La aportación vasca al reto de alimentar al mundo

La aportación vasca al reto de alimentar al mundo

Una industria alimentaria innovadora y sostenible, a la que se suma Euskadi, es un recurso estratégico ante un escenario de población disparada y recursos irregulares

GUILLERMO ELEJABEITIA

¿Está la Tierra preparada para alimentar a 10.000 millones de seres humanos? La FAO lo ve complicado. El último informe de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura dibuja un panorama muy poco alentador. «Un cambio de rumbo es vital. Si los sistemas agrícolas y alimentarios siguen en su vía actual, el futuro se caracterizará por una inseguridad alimentaria persistente y un crecimiento económico insostenible», advierte. La alimentación es ya un recurso estrátegico al nivel de la energía, y sólo una apuesta decidida por la innovación y la sostenibilidad puede salvarnos de la catástrofe.

Un vistazo a las mareantes cifras que baraja el informe de Naciones Unidas revela el desafío al que se enfrenta la humanidad de aquí a la próxima generación. Para 2050 la población mundial habrá superado la barrera de los 10.000 millones, y necesitará un 70% más de alimentos que en la actualidad. Lo describe de forma muy gráfica el doctor Rogelio Pozo: «Habrá que producir más alimentos en los próximos 50 años que los que se han producido en los últimos 500».

Además, el incremento general de la renta per cápita y la concentración de la población en áreas urbanas ha cambiado los patrones de consumo, elevando precisamente el de los alimentos que más agotan los recursos del planeta. Si para producir un kilo de grano hacen falta 1.500 litros de agua, para obtener un kilo de carne de vacuno se necesita una cantidad diez veces mayor. Teniendo en cuenta que el consumo de carne en China ha pasado de 12 kilos anuales en 1980 a 63 en 2017, podemos hacernos una idea del desafío al que nos enfrentamos.

En el caso del pescado, los consumos actuales ya están en sus rendimientos máximos sostenibles y el cambio climático no hace sino alterar su hábitat. Llenar las redes será cada vez más difícil. Incluso en el caso de alimentos vegetales, dar respuesta a las necesidades de la creciente población mundial obligaría a emplear 1.250 millones de hectáreas de tierras fértiles, tres veces más de las disponibles actualmente, lo que implicaría la destrucción masiva de valiosos ecosistemas naturales.

Tecnología responsable

¿Cómo se puede hacer frente a este panorama apocalíptico? Desde luego la continuidad no es una opción. Algunas grandes compañías privadas y Estados como China, Corea del Sur, Japón, Arabia Saudí o los Emiratos han iniciado ya una política de compra de tierras fértiles, derechos de pesca y acceso a recursos naturales para garantizarse la alimentación. Pero esta creciente especulación no sólo favorecerá las desigualdades, sino que no ataja la raíz del problema.

La FAO tiene claro que la solución pasa por apostar por la investigación, el desarrollo tecnológico y la adopción de hábitos de consumo responsables. «Para cubrir la creciente demanda de forma más sostenible, debe aumentar la inversión en investigación y desarrollo para promover los cambios tecnológicos necesarios», afirma en su último informe.

¿Qué puede aportar Euskadi, con un territorio escaso y unos recursos naturales muy limitados? Conocimiento. Desde 1981 cuenta con Azti Tecnalia, una entidad participada por el Gobierno vasco, las cofradías de pescadores y 11 empresas vascas del sector agroalimentario, que se ha revelado como una herramienta estratégica para transformar la investigación científica en oportunidades económicas. «Desarrollamos soluciones orientadas a garantizar la competitividad a corto plazo y la sostenibilidad económica, ambiental y social a largo plazo en toda la cadena alimentaria», explica su director general, Rogelio Pozo.

En el ámbito marino, por ejemplo, sus investigaciones se centran en analizar cómo afecta la variabilidad natural, la pesca y el cambio climático a los recursos pesqueros para conseguir una gestión que garantice la supervivencia de las especies y el futuro de una actividad económica que emplea, sólo en el País Vasco, a más de 3.500 personas. Sus informes suelen ser un buen barómetro de cómo irá la campaña costera.

Otro de sus grandes retos es la implantación del concepto 4.0 en la cadena de alimentación. El uso del 'big data' para desarrollar productos personalizados o la identificación de comportamientos y emociones del consumidor para integrarlos en el diseño de nuevos alimentos –lo que los expertos llaman neuromarketing– son herramientas de la industria a nivel global en las que Euskadi puede ser pionero.

Empresas vascas como la panadera Okin, que comercializa pan con betaglucanos para reducir el colesterol, o la cooperativa agraria Udapa, que ha desarrollado nuevos formatos para la venta de sus patatas a partir del análisis de los comportamientos de los consumidores, son dos ejemplos exitosos en los que las investigaciones de Azti han tenido mucho que ver.

 

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