«Muchas pymes son liquidadas por ir tarde al concurso de acreedores»

Unai Olabarrieta,durante su intervención. /PEDRO URRESTI
Unai Olabarrieta,durante su intervención. / PEDRO URRESTI

Jornada técnica para aprender a superar situaciones financieras delicadas

IRATXE BERNAL

Uno o dos meses sin poder pagar a los trabajadores y los proveedores o sin hacer frente a los pagos de los créditos… Las cosas van mal y lo peor que se puede hacer es no reconocerlo; dejar que la inexperiencia y las malas decisiones hagan que la insolvencia lleve irremediablemente nuestro negocio a la liquidación. Bilbao Ekintza celebró ayer una jornada dedicada a mostrar a los gestores de pequeñas y medianas empresas que, reaccionando a tiempo y acudiendo a profesionales cualificados, se pueden superar las situaciones financieras delicadas. Esos profesionales son los administradores concursales, economistas o abogados que saben lo que hay que hacer cuando una empresa tiene problemas y qué recursos legales hay a su disposición. Y, atención, se puede acudir a ellos antes de ser insolvente. «Aproximadamente el 50% de las empresas que se declaran en concurso de acreedores tienen fondos propios negativos. Ya han consumido su capital y están agotadas. Ahí no podemos hacer nada más que certificar su defunción», lamenta Unai Olabarrieta, vicepresidente de la Asociación Profesional de Administradores Concursales, ASPAC.

¿Qué indicadores son los que ya no se pueden obviar y ante los que es aconsejable acudir a un administrador concursal?

Hasta la recepcionista de una empresa sabe cuándo ésta va mal. Si no hace más que recibir llamadas de gente a la que se le debe dinero... Las señales de alarma son infinitas, como cuando se acumula stock o saldos deudores que no se consiguen cobrar. Los empresarios son siempre conscientes de la realidad. Lo que queremos poner de relieve es que, por muy bien que vaya, la trayectoria de una empresa no va a ser siempre lineal y ascendente. Todas tienen momentos de crisis, momentos mejores y peores. Lo que hay que hacer es saber solventarlos; tener líderes con los suficientes conocimientos como para poder afrontar esas situaciones, para evitar que esos momentos malos hagan que todo lo invertido desaparezca. Y no sólo hablamos de dinero, también de ilusión.

¿Y las pymes no tienen esos líderes?

Un 50% de las personas que emprende no tienen formación específica en materia de dirección de empresas. Aun sin entrar en qué se considera formación para el emprendimiento, que para algunos es un curso de diez horas, estamos hablando de que la mitad de las personas que emprende está dirigiendo su negocio de una manera intuitiva, sin conocimientos, y eso no puede ser. El empresario tiene que ser consciente de que su trabajo no es producir y vender tornillos; su trabajo es dirigir una empresa que se dedica a producir y vender tornillos. Si lo único que haces es vender estás poniendo tu empresa en riesgo, porque lo primero que debes hacer es asegurarte de que los clientes con los que trabajas son solventes. La venta acaba cuando cobras y esa información está en el registro mercantil, pero... Al final, el empresario sabe que sus cuentas van empeorando, que no está cobrando las ventas, que no está pagando a los trabajadores… Es consciente de la realidad, pero no encuentra la solución. Aproximadamente el 50% de las empresas que se declara en concurso de acreedores tiene fondos propios negativos. Antes de acudir al concurso de acreedores ya han consumido su capital. Es decir, su patrimonio neto ha desparecido y están financiándose con dinero de sus acreedores.

¿Y ahí es cuando ya no se puede hacer nada?

Muchas veces las pymes están abocadas porque han ido muy tarde al concurso de acreedores. El empresario no encuentra la solución y no se da cuenta de que la solución a veces te la tienen que dar otros, los expertos. La vergüenza a reconocer que las cosas no van bien hace que ese proyecto se convierta en inviable. Aunque los titulares se los lleven las grandes compañías, el 85% de las insolvencias las protagonizan pequeñas y medianas empresas, pymes con menos de 50 trabajadores que aportan a nuestra economía tanto como las grandes empresas. ¿Qué pasa con el emprendedor que tiene dos trabajadores y va camino de declararse insolvente? De ese es del que nos tenemos que preocupar.

Durante 2014 y 2015 se aprobaron una serie de medidas urgentes en materia concursal. ¿Han aliviado algo el trance a las pymes?

Han sido una serie de reformas motivadas por la coyuntura económica, con hasta seis modificaciones de la ley de 2013 en un año. No creo que sea positivo; la legislación en materia de insolvencia requiere de estabilidad, por eso la anterior legislación duró tanto (era de 1922). Si cambias el procedimiento, las reglas de juego, estás afectando las relaciones comerciales y eso puede frustrar acuerdos. Pero, en cualquier caso, no se ha conseguido que el concurso de acreedores sea visto como una solución a sus problemas y que, además del concurso, la ley prevé otras medidas como la mediación, las reestructuraciones, los convenios anticipados, los acuerdos de refinanciación, la segunda oportunidad en el caso de los autónomos (a las personas físicas y los empresarios individuales, sin sociedad mercantil, que cumplan con determinados requisitos se les puede perdonar una parte de la deuda)... Las pymes no conocen esas medidas a las que puede acudir, porque son mecanismos que aún tienen poco recorrido y porque nos falta cultura en materia de insolvencia y fracaso.

¿Saben, por ejemplo, los pequeños empresarios que pueden acudir por decisión propia a un administrador concursal, que no hay necesidad de esperar a que sea impuesto por terceros ni a coquetear con la insolvencia?

Los administradores concursales somos profesionales que estamos en el mercado, con nuestros despachos u organizaciones empresariales. Cualquiera puede acudir a nosotros cuando quiera, pero lamentablemente vienen cuando la situación es desesperada, cuando ya no tenemos material con el que trabajar porque la empresa llega agotada. Sin embargo, lo aconsejable sería acudir ya durante la proyección de la empresa. Porque cuando montas un negocio y necesitas financiación, el banco te pide avales. A veces, tus avalistas son tus familiares y tú no has medido antes cuánto compromete ese préstamo, qué responsabilidades profesionales y personales estás adquiriendo. Evitar los fallos que han llevado a otros al fracaso es más sencillo que replicar casos de éxito como Amazon o Apple, pero tendemos más a fijarnos en éstos.

Y además hay que cuidar a quién se acude.

Tenemos pendiente la regulación del estatuto profesional del administrador concursal. En principio puede serlo un abogado o un economista con 5 años de ejercicio, pero debería acotarse mucho más. Ahora mismo hay más de 4.000 profesionales cuando el número de concursos registrado el año pasado fue de 4.168. ¿Una persona que gestiona un concurso en un año es un profesional en materia de insolvencia? No. La ley tiene que ser mucho más exigente.

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