«No podemos pretender que en una sociedad machista, la empresa sea feminista», dice la patronal vasca

Izaskun Landaida, Virginia Múgica e Iñaki Garcinuño. /Pedro Urresti
Izaskun Landaida, Virginia Múgica e Iñaki Garcinuño. / Pedro Urresti

Confebask y Cebek limitan la responsabilidad de las empresas en la brecha salarial y llaman a conjugar la conciliación con la competitividad a través de la negociación colectiva

Ana Barandiaran
ANA BARANDIARANBilbao

Las empresas tienen una responsabilidad limitada en la brecha salarial por género. Hay otros factores que tienen muchas más incidencia como la educación -las mujeres eligen ramas con peores salidas y salarios– y la falta de implicación de los hombres en los cuidados, razón por la que son ellas las que se acogen a las medidas de conciliación. Ese es el diagnóstico que hacen las patronales y que este jueves han expuesto en un desayuno organizado por la vizcaína Cebek. Su presidente, Iñaki Garcinuño, lo ha resumido de la siguiente forma: «No podemos pretender que en una sociedad machista la empresa sea feminista».

El evento consistía en reflexionar sobre las causas de que en Euskadi las mujeres cobren un 24,4% menos que los hombres, una brecha que se reduce al 14,3% si se analiza la ganancia por hora y se depura, por tanto, el mayor porcentaje de mujeres con contrato a tiempo parcial y reducciones de jornada. Para ello se ha invitado a exponer su análisis a la directora de Emakunde, Izaskun Landaida, y a la responsable de Relaciones Laborales de Confebask, Virginia Múgica.

Esta última ha puesto el foco en los dos factores que, según la patronal, causan en gran medida la desigualdad entre hombres y mujeres. En primer lugar, la educación. «En las ramas de Formación Profesional en las que hay más salidas y mejores salarios (fabricación mecánica, electricidad y electrónica...), las mujeres desaparecen», ha explicado. Y, según ha añadido, eso es muy negativo para las empresas, que ya sufren déficit de personal en esas áreas.

En segundo lugar, la falta de corresponsabilidad en las tareas del hogar y el cuidado de niños y mayores. «El 84% de los hombres asegura no haberse visto afectados por la paternidad en su carrera profesional; un 66% de las mujeres dice lo contrario, que sí y mucho», ha relatado. «Para los hombres la paternidad es prestigio y para las mujeres, un lastre», ha coincidido con ella la directora de Emakunde.

En opinión de Múgica, como la raíz del problema es compleja y se extiende a muchos ámbitos, las soluciones también deben llegar de diferentes frentes. Por ejemplo, ha dicho, del sistema educativo, para atraer a las mujeres a las ramas con más salidas, y también desde las instituciones, con ayudas como las que el Gobierno vasco se plantea reforzar y destinadas a subvencionar las reducciones de jornada, las exenciones... Asimismo, debe haber una mayor concienciación de los ciudadanos. «El futuro pasa por que aumenten los permisos que piden los hombres por paternidad», ha afirmado Garcinuño.

Por la parte de la empresa, Múgica ha hecho un llamamiento a superar la idea de que «la conciliación es un derecho absoluto frente a la organización de la empresa» y que se debe integrar en la gestión de recursos humanos y en la negociación colectiva. «Hay que buscar soluciones para encajar las necesidades de los trabajadores en este sentido con las necesidades organizativas de la empresa», ha defendido. En su opinión, no es positivo que se siga abordando este asunto desde la confrontación, contraponiendo conciliación con competitividad.

Todos han coincidido en que la desigualdad y las dificultades de la mujer para desarrollar su profesión son factores negativos, que juegan en contra de las empresas y la economía.