Apriete su cartera ¡Con las dos manos!

Inmersos de lleno en el Mundial de Rusia es inevitable hacer un paralelismo entre el 'jogo bonito' de la canarinha y la 'política bonita' del presidente Pedro Sánchez

Apriete su cartera ¡Con las dos manos!
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Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Inmersos de lleno en el Mundial de Rusia es inevitable hacer un paralelismo entre el 'jogo bonito' de la canarinha y la 'política bonita' del presidente Pedro Sánchez. Se trata de jugar con brillantez, de caracolear frente a los problemas y de regatear a las adversidades, todo ello sin dar patadas al rival que, en este caso, somos los ciudadanos. Vean. En tan solo quince días, nos ha prometido la elevación de las pensiones; la eliminación de los aspectos más dañinos, dice él, de la última reforma laboral, para conseguir mejores empleos y mayores salarios; la universalización de la sanidad para que puedan usarla todos los humanos que transiten por nuestro territorio, tengan o no regularizada su situación administrativa; la eliminación del copago farmacéutico para pensionistas y el retiro de los peajes de las autopistas.

Lo da todo y, colmo de la felicidad, no nos pide nada a cambio. Desde luego, hay pajes de los Reyes Magos que se merecen el puesto mucho menos que él. Ha hablado de retomar el impuesto a las tecnológicas que ideó su antecesor y de establecer uno nuevo a la banca, pero los ciudadanos hemos librado hasta ahora. Únicamente dijo el lunes que iba a destopar las cotizaciones máximas a la Seguridad Social, una barbaridad que espero recapacite un poco antes de imponerla.

Todo me parece estupendo. Lo que no me gusta nada es el mensaje general de que todo esto es posible si queremos que lo sea. Porque sí, porque no hay límites a nuestra voluntad ni coste alguno para nuestros deseos. Para vender tan maravillosa mercancía, se pervierte el lenguaje. Por ejemplo con los peajes. Se dice que las autopistas serán públicas y gratuitas. Públicas sí y gratuitas podrá ser su uso, pero su coste no será cero. Me imagino que habrá que mantenerlas, arreglarlas, mejorar su señalización, dulcificar curvas y cosas así que cuestan mucho, además de los impuestos que pagan ahora las concesionarias y se dejarán de cobrar.

En realidad de lo que se trata es de que el coste no lo asuman los usuarios, sino los contribuyentes, tengan coche o no y usen esa autopista o no. A mí me parece mucho más sensata la postura de las diputaciones en la A-8, que la han hecho pública pero mantienen los peajes, con tarifas planas para no mortificar a los usuarios frecuentes. Pero tampoco me escandaliza la propuesta. Quién paga por los servicios públicos es una cuestión previa que el Gobierno tiene derecho a determinar. Pero debe hacerlo sin engaños ni subterfugios, sin vendernos mercancía averiada.

En realidad, esto de generalizar los costos ya lo hacemos con, por ejemplo, la sanidad, donde los sanos pagan a los enfermos y no pasa nada. Pero, claro, aquí todos tenemos el miedo de estar enfermos algún día y también queremos que nos cuiden gratis.

Para terminar me atrevo a darle un consejo. Antes de seguir con este entretenimiento de la 'política bonita', debería repasar el informe del Banco Central Europeo y analizar los datos de la deuda española. Tenemos el mayor, insisto, el mayor déficit de la UE y una deuda pavorosa de tamaño similar al PIB. ¿De dónde piensa sacar este gran hombre el dinero necesario para pagar todo lo que nos va a dar 'gratis'? Eso, respuesta correcta, apriete su cartera con las dos manos...

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