«Hay que integrar desde el principio a los sindicatos en los nuevos modelos económicos»

Mariana Mazzucato, junto a Álvaro de la Rica y Unai Rementeria. /Fernando Gómez
Mariana Mazzucato, junto a Álvaro de la Rica y Unai Rementeria. / Fernando Gómez

Mariana Mazzucato, una de las mayores expertas mundiales, imparte una charla en Bilbao sobre las sinergias público-privadas en innovación. Dirige una red en la que participa la Diputación foral

ERLANTZ GUDEBilbao

El binomio público-privado como clave para impulsar la innovación. La docente de Economía de la Innovación y Valor Público del University College de Londres, Mariana Mazzucato, ha brindado una conferencia en el Guggenheim de la mano de la Diputación y la Universidad de Deusto. El ente foral integra la red dirigida por la profesora, donde coinciden los gobiernos de Reino Unido, Emiratos Árabes, Singapur, Brasil, Escocia o España.

Mazzucato reivindica un rol más activo de la Administración en el fomento del I+D. Suele recordar que lo que permitió crear teléfonos inteligentes fue un conjunto de tecnologías –internet, GPS, pantalla táctil o la voz del asistente– en cuyo desarrollo el rol del Ministerio de Defensa o la CIA fue providencial. La innovación, por tanto, ha de plantearse como un proceso, ha remarcado.

La experta observa sin embargo un gran hándicap en la falta de habilidad de la Administración para 'vender' los logros. Evoca en este sentido las críticas que sufrió el Gobierno de Estados Unidos por los 500 millones que inyectó sin éxito en Solyndra, mientras que al mismo tiempo destinaba un préstamo similar a Tesla. «Y es fácil comprender que las carteras de inversión conllevan éxitos y fracasos», razona.

En lugar de basar la utilidad del 'Obamacare' en los millones de ciudadanos sin seguro, Mazzucato cree que el expresidente americano tendría que haber esgrimido ante el Tea Party, la extrema derecha, la gran inversión pública que se estaba destinando a la producción de fármacos. Porque «más que un agente fiscal o gestor de subvenciones, la Administración ha de ser un jugador activo, 'cocrear' mercados a través de sinergias y generar valor».

Beneficio social

No se trata, según la experta, de que el Estado asuma los riesgos de la empresa, sino de que los comparta. «El Gobierno solo se ve como gastador, y tiene que aparecer como productor en el capitalismo moderno, con desafíos como el cambio climático, la movilidad», sostiene. La falta de 'feeling' comunicativo acaeció también en el 'Brexit', donde «los municipios más desfavorecidos -y más beneficiados con ayuda europea- votaron a favor. Es el caso de Gales y su red de infraestructuras».

¿Y cómo puede garantizarse la recuperación de los fondos por parte de la Administración? «El retorno no es solo monetario. La empresa puede participar en el capital social o dar un préstamo garantizado. Si la operación prospera, el Gobierno puede asegurar que los beneficios se reinviertan», asevera. Otras fórmulas para plasmar la contribución pública son rebajar los importes de energía o salud.

Mazzucato no oculta cierto desconocimiento del territorio y la comunidad vasca, aunque durante su conversación en varias ocasiones se deshace en elogios hacia la Corporación Mondragon y pone el Guggenheim como ejemplo de entente público-privada. Preguntada por el rol del sindicalismo en los nuevos modelos económicos, y a tenor de la estrategia de confrontación de las centrales abertzales en Euskadi, aduce que «para garantizar una justa transición en los grandes retos globales hay que contar con las centrales».

Recuerda en este sentido que son responsables de conquistas históricas como el descanso en fin de semana o la jornada de ocho horas. «¿Fieros los sindicatos... O las empresas? Hay que integrarles desde el principio para que no adopten una postura defensiva», concluye.