Pine salva con cruceros y eólica marina la caída de clientes como La Naval

Empleados de Pine, con una foto del parque Wikinger al fondo, trabajan sobre planos de cruceros./Fernando Gómez
Empleados de Pine, con una foto del parque Wikinger al fondo, trabajan sobre planos de cruceros. / Fernando Gómez

La empresa de Zamudio dedicada a sistemas eléctricos ha dado un vuelco a su cartera al abrirse un hueco en dos nuevos mercados

ANA BARANDIARAN

La compañía de instalaciones eléctricas Pine, ubicada en Zamudio, es una de las empresas de la industria auxiliar afectadas por la caída de La Naval. Su quiebra le ha dejado un 'cañón' de 1,6 millones de euros, aunque eso no es lo más grave. El astillero de Sestao ha sido históricamente uno de sus principales clientes y ha llegado a tener en sus instalaciones hasta 120 trabajadores sobre un total de 500. Además, hasta el año pasado compartían 'dueños': Ingeteam, accionista de La Naval era la propietaria de Pine, pero en 2017 se la vendió al grupo Zima. Por todos estos lazos, la preocupación en la sede de la firma es elevada aunque ahora se felicita del cambio de rumbo que tomó en 2013, con la entrada en dos mercados absolutamente novedosos y que van viento en popa: el de los cruceros y el de los molinos de viento marinos.

¿Cómo llegaron ahí? «La crisis nos empujó. En 2013 muchos de nuestros astilleros clientes estaban en dificultades o habían cerrado. El conflicto del 'tax lease' había supuesto un gran golpe. Tuvimos que buscarnos la vida fuera», relata el director técnico de Pine, Carmelo Gutiérrrez. De esa época data, por ejemplo, la quiebra de Factoría Naval Marín, que les dejó un agujero de un millón de euros.

La ruta de los cruceros se les abrió gracias a un evento organizado por el Foro Marítimo Vasco. «Nos explicaron que el grupo coreano STX (propietario en aquel entonces del astillero francés Chantiers de l'Atlantique, ubicado en Saint-Nazaire) estaba buscando proveedores por toda Europa porque esperaba una carga de trabajo brutal. Le habían entrado ocho cruceros», rememora. Antes de contratarles, les hicieron auditorías para controlar la calidad de su desempeño. Para ello una delegación se trasladó a las instalaciones de Sestao, donde Pine estaba trabajando en los buques para el armador chipriota EDT. Les aceptaron y empezaron a colaborar con ellos.

El inmenso astillero de Saint-Nazaire es uno de los pocos que controlan el mercado de los cruceros, un negocio con un crecimiento espectacular que está dominado casi al 100% por los europeos. El líder es el italiano Fincantieri, que este año se ha hecho con el 50% del francés, tras la quiebra del coreano STX, aunque la operación está pendiente de aprobación. Chantiers de l'Atlantique ha fabricado los mayores cruceros del mundo, como el 'Symphony of the Seas'. «Los franceses lo hacen muy bien. Cada cosa entra y sale a su tiempo. No hemos visto nunca un retraso. Si ven que una subcontrata va tarde, le ponen ayuda. En España hacemos la planificación para pasar la ISO pero luego todo el mundo se la salta. Allí no. Todo se cumple a rajatabla», explica el director técnico de Pine.

Cada vez más competencia

La empresa de Zamudio trabaja con otras empresas proveedoras -de tres a cinco- en la instalación eléctrica de los cruceros. Ha intentado meter la cabeza en otros astilleros del mismo segmento, pero no ha habido suerte. «Fincantieri trabaja con presupuestos muy bajos y tira de eslovenos y croatas; los alemanes de Meyer son muy cerrados», dice Gutiérrez. No obstante, con Chantiers tienen trabajo para largo: está entregando de dos a tres cruceros al año y los contratos llegan a 2023. «Pero la competencia de proveedores crece», reconoce.

Los cruceros suponen ahora el 25% de su facturación, dedicada en un 80% a la industria naval. Hay otra fuente de ingresos todavía más caudalosa, lograda también en los últimos años: los molinos de viento marinos. En 2013, a la vez que desembarcaba en los cruceros, Pine ofertó para entrar en el proyecto del Wikinger de Iberdrola, un parque eólico 'offshore' ubicado en el Mar Báltico. En concreto, hizo una propuesta para participar en la subestación -recoge la energía de los aerogeneradores y la prepara para transportarla a tierra- contratada a Navantia y que se construyó en Puerto Real (Cádiz). «Nos aceptaron y a partir de ahí hemos tenido más trabajo en ese ámbito. Incluso nos encargaron la logística marina», señala Gutiérrez.

De esta forma, el 85% de su negocio naval es en la actualidad un mercado totalmente nuevo para Pine. Con todo, sigue trabajando con clientes tradicionales como Navantia y, de hecho, va a ofertar para las polémicas corbetas que se construirán en San Fernando, después de que el Gobierno español mantuviese el contrato de venta de 400 bombas a Arabia Saudí. La empresa de Zamudio, que ahora emplea a cerca de 500 trabajadores, ha aprendido la lección de que para sobrevivir hay que reinventarse y salir.

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