Otra posibilidad que ofrece esta tecnología es el desarrollo de los llamados contratos inteligentes, en los que la certificación del cumplimiento de una serie de pasos permite la ejecución del acuerdo. El contrato, que no deja de ser un programa informático, se ejecuta por sí mismo, sin la intervención de ninguna persona. Supongamos que hacemos la compra online y ante el repartidor comprobamos si el pedido ha llegado completo. Sólo hay dos opciones: sí o no. De modo que cuando el sistema pregunte si el proceso ha finalizado conforme a lo establecido, un 'sí' automatizará el pago y un 'no' lo impedirá evitándonos el engorro de llamar al servicio de atención al cliente para solicitar un reembolso que podrían demorar o poner en duda.