Siemens e Iberdrola pactan el relevo en la presidencia de la antigua Gamesa

Miguel Ángel López /E.C.
Miguel Ángel López / E.C.

Ricardo Chocarro, hasta ahora máximo responsable de la eólica terrestre, abandona la compañía

Manu Alvarez
MANU ALVAREZ

Revolución en el equipo directivo de Siemens Gamesa. El consejo de administración de la compañía eólica ha dado hoy su aprobación a varios cambios en la cúpula directiva de las compañía que han sido pactados por los dos socios de referencia: la multinacional germana Siemens e Iberdrola. La eléctrica vasca había pedido la 'cabeza' de la presidenta Rosa García y la ha conseguido varios meses después, hasta pactar el nombramiento de Miguel Ángel López como nuevo presidente no ejecutivo de la eólica. López, un hombre que ha hecho buena parte de su carrera profesional en Siemens, era hasta ahora director financiero de la antigua Gamesa. Rosa García también deja la presidencia de Siemens España, puesto que ocupará López.

El relevo más inesperado de los que hoy se han sometido a la consideración del consejo de administración es el de Ricardo Chocarro, hasta ahora número dos en la línea ejecutiva de la compañía, máximo responsable de la división de generación terrestre y hombre de enlace entre la empresa y la Administración vasca. También se ha confirmado el nombramiento de David Mesonero –exresponsable de desarrollo de negocio de la antigua Gamesa– como nuevo director financiero. Mesonero es un profesional de la total confianza de Iberdrola.

En la práctica, los cambios van a representar una mayor presencia en los epicentros de poder de la empresa de los directivos que proceden de Siemens. A excepción de Mesonero, que ha sido el responsable de coordinar el proceso de integración tras la fusión de la división eólica de Siemens y Gamesa, Ricardo Chocarro estaba considerado como una especie de 'último vestigio' de la firma eólica vasca en su nueva configuración. Su puesto como nuevo responsable de la división 'onshore' lo ocupará Mark Albenze, hasta ahora a cargo de la división de servicios. Albenze es un exoficial de la Armada norteamericana, que dejó el Ejército para incorporarse a la plantilla de Siemens hace ahora 26 años. La compañía ha aclarado, sin embargo, que esta es una designación «provisional y tan sólo durante unos meses», hasta que se decida quién asumirá de una forma definitiva el control de la división de la eólica terrestre. La empresa también ha decidido crear la dirección general de operaciones, puesto que queda vacante por el momento y que se cubrirá en las próximas semanas.

Discrepancias

Fuentes consultada por EL CORREO indican que Chocarro mantenía desde hace meses importantes discrepancias con el rumbo de la empresa, al tiempo que consideraba «inalcanzables» los objetivos de rentabilidad que se le habían marcado para el próximo ejercicio. La salida de Chocarro se produce en un momento complicado para la compañía. Después de anunciar un ajuste de plantilla de 6.000 empleados en todo el mundo en noviembre del pasado año, las cifras no han mejorado mucho. Los títulos de la firma han perdido el 18,3% de su valor desde principios de año, en una crisis que no es exclusiva de la compañía vasca sino que afecta a los principales fabricantes de generadores eólicos del mundo.

El pacto puede normalizar las relaciones entre los principales socios Consejo de administración

La clave de lo sucedido es un profundo cambio en el mercado internacional, que presiona fuertemente a la baja sobre el precio de los equipos, ya que la mayor parte de los países –entre ellos, España– ha optado por establecer un mecanismo de subasta para la adjudicación de los parques eólicos. Esto es, adjudicarlos a los promotores que ofertan una menor demanda de subvenciones por megavatio generado, lo que se traduce también en una dura pelea por conseguir rebajar el coste de los aerogeneradores.

Por otra parte, el acuerdo para el nombramiento de un nuevo presidente y la salida de Rosa García son también un signo de normalización de las relaciones entre los dos socios principales, Siemens e Iberdrola. La salida de Rosa García, pese a que no tenía poderes ejecutivos, ha sido desde hace meses una exigencia de Iberdrola.

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