El diseño y la electricidad impulsan la bicicleta vasca

Superada hace tiempo la época de la feroz competencia asiática, la industria del sector apuesta por los modelos de gama alta personalizados y la movilidad eléctrica

El diseño y la electricidad impulsan la bicicleta vasca
Jorge Murcia
JORGE MURCIA

Una bicicleta cae si no se pedalea. Esa misma lógica aplastante se ha tenido que aplicar la industria vasca del sector para no desaparecer del mapa. Algunas marcas y fábricas se quedaron en el camino, pero otras tuvieron la cintura o el músculo suficiente para adaptarse a las circunstancias de cada época. La apertura de las fronteras al mercado exterior -sobre todo al asiático- fue un huracán que, bien entrada ya la segunda mitad del pasado siglo, sacudió los cimientos de una industria sobre la que se asentaban firmas clásicas como Orbea, BH o GAC. La apuesta por el segmento de la alta gama, el diseño personalizado y la innovación -el valor añadido, en suma- han permitido a ciertas empresas avanzar en la producción de un artículo que con el paso del tiempo ha ido adquiriendo una mayor complejidad. Y que también se ha tenido que adaptar a los nuevos hábitos de movilidad: la bicicleta eléctrica es la última gran apuesta del sector.

Ya el pasado año se vendieron en España casi tantas bicicletas eléctricas como de carretera (72.025 y 74.788, respectivamente). Eso sí, la reina del sector sigue siendo la 'bike', la bicicleta de montaña, con casi la tercera parte de las 1,16 millones de unidades vendidas en todos los segmentos. Eso supone que en España se compran más de 3.000 bicicletas al día, según cifras del estudio 'El sector de la bicicleta en cifras 2017'. El informe constata un aumento de la facturación del sector -hablamos no sólo de las bicicletas, sino de componentes, textil, etc.- del 4,3% respecto al año anterior, para un total de ventas de 1.623 millones de euros. Y eso que básicamente el número de unidades vendidas fue parecido al del año anterior. En ello ha tenido que ver el incremento en el precio medio del producto. Y de manera especial el las bicicletas eléctricas, que creció un 21,1%.

En España hay 375 empresas que operan en el sector de la bicicleta, aunque poco más de 200 son nacionales. Se trata de compañías dedicadas a la fabricación, distribución, importación o comercialización de todo tipo de material y artículos de ciclismo, y que emplean a 21.734 personas. El 8% (una treintena) de las compañías son vascas o están implantadas en Euskadi. Hablamos de firmas como Spiuk, un importante agente en el mundo de los accesorios (cascos, calzado, maillots, etc.), Gurpilan (empresa guipuzcoana de componentes, especializada en fabricación de ruedas completas) o Comet (distribuidor comercial de componentes y accesorios y bicicletas de gama alta). Ese 8% de compañías con label vasco puede parecer una cuota ciertamente reducida, teniendo en cuenta el enorme peso que la comunidad autónoma vasca ha tenido en el sector. Pero con una influencia notable si reparamos en que, en tierras vascas, sobreviven dos de los históricos fabricantes nacionales del sector: Orbea y BH.

La primera de ellas emplea a casi 300 trabajadores. En apenas tres años ha incrementado su plantilla en 120 operarios, gracias sobre todo a su exitoso nuevo modelo de negocio: la personalización de bicicletas. «A través de nuestra plataforma MyO el cliente puede, dependiendo del uso que vaya a darle a la bicicleta, montar la suya propia, a su gusto. Es decir, puede elegir en primer lugar si quiere una 'bike' (montaña), una de carretera o una eléctrica. Luego tiene la ocasión de escoger entre una serie de componentes (sillín, manillar, bielas, pedales, etc.), y también los colores. Puede ser de nuestra gama, o uno que se le ocurra a él», resalta Jokin Díez, responsable de comunicación de la empresa. La implantación de una unidad productiva dedicada exclusivamente a la pintura es la que ha permitido ampliar la plantilla del fabricante, cuyas instalaciones están situadas en Mallabia (Bizkaia). «Y para rematar el proceso de personalización, el usuario puede ponerle un nombre», añade Díez. El producto final se recoge, normalmente, en una tienda distribuidora de la marca. El vendedor, además de quedarse con un porcentaje, se encarga de todo el proceso de posventa (garantía).

Se trata de huir definitivamente de un modelo productivo que amenazó con perpetuarse en las décadas de los años 80 y 90 del pasado siglo, el de la fábrica como mera ensambladora de componentes llegados de China o Taiwan, principalmente. Llegó un momento en el que las grandes firmas ni siquiera fabricaban los cuadros. «Hoy en día el reinado de la fibra de carbono en las bicicletas y la complejidad en su elaboración ha hecho que haya que redirigir los esfuerzos a la investigación y desarrollo de producto», asegura Unai de la Fuente, director general de BH Bikes.

La histórica Beistegui y Hermanos emplea a unos 250 trabajadores en su planta de Vitoria -a donde se trasladó en 1959 desde Eibar-, aunque la gestión del producto final se realiza en sus instalaciones de Portugal. La filosofía de BH reside en renegar del producto «de bajo coste y sin barreras de entrada. Nos centramos en nichos de mercado en los que el conocimiento prima: bicicletas de carretera o montaña de alta gama, o las eléctricas de diseño», aunque también fabrican bicicletas de gimnasio.

La revolución

La bicicleta impulsada por electricidad ha supuesto una pequeña revolución para el sector -que tiene visos de agigantarse- por su capacidad para ampliar el mercado. «Mucha gente que no se atrevía con la bici por el esfuerzo físico que supone, se está animando a probar con las eléctricas», añade Jokin Díez. Extremo que corrobora Pedro Maestre, responsable de la cadena de tiendas -en Bilbao, Vitoria y Santander- que toma su apellido. «Aquí contamos con unas bicis eléctricas de prueba. Y lo cierto es que entre el 70-80% de los que la prueban las acaban comprando», dice Maestre, que ha visto cómo la facturación de este producto ha igualado a la de las bicicletas de carretera convencionales. En el escaparate de su tienda de Bilbao expone un modelo que alcanza los 11.000 euros, aunque la gama arranca a partir de los 2.500. De todas formas el producto estrella sigue siendo la bicicleta de montaña.

En todo caso, independientemente del modelo, la supervivencia de establecimientos como el que regenta Maestre dependen en buena medida de «la calidad del producto y el servicio posventa». Este comerciante, con muchos trienios de experiencia en el sector, admite que en los últimos años ha perdido clientes de los que «picotean» en internet en busca, fundamentalmente, de accesorios «a muy bajo precio». Por eso intenta ofrecer un producto «que sea algo distinto de lo que se encuentra en la red a precio 'tirado'». Se trata, como en el resto de la cadena de valor de esta industria, de ofrecer un valor añadido y seguir innovando. De pedalear para no caer.