CUMBRE EUROPEA DE LA MIGRACIÓN

El debate migratorio en la UE se ha intensificado por los problemas de cohesión

CUMBRE EUROPEA DE LA MIGRACIÓN
Manfred Nolte
MANFRED NOLTE

Las conclusiones de la cumbre de los 28 la semana pasada, han orillado de momento aspectos cruciales de la unión fiscal o bancaria y han sido los movimientos migratorios los que han centrado el debate de la reunión política. No sin suspense, ya que hasta el último momento, el principal socio díscolo de la Unión, Italia, había amenazado con no estampar su firma al acuerdo si no se respetaban, y plasmaban en el texto de conclusiones, sus particulares puntos de vista.

Nada anticipa que los líderes de la unión hayan consensuado definitivamente una hoja de ruta sobre la migración, y la verdad es que los bloques se hallan mas distanciados que nunca. Se consagra, eso si, la barrera ideológica y jurídica entre los migrantes asumibles en razón de su acoso vital y político –los llamados refugiados– y el resto de migrantes económicos que ahora reciben el apelativo de 'inmigrante irregular'. Respecto de estos últimos el Consejo europeo se ratifica en su 'control' mediante la defensa de las fronteras exteriores de la Unión, determinadas acciones presupuestarias encaminadas al desmantelamiento de redes mafiosas y el reforzamiento de las costas libias.

A los emigrantes irregulares que lleguen a la Unión se les dirigirá a un destino de reubicación para su posterior repatriación a sus países de origen. Todo ello sometido al más absoluto principio de voluntariedad. En consecuencia, el sistema de cuotas –sistemáticamente incumplido en el pasado– ha dejado de existir. La UE reabre otra posibilidad ya considerada en el pasado, consistente en crear algunas bases exteriores a la Unión para contener a los migrantes al otro lado del Mediterráneo. Dos agencias de Naciones Unidas –la de refugiados, Acnur, y la de migraciones, OIM– han propuesto entablar conversaciones con el bloque comunitario para profundizar en dicha propuesta. No hace falta, sin embargo, echar mano de la bola de cristal para adivinar que no será fácil obtener el visto bueno de un país mediterráneo no europeo que acepte ser enclave de dichas bases.

Para aquellos que no son especialmente adictos al seguimiento de las estadísticas, es conveniente puntualizar que los sonoros temas puntuales registrados en las últimas semanas tanto en las costas españolas como en otras latitudes europeas distan mucho de otros más graves del pasado. Si atendemos meramente al criterio de migrantes llegados por las rutas mediterráneas, el millón largo de 2015 se ha reducido a 44.000 en junio del presente año. Los tonos de la alarma –justificados o no– tienen que remitirse a la objetividad de las cifras presentadas. Como subraya el comunicado de la UE, «el número de movimientos ilegales detectados se ha reducido en un 95% desde su máximo en Octubre de 2015.» La supuesta crisis migratoria divide a los países europeos en el momento de menor presión de flujos desde el referido epicentro de 2015.

En consecuencia, el debate migratorio en la Unión no es tan trascendental en lo que se refiere a la virulencia de los movimientos transfronterizos como a las consecuencias que para la cohesión europea plantea, debido al auge muy notable de movimientos, xenófobos algunos, otros de naturaleza cautelar, que se han registrado en los últimos tiempos en los gobiernos del viejo continente.

Nadie tiene la llave para la solución del tema migratorio, aunque sus causas coincidan –con el añadido del exilio político derivado de las guerras– con las de la existencia de la lacra de la pobreza en el mundo. Aproximadamente dos mil millones de personas del planeta –según cifras del Banco Mundial- malviven con menos de tres dólares diarios, esto es, 90 dólares al mes. Gran parte de los autores dedicados al tema no creen que la ayuda oficial al desarrollo de la OCDE –147.000 millones de dólares anuales– juegue un papel relevante en la solución del problema, punto que enlaza con la nueva asignación de 500 millones de euros al Fondo Fiduciario Europeo para África, acordada en la declaración. Los programas de alivio de la deuda del FMI, y los programas del Banco Mundial o del Club de París, ayudan pero no resuelven.

Aun no se ha redactado el prólogo del gran libro que debe escribirse acerca del muro alzado entre el derroche de los países desarrollados y la desolación de los países atrapados en la trampa de la pobreza.

 

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