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Pensar antes de actuar

Un coche reposta en una gasolinera. /Fotolia
Un coche reposta en una gasolinera. / Fotolia
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El apasionante debate sobre el tratamiento fiscal a aplicar al diésel es un magnífico ejemplo de cómo no se debe de plantear un debate. En primer lugar, por recurrir de entrada y de manera aparatosa al trazo grueso: «el diésel contamina mucho y debe de ser castigado fiscalmente para disuadir su utilización». La frase no es textual, pero no se desvía un ápice de la intención del presidente Sánchez, pero sí de la de la ministra de industria. Una afirmación que necesita tantos matices que se convierte en falsa. Hasta la propia ministra para la transición energética ha tenido que salir para aportar algo de claridad y rigor. El diésel emite mucho menos CO2 que las gasolinas, por lo que es menos perjudicial para el calentamiento global. A cambio, expele más Nox, lo que perjudica al aire de nuestras ciudades más congestionadas. Es decir, como todo en esta vida tiene su lado bueno y su lado malo, pero de ahí a demonizarlo...

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