Los autónomos quieren incentivos fiscales para su 'hucha' de la jubilación

Una persona trabajando en una pescadería. /LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Una persona trabajando en una pescadería. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Piden que se puedan realizar aportaciones voluntarias al RETA al final de año con beneficios similares a los de los planes privados

JORGE MURCIA

El debate sobre las pensiones de jubilación de los trabajadores vascos está más vivo que nunca. Y no sólo por las exigencias de que esas prestaciones se revaloricen al menos en la misma medida que los precios. También por la idea del Gobierno vasco de extender las entidades de previsión social voluntaria (EPSV) de empleo a todos los trabajadores de la comunidad autónoma vasca. Un sistema complementario de pensiones del que, por el momento, quedan excluidos los autónomos, que en Euskadi son unos 170.000. La ley vasca sobre EPSV contempla la creación de planes específicos para los trabajadores por cuenta propia, aunque por el momento ninguna entidad ha recogido el guante.

La principal batalla que libran las asociaciones de autónomos a nivel estatal es la de mejorar las exiguas pensiones de jubilación que cobran los miembros de este colectivo. Pero ponen el acento en el sistema público, no en los planes complementarios como son las EPSV. Así, piden poder realizar aportaciones voluntarias al final de año al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). Y que, además, se vean favorecidas por los beneficios fiscales (en forma de reducción de la base imponible en el IRPF) que tienen los planes de pensiones y otros seguros privados.

Se trata de que los autónomos con menos ingresos o con rendimientos muy variables puedan hacer aportaciones al sistema sin tener que subir su base de cotización -algo que por otro lado pueden hacer hasta cuatro veces durante el año-, para no verse expuestos a eventuales mermas de ingresos por la pérdida de un cliente o cualquier otro motivo. «Hay que conseguir que los autónomos que puedan cotizar más lo hagan, porque así obtendrán una mayor protección pública. Y además se contribuiría al equilibrio entre ingresos y gastos del sistema», dice Eduardo Abad, secretario general de Upta.

«Se trataría de incentivar la aportación voluntaria a través de una especie de cuenta de capitalización individual dentro del sistema público. Seguiría cotizando por la misma base mínima, pero de cara al sistema sería como si lo hiciera por una más alta. Intentamos así adecuar los tiempos del autónomo a los de la Seguridad Social, porque es un trabajador que no sabe cómo le va a ir mes a mes», reflexiona Celia Ferrero, vicepresidenta ejecutiva de ATA.

Un asunto que está dentro de las aportaciones realizadas por la asociación tanto en el Pacto de Toledo como en la subcomisión parlamentaria que debate la reforma del RETA. En Upta se felicitan también por que la secretaría de Estado de la Seguridad Social «ha respondido positivamente a esta proposición». El objetivo es lograr un acuerdo conjunto para que la iniciativa tome cuerpo el próximo año.

Las dos principales asociaciones del sector se han propuesto «hacer pedagogía» para que los autónomos que puedan coticen más y vean mejorada así su prestación por jubilación. «Existen planes privados, pero lo que menos riesgo tiene y lo más rentable a futuro es el sistema público. Hay un problema de sostenibilidad y suficiencia, pero eso no quiere decir que las pensiones no se vayan a pagar en un futuro. Siempre se ha hecho, incluso en situaciones peores que esta, y se va a seguir haciendo», sostiene Ferrero.

La realidad es que aproximadamente el 70% de los autónomos vascos cotizan por la base mínima (lo que supone, hoy en día, pagar a la Seguridad Social una cuota mensual de 278 euros). Así que la prestación media por jubilación que reciben apenas supera los 720 euros. Es, según ATA, un 24% más de lo que cobraban en 2009. Pero sigue estando a años luz de la pensión de jubilación media de un asalariado vasco, que alcanza los 1.360 euros.

El problema, según Ferrero, es que a la hora de la jubilación muchos autónomos confían «demasiado» en sus activo de empresa o negocio: un local, una licencia de taxi… «Pero eso conlleva un riesgo». Otros trabajadores del colectivo, «sobre todo los que tienen un mayor nivel económico, lo que hacen es aglutinar capital o inmovilizados. Invierten en la compra de inmuebles, locales, y luego lo ponen en disposición de alquiler para tener un complemento para su pensión de jubilación», añade Abad. Además, según un estudio realizado por una gran aseguradora, casi el 40% de los autónomos tienen contratado un seguro adicional de pensión o jubilación.

La jubilación activa

Otra de las reivindicaciones de ATA para mejorar la vida de los autónomos más allá de los 65 años es la ampliación de la jubilación activa a todos los autónomos. Los últimos cambios introducidos en la legislación dicen que para poder compatibilizar el cobro del 100% de la pensión con el ejercicio de una actividad, se requiere la contratación de, al menos, un trabajador por cuenta ajena. «Casi todos los autónomos prolongan su carrera laboral más allá de la edad de jubilación. Y conforman aproximadamente el 68% del colectivo de jubilados activos. Es una solución que no genera gastos para el sistema, pero sí activos», destaca la vicepresidenta ejecutiva de la asociación.

 

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