Música económica

'Billionaire': adoptar como Angelina, encestar con el presidente

Bruno Mars y Travie McCoy, en el vídeo de 'Billionaire'./
Bruno Mars y Travie McCoy, en el vídeo de 'Billionaire'.

En su éxito de 2010, Travie McCoy y Bruno Mars se plantean qué hacer con un montón de dinero, equilibrando codicia y conciencia para no escandalizar en tiempos de crisis

CARLOS BENITO

Imaginar en una canción lo que uno haría con un montón de dinero es ya un clásico en sí mismo. El referente ineludible es 'If I Were A Rich Man', en la que un pobre lechero judío se entregaba a ensoñaciones sobre las posibilidades que le brindaría una gran fortuna, desde construir una mansión con escalinatas de adorno hasta disponer de más tiempo para rezar. 'Billionaire', editada en 2010 por Travie McCoy y Bruno Mars, viene a ser un 'Si yo fuera rico' del siglo XXI y comparte con su referente cierta intención cómica, aunque trata de compensarla con la correspondiente carga de solidaridad.

En realidad, la canción tal como la conocemos resulta de ese intento un poco forzado de equilibrar codicia y conciencia. Al principio, reinaba en solitario la primera: el estribillo, que expresa el deseo acuciante de ser milmillonario (ya se sabe que el 'billion' anglosajón equivale a mil millones nuestros), se le ocurrió a Bruno Mars durante una estancia en Londres, en la que se vio un poco apurado de fondos. Según ha relatado, la compañía discográfica les había asignado a él y a su colega Ari Levine dietas de 350 dólares para sobrevivir once días en la capital británica. «Estaba cansado de pasar la mitad del tiempo preocupándome por lo que podía pagar y lo que no. Si tuviese mil millones, no tendría que pensar en eso, en plan 'no puedo permitirme el desayuno, así que esperaré a mediodía para comer'. Nada de eso importaría. ¡Estaría comiendo cereales con diamantes!», explicó a 'Forbes', la revista de finanzas que aparece citada en la letra.

Pero, cuando le ofreció el tema a Travie McCoy, que iba a lanzarse en solitario tras el éxito al frente de los Gym Class Heroes, a este le pareció un enfoque impropio, casi temerario en pleno azote de la crisis económica global. «Tío, estamos en recesión, me van a crucificar», fue su reacción. En cierto modo, al final se impuso la ambición de la que habla la letra, porque McCoy no quiso renunciar a una canción tan manifiestamente pegadiza y optó por «compensar el materialismo del estribillo» con una medida combinación de humor y buenas intenciones. «Si tuviese una cantidad ridícula de dinero, ¿sería egoísta o generoso?», dice que fue la manera de plantearse su «declaración humanitaria».

Un nuevo tramo fiscal

De ahí resulta la anárquica lista de deseos que constituye la letra de 'Billionaire'. Del sueño de «salir en la portada de 'Forbes', sonriendo al lado de Oprah y la Reina», tal como canta Mars en el arranque del tema, McCoy salta a tener un programa de televisión como el de Oprah y «hacer como Angelina y Brad Pitt y adoptar un montón de niños». A la vez, «regalaría unos cuantos Mercedes, en plan 'señora, tome esto'», concedería a alguien su último deseo y visitaría la zona azotada cinco años antes por el huracán Katrina. «Y seguro que lo haría mejor que la Agencia Federal de Gestión de Emergencias», se chulea. También entra en sus planes jugar al baloncesto con el presidente («y hacerles mates a sus delegados»), lanzar billetes alegremente al aire y obligar a Hacienda a crear un nuevo tramo fiscal solo para él, pero sin descuidar la bondad, claro: «Seguramente tomaré lo que quede y lo repartiré, / de manera que toda la gente a la que quiero tenga un par de pavos / y ni una sola barriga a mi alrededor sabría lo que es tener hambre».

La canción, impregnada de ese optimismo buenrollista de efecto inmediato tan característico de Bruno Mars, se convirtió en un éxito internacional que ha sonado en series como 'Glee' y en el descanso de la Super Bowl. Y, por supuesto, en estos nueve años transcurridos desde 'Billionaire', el músico hawaiano se ha convertido en una presencia habitual de 'Forbes': todavía le falta para llegar a los mil millones (su fortuna actual se estima en unos 150), pero puede desayunar lo que le venga en gana.