las bondades de la bondad

Un pensionista expresa su protesta en la concentración de ayer en Bilbao. /Pedro Urresti
Un pensionista expresa su protesta en la concentración de ayer en Bilbao. / Pedro Urresti
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El Gobierno está convencido de que las bondades de la bondad son bondadosas y por eso está empeñado en compartirlas con los demás. Como usted conoce, ha decidido incrementar los impuestos que gravan, entre otros, a la banca. No se sabe si porque desarrolla una actividad insalubre y/o nociva o si quiere responsabilizar a la parte sana del sector de los agujeros que abrió la parte insana gestionada por los políticos, por ellos entre otros. Pero no se conforma con ello. También les ha pedido, la ministra de Trabajo en concreto, que la banca no traslade el aumento de los impuestos al coste de los servicios que ofrece a sus clientes.

Quiere que sean solidarios con las pensiones y que contribuyan, alegres pero no combativos, a tapar el agujero insondable que se abre a los pies de la Seguridad Social. Podría haber empezado dando ejemplo y eliminando los cuatro ministerios nuevos que han creado; o reduciendo el número de sus correligionarios que van a ocupar los sillones más cómodos de la Administración del Estado; o, llevado al extremo, aumentando su cotización personal y reduciendo su futura pensión. Pero no. De eso no se la ocurrido nada.

¿Le parece exagerada mi petición? No crea que lo es tanto. Yo mismo, sin ir más lejos, soy uno de los muchos españoles que seguimos cotizando después de haber alcanzado la edad de jubilación y solo cobramos la mitad de la pensión que nos corresponde. Además, como no lo hacemos de manera voluntaria, sino porque ella misma nos obliga, ni siquiera mejoraremos la localidad que se nos tiene reservada en el Reino de los Cielos. ¡Lástima!

Tras oír su petición me ha surgido una idea brillante. ¿Por qué no la generaliza y pide a los distribuidores de gasoil que no trasladen al precio el recargo con que les amenazan? ¿Por qué no pide al resto de las empresas que se aguanten y no repercutan en sus precios las subidas de costes que supondrá el establecimiento previsto de un nivel mínimo en el Impuesto sobre Sociedades?

Como nada de eso sucederá, la conclusión evidente es que la bondad de los españoles, y la suya en concreto, paciente lector, está muy por debajo de la atesorada por este Gobierno. A ver si toma usted nota, ¡hombre!

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