La UE teme que Trump vuelva a la carga a inicios de año con aranceles al automóvil

Jean-Claude Juncker y Donald Trump, durante su encuentro el pasado julio. /Reuters
Jean-Claude Juncker y Donald Trump, durante su encuentro el pasado julio. / Reuters

Europa sigue siendo un blanco fácil para diluir los problemas del presidente de Estados Unidos, cuya economía comienza a dar muchas señales de fatiga

Adolfo Lorente
ADOLFO LORENTE

Sí, hay tregua, pero cuando los altos el fuego se refieren a Donald Trump, sólo queda cruzar los dedos. En realidad, cuando el presidente de Estados Unidos está en medio de cualquier meollo, nada depende de ti. En Bruselas son muy conscientes de ello. Tanto, que muchos temen que a la vuelta de las vacaciones de Navidad, el inquilino de la Casa Blanca volverá a la carga en su particular guerra comercial con Europa colocando de nuevo su punto de mira en el vital sector automovilístico, como aseguran fuentas comunitarias de toda solvencia a EL CORREO.

«Las sensaciones no son buenas, aunque nosotros estamos cumpliendo nuestra parte del trato», aseguran. Todo dependerá de la negociación impulsada con China, pero el runrún sobre una próxima recesión económica en EE UU ha disparado las alarmas. Cuando Trump tiene problemas en casa, suele decantarse por disparar a blancos fáciles. Y Europa lo es.

Hay una fecha clave que marca un antes y un después en esta relación de amor a cuentagotas y odio visceral que el presidente republicano ha mantenido hacia la UE. El 25 de julio, en la Casa Blanca, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, consiguió lo que parecía un imposible: aplacar la ira de Trump arrancando una tregua comercial para diseñar una nueva relación bilateral. Con los 'cadáveres' del acero y el aluminio aún calientes (sufren aranceles del 25% y el 10% desde el 1 de junio), el sector del automóvil tenía todas las papeletas para ser la siguiente víctima de Trump. Tenía y tiene, ojo.

Son palabras mayores. La UE es el mayor exportador de coches del mundo. En 2017, vendió vehículos a otros países por valor de 132.000 millones de euros. EE UU es el principal destino de las exportaciones, con una cuota de mercado del 29% que suponen 38.000 millones. En segundo lugar, ya a cierta distancia, aparece China con el 17% de las ventas (22.400 millones) y en tercera posición están Japón y Suiza, con el 6% cada uno (7.920 millones). He aquí el porqué de las preocupaciones comunitarias, especialmente de Alemania.

Pendientes de China

El ambiente actual está dominado por una extraña calma después de la tregua de 90 días suscrita entre Estados Unidos y China tras el G20 celebrado a finales de noviembre en Buenos Aires. Todos se temían lo peor, pero los dos gigantes mundiales acordaron darse una oportunidad. ¿Cómo? Siguiendo el modelo Trump. ¿En qué consiste? Sencillo: saca su particular espada de Damocles y amenaza con soltarla en un determinado periodo de tiempo si no le dan la razón.

En la actual contienda con China, el ultimátum comenzó a correr el 1 de diciembre y expira el 1 de marzo. «Si para entonces no hay una solución satisfactoria a las preocupaciones de Estados Unidos», Washington aumentará del 10% al 25% los aranceles a productos chinos. Una medida con un impacto de 267.000 millones de dólares que se sumarían a los 200.000 ya vigentes.

Con Europa pasó algo similar. Donald Trump tomó como rehén al sector del acero y el aluminio con órdagos mensuales que comenzaron en marzo y que se iban prorrogando hasta que el 1 de junio, la Casa Blanca se hartó. Aprobó los nuevos gravámenes pero la UE, lejos de quedarse agazapada, respondió de inmediato con represalias por valor de 2.800 millones a productos emblemáticos como las Harley, los vaqueros o el bourbon. La estrategia comunitaria es simple: no queremos guerra, pero si nos atacan, nos defenderemos. Ojo por ojo y arancel por arancel.

«No negociaremos con una pistola en la sien», zanjó el presidente francés, Emmanuel Macron. Sí, pero no. En realidad, sí lo hicieron, porque el acuerdo que Juncker logró alcanzar en la Casa Blanca sí tenía varias contrapartidas, como aumentar de forma considerable las importaciones de gas o soja. Además, los aranceles del 25% y el 10% al acero y el aluminio siguen vigentes. Van camino de los seis meses y todo apunta a que la cosa irá para largo, tal como confiesan estas fuentes.