Un boicot dañino

Un boicot dañino
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Los organismos encargados de impedir, o al menos controlar, las amenazas nucleares aseguran que Irán cumple sus compromisos internacionales suscritos. La administración Trump piensa que no es así y, como hace tiempo que no acepta ninguna autoridad superior a la suya propia, ha decidido de manera autónoma recuperar las sanciones anteriores impuestas al país. El problema es grave porque eso de la «manera autónoma» se refiere a la primera potencia mundial y, por lo tanto, el perímetro en el que se ejerce la autonomía norteamericana es enorme. Mucho mayor que sus propias fronteras y afecta a intereses mucho más diversos que los suyos particulares.

Frente a la amenaza yankee, la Unión Europea ha desplegado una batería de medidas adecuadas e, incluso, algunas de ellas valientes. Pero aquí, lo malo es el miedo al miedo y cada cual analiza los costes y los beneficios que conlleva desafiar al curioso hombre que vive debajo de su flequillo rubio, dentro de unas chaquetas a la medida de su ego, bastante mayores que sus hombros. La Comisión insiste en que las empresas europeas no están obligadas a cumplir las sanciones impuestas por un tercero y sin contar con el beneplácito de ningún organismo internacional; asegura que les va a ayudar a pleitear con los americanos por las posibles consecuencias negativas que les provoque y que prestará todos los medios necesarios para hacerlo.

Pero las empresas afectadas tienen situaciones diversas y problemas propios. En el momento actual hay muchos sectores con mercados mundiales difíciles, por escasos, y habían encontrado en Irán un mercado interesante, con gran demanda y con suficiente capacidad de pago. Aquellos que no tengan relaciones con los EEUU podrán seguir funcionando, pero los muchos que venden o invierten en ambos lo tendrán que pensar con cuidado.

Además, lo normal es que un contrato con un país tan lejano conlleve muchos productos y servicios accesorios a la propia venta que exigen la participación de otras compañías. Si son americanas se negarán a participar y si no lo son, pero tienen intereses en los EEUU harán lo mismo. Hay empresas que no encuentran los necesarios medios de transportes ni en Europa, otras que tienen dificultades para encontrar financiación o contrapartidas de avales etc., y muchas que dependen de terceros para labores de montaje o finalización de sus productos y que se encuentran con el hecho desagradable de que empresas europeas o japonesas, en principio no afectadas por el boicot, se niegan a colaborar por miedo a dañar sus intereses en los EEUU.

Por eso el boicot americano producirá efectos dañinos en un área mucho más extensa que su país y de manera más intensa. Malas noticias que nos llegan en un mal momento. Si Trump insiste en su política comercial - no solo con Irán también con China, con México y Canada, con Japón y la UE -, conseguirá dañar severamente a la economía mundial y, en consecuencia, también a la suya. Cualquiera diría que no ve más allá de su flequillo amarillo...

 

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