Pasaia languidece a la sombra del Puerto de Bilbao tras arrastrar 14 años de crisis

Un barco entra en el Puerto de Pasaia./Efe
Un barco entra en el Puerto de Pasaia. / Efe

La importante caída del tráfico en los muelles guipuzcoanos reaviva el debate sobre la necesidad de mantener ambas instalaciones

MANU ALVAREZ

Hay polémicas en el País Vasco, con infraestructuras de por medio, que reaparecen de forma cíclica. La del aeropuerto de Loiu versus el de Foronda. La del Palacio Euskalduna frente al Kursaal. Aunque estaba larvada desde hace tiempo, acaba de aterrizar una nueva. La que tiene que ver con el futuro del puerto guipuzcoano de Pasaia, que atraviesa una profunda crisis, ante la posibilidad de que el de Bilbao, once veces más grande e infinitamente más rentable, acabe absorbiendo su actividad condenándole además a la desaparición.

Ha bastado una apreciación en ese sentido en un reciente estudio de PWC –realizado mediante encuesta a empresarios vascos– para que Giport, la asociación que agrupa los intereses de un buen número de empresas que operan en los muelles de Pasaia, desate toda la artillería. La receta es la de siempre para estos casos. Una apelación crítica a las instituciones públicas –Gobierno vasco y Diputación de Gipuzkoa, principalmente– a las que se acusa de asistir impasibles a la muerte anunciada de ese puerto y a que su tráfico sea absorbido por Bilbao. Todo ello teñido de pugna territorial. Nada nuevo.

Acero y chatarra

¿Qué hay de verdad detrás de todo ello? Algo, sin duda. "El Puerto de Pasaia está muerto y en poco tiempo comenzará a ser una rémora económica, si no lo es ya", asegura un experto en el trafico portuario que prefiere guardar el anonimato porque "dar la cara en este tema sólo te puede costar un disgusto". Las cifras respaldan esa tesis. El pasado año el Puerto de Pasaia movió tan sólo 2,9 millones de toneladas de mercancías, con un descenso del 13,9% en comparación con el año anterior. Esto es, mueve la mitad de mercancías que en 2003 –año en el que comenzó su decadencia– y aunque no se han hecho públicos los datos económicos, es más que probable que finalizase el ejercicio con pérdidas significativas. Bilbao, por el contrario cerró con unos 34 millones de toneladas, lo que supone una mejora por encima del 6%.

¿Ha sido la competencia del Puerto de Bilbao la que ha robado ese tráfico a Pasaia? Los cierto es que no, aunque también hay que reconocer que la Autoridad Portuaria vizcaína acecha y persigue uno de los tráficos más apetitosos que aún conserva Pasaia: la exportación de vehículos de Mercedes, Volkswagen y Opel que van hacia el norte de Europa. Pero el progresivo descenso de su tráfico, hasta quedarse en esas "testimoniales" 2,9 millones de toneladas anuales, tiene más que ver con el desmantelamiento de una parte de la industria siderúrgica guipuzcoana.

El cierre de Corrugados en 2011 y el de la planta de Zumarraga de Arcelor en 2016, son la clave. El movimiento de productos de acero y chatarra siempre ha sido el tráfico estrella en los muelles guipuzcoanos y aún supone más del 40% del tráfico total en sus instalaciones. Ningún otro puerto ha absorbido ese tráfico, simplemente ha desaparecido fruto de la crisis que ha sufrido en Europa el sector siderúrgico y en especial el de los productos de menor valor añadido: las barras destinadas a la construcción.

El cierre a mediados de 2012 de la central térmica de carbón de Iberdrola, ubicada en terrenos del propio puerto, fue un primer golpe. Todo el carbón que consumía la central era de importación y llegaba en barcos. Nada menos que 700.000 toneladas anuales de tráfico desaparecieron de golpe. Los intentos por ganar cuota de mercado en el movimiento de contenedores –el caviar del tráfico marítimo porque en ellos se aloja la mercancía de mayor valor y eso está ligado a las tarifas–, han resultado infructuosos. Pasaia tiene limitaciones físicas que le dejan fuera de algunos tráficos y son la auténtica amenaza para su futuro. Ubicado en una bahía, de acceso complicado y con calados limitados que impiden el acceso de los buques más grandes, el actual puerto de Pasaia es como un corredor que tiene que competir con una única pierna. Todos los intentos para propiciar la construcción de un nuevo puerto fuera de esa bahía y romper con ello las limitaciones físicas han chocado con innumerables problemas. El principal, la elevada inversión que requiere –las estimaciones rondan los 800 millones de euros, porque el calado a rellenar ahí es de nada menos que 40 metros– en una institución que no genera recursos para tanto. Lejos de haber recibido dinero de los Presupuestos del Estado, los aproximadamente 900 millones de euros que ha invertido el Puerto de Bilbao en su ampliación proceden de su propia cuenta de resultados.

'Robar' el coche

Los 250.000 vehículos que exporta cada año Pasaia tampoco son un negocio seguro. Uno de sus principales clientes actuales es el Reino Unido y el Brexit puede trastocar por completo ese flujo comercial. Es una de las incógnitas para los próximos años. Los operadores, además, demandan cada vez la utilización de buques más grandes para reducir costes. En Pasaia, literalmente, no entran.

Pero es verdad que el Puerto de Bilbao acecha. Su presidente, Asier Atutxa, reconoció en la presentación del último plan estratégico que entre las aspiraciones está la de atraer el tráfico de vehículos. Un tipo de mercancía en el que ya ha hecho algunos pinitos pero que hasta ahora había sido relegada. En especial porque requiere un gran espacio a pie de muelle y esto era algo que no abundaba en el Puerto vizcaíno hasta bien avanzada la ampliación y también porque se daba prioridad al movimiento de otras mercancías, como la chatarra o el papel. Pero Bilbao tiene en pleno proceso de construcción el denominado "espigón central", una especie de fin de fiesta de la ampliación en el Abra exterior que comenzó en 1991 y que va a dotar a estas instalaciones de una gran superficie para sus operaciones. En total será una superficie nueva equivalente a 60 campos de fútbol. En 2019 entrará en servicio la primera fase y el sector del transporte marítimo vizcaíno sabe que "es el lugar perfecto para el tráfico de vehículos".

La industria guipuzcoana que utiliza el Puerto de Pasaia ha alertado sobre el problema de competitividad que se les vendría encima si desaparecen sus muelles. Utilizar Bilbao como punto de salida o abastecimiento de sus mercancías, apuntan, supondría un incremento de costes. Pero, aseguran fuentes del sector del transporte marítimo, "es algo que puede solucionarse porque, de producirse ese trasvase de mercancías, seguro que Bilbao se apresta a renegociar sus tarifas. Todo es negociable en el mundo de los negocios".

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