Las aguas vuelven a su cauce en Alzola

Imagen del nuevo líneal de embotellado de Alzola./
Imagen del nuevo líneal de embotellado de Alzola.

El estreno del lineal de embotellado que le permitirá duplicar su producción coincide con la resolución del concurso de acreedores en que la firma entró hace siete años

IRATXE BERNAL

Las aguas vuelven a su cauce en Alzola siete años después. El Juzgado de lo Mercantil de San Sebastián acaba de dar por resuelto el concurso de acreedores que afectaba desde 2012 a la compañía que embotella y comercializa el agua procedente del manantial guipuzcoano del mismo nombre. La decisión coincide con la inminente puesta en marcha a finales de este mes del nuevo lineal de embotellado, que la permitirá duplicar su actual capacidad de producción (alcanzando los 50 millones de litros al año) y elevar durante este mismo ejercicio en un 20% los 2,5 millones de euros facturados en 2018.

En estos años, la familia bilbaína Garrido, que adquirió la empresa sólo cuatro meses después de que entrara en concurso de acreedores, ha abonado los 1,7 millones de euros de deuda que arrastraba la compañía y duplicado tanto la producción (de 5.000 botellas diarias en 2012 se pasó a 1o.000, una cifra que, a su vez, se verá duplicada en breve) como la plantilla, que ahora cuenta con 26 empleados. Lo ha logrado reorientando la marca hacia un mercado global, una estrategia muy diferente a la inicialmente prevista.

«Ellos ya tienen una marca de agua mineral (Mana en Senegal) y buscaban hacer alguna adquisición por aquí, pero querían algo especial. Se enteraron por casualidad de la situación de Alzola, que les cuadraba en esa búsqueda porque es el manantial de explotación más pequeño de Europa y les gustaba la composición del agua, sus propiedades específicas. Pero en la primera visita que hicieron a la planta la vieron en tan malas condiciones que pensaron en comprar para quedarse con el manantial, cerrar la embotelladora y reabrirla después», explica Patxi Casal, actual director de la compañía.

Reinventarse como marca global

Sin embargo, mientras se formalizaba la compra, los nuevos propietarios cambiaron de idea. Pensaron que, dado que en el pasado el mercado local (prácticamente el único de la marca hasta entonces) no había sido suficiente, el futuro de la compañía pasaba por reinventarse como una marca internacional. «Debíamos mantener la identidad vasca, pero abriéndola. De ahí surgió la nueva denominación, Alzola Basque Water, aprovechando un poco el posicionamiento de marca que ya estaban haciendo otras entidades como Basque Culinary Center o el Gobierno vasco con Basque Country. Y la verdad es que nos ha salido muy bien; hoy el 50% del público nos identifica como Alzola y el otro 50%, como Basque Water», explica Casal.

Otra estrategia de posicionamiento que les ha dado buenos resultados ha sido la unión de su imagen a la de numerosos clubs y deportistas, desde los olímpicos vascos a equipos de remo o baloncesto masculino, femenino y adaptado. Unos patrocinios que, especialmente en el caso del fútbol, les han aportado visibilidad en mercados tan alejados y prometedores como el chino. «Allí consumen mucho agua embotellada por la contaminación del subsuelo y prefieren las marcas europeas. Así que si a la denominación Basque Water, que ya les da esa referencia, le unes tu vinculación con el Alavés, el Málaga y, sobre todo, el Athletic en un país en el que ven todos los partidos de la liga española… Ya hemos cerrado acuerdos con dos grandes distribuidores de allí que escogimos después de estudiar un montón de solicitudes. El año pasado sólo pudimos enviarles 300.000 botellas, y por darles algo, así que ahora al aumentar la producción esperamos que sea uno de los países donde más crezcamos», explica Casal.

La rehabilitación de las instalaciones de la embotelladora (que ha exigido conectar los siete antiguos edificios para dar longitud al nuevo lineal que ha costado 1,4 millones) les permitirá cubrir esa demanda y se une a la inversión realizada hace un año para mejorar también la logística, que hasta entonces la compañía subcontrataba. En febrero de 2018, Alzola decidió asumir también esa parte del negocio y alquiló a Sprilur unas instalaciones de 2.000 metros cuadrados en el polígono cercano al manantial de Arriaga, en Elgoibar. Si, como es su intención, en dos años la firma ejecuta su derecho a compra, muy probablemente conecte estas instalaciones con el antiguo balneario por medio de una tubería subterránea de 1,5 kilómetros para trasladar a ellas la línea de embotellado.

Mientras, Alzola continúa en la difícil búsqueda de nuevos mercados, que no sólo geográfica. «Nosotros ofrecemos un producto, el agua, que no se puede alterar. No la puedes tocar. Puedes cambiar el color de la botella y su etiquetado pero nada más. Por eso estamos tratando de diversificar investigando con productos de alimentación que se elaboren con agua y en el mundo de la cosmética, que es de los pocos sectores que crecieron durante la crisis y en cuya industria muchos productos emplean agua que además ha de ser de calidad. En el primer caso ya tenemos una cerveza 'de balneario' (Ama) de la que hace un año y medio produjimos 3.000 botellas que se vendieron en mes y medio, y en el segundo estamos haciendo pruebas para lanzar un spray agua termal. La verdad es que no es algo que hayamos inventado nosotros; todos los antiguos balnearios tienen una línea de cosmética», detalla Casal.