El FMI allana el camino para que la búlgara Georgieva lo dirija desde octubre

La candidata de la UE a dirigir el Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva./
La candidata de la UE a dirigir el Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva.

La institución elimina el tope de edad para el cargo tras el pacto entre UE y EE UU, anulando prácticamente la opción de otros candidatos

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

Salvo sorpresa mayúscula, la veterana economista búlgara Kristalina Georgieva pasará a dirigir el rumbo del Fondo Monetario Internacional (FMI) a partir del próximo 4 de octubre, la fecha tope que se han puesto en la institución para concluir el proceso de sucesión de la francesa Christine Lagarde, quien desde el 1 de noviembre pasará a dirigir el Banco Central Europeo (BCE) en lugar de Mario Draghi. Un movimiento de sillas calculado desde las altas esferas comunitarias, que mantiene el equilibrio de poder en las principales instancias económicas.

Porque para que Georgieva esté a un paso de ser elegida nueva directora gerente del Fondo, en concreto la duodécima persona que ocupa ese cargo en la historia de este organismo global –creado en 1944 para poner orden en la recuperación económica tras la Segunda Guerra Mundial– y la segunda mujer en hacerlo, ha debido contar con la anuencia de Estados Unidos. Y, en concreto, de su controvertido presidente Donald Trump, quien incluso llegó a insinuar meses atrás la posibilidad de apoyar más adelante a un aspirante que no fuera europeo.

Fue más un guiño a las economías emergentes en medio de la guerra arancelaria que ha emprendido desde hace año y medio a diestro y siniestro. El nombramiento en abril de David Malpasse como nuevo presidente del Banco Mundial, justo con el apoyo de los países de la Unión Europea (UE), sellaba un acuerdo tácito tan viejo como las propias instituciones. Y eso que esta vez Trump estiró la cuerda eligiendo como candidato a un crítico con el multilateralismo en general, y varias organizaciones globales en particular.

Y si algunos tenían dudas de la fortaleza de ese acuerdo, pese a estar Trump por medio, el FMI anunciaba este viernes que tras una votación entre sus miembros (del 21 de agosto al 4 de septiembre), con mayoría clara del bloque EE UU-UE, se había acordado «suprimir» el límite de 65 años de edad para dirigir dicho organismo y, aunque no precisa si se ha hecho lo mismo con el impedimento para seguir ejerciendo el cargo una vez cumplidos los 70 (Georgieva tiene ahora 66 años), fuentes diplomáticas lo dan casi por seguro «si se determina que fuese necesario». El Banco Mundial, por ejemplo, carece de ese tipo de topes.

Dado que hablamos de unos condicionantes que los estatutos del Fondo establecían desde 1951, su retirada ha sido interpretada como una especie de validación de la candidatura europea, puesto que algunos de los aspirantes comunitarios que perdieron frente a la candidata búlgara –en especial el holandés Jeroen Dijsselbloem, exjefe del Eurogrupo y respaldado por Alemania–esgrimieron como baza en su contra su edad elevada. Incluso en las oficinas de Bruselas aún se albergaban algunas dudas a principios de agosto, que luego se fueron despejando con las negociaciones emprendidas durante las semanas siguientes.

Alternativas casi descartadas

Oficialmente, el plazo para presentar candidaturas a la dirección del FMI_finalizaba también este viernes, pero las opciones de que pudieran registrarse otros nombres eran muy reducidas. Se llegó a hablar del mexicano Agustín Carstens, ahora alto cargo del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y que ya fue derrotado en esa carrera en 2011. También del ministro principal de Singapur, Tharman Shanmugaratnam, e incluso del exgobernador del Banco de la Reserva de India, Raghuram Rajan, pero en las últimas fechas los tres parecían casi descartados.

Cualquier posible oposición a la candidatura europea –respaldada a su vez por Estados Unidos y sus aliados– requería del apoyo decidido de China, pero inmersa en un conflicto arancelario de dimensiones crecientes y resultado incierto –Pekín y Washington retomarán los contactos a principios de octubre– no ha habido signos de que vaya a emprender una campaña en ese sentido. Además, como representante de los países del Este europeo, Georgieva no es mal vista por buena parte de las economías emergentes.

Curiosamente la falta de consenso en la UE sobre su designación ha mejorado su imagen global, al estimar que sus miras serán más abiertas. De hecho, aparte de su defensa de la igualdad de género en los puestos de jerarquía, también ha promovido diferentes acciones humanitarias y ha destacado en la lucha mundial contra el cambio climático. Además, según el propio Banco Mundial, ha liderado sus esfuerzos para «poner fin a la pobreza extrema para 2030 e impulsar la prosperidad compartida en todo el mundo». 

Una reformista que aspiraba a la ONU

Directa y sin ambages, hasta ser en ocasiones demasiado severa para sus interlocutores, Kristalina Georgieva (Sofia, 1953) es una firma defensora de la igualdad de género y una reformista pragmática –«el impacto de las reformas depende del tamaño de las economías», subraya–, sin olvidar sus orígenes. De hecho, estuvo dando clases de economía en el instituto universitario Karl Marx de la capital búlgara hasta los 55 años, la edad de jubilación en ese país.

Quince años antes empezó a trabajar en el Banco Mundial, su otra 'casa' hasta el momento, como asesora en temas de medio ambiente. Tras sucesivos ascensos en 2008 alcanzó el puesto de 'número dos', aunque en 2010 fue requerida por su país para ocupar la cartera europea de Desarrollo. Allí completó su lista de cargos y, de la mano de Jean-Claude Juncker, llegó a asumir la poderosa vicepresidencia de Presupuestos. También tuvo roces, y llegó a intentar que la promocionasen a secretaria general de la ONU.

En 2016 retornó al Banco Mundial, donde el yoga y la meditación son parte de su día. El grupo Queen, sobre todo la canción 'We will rock you', sube la adrenalina de esta «optimista» declarada.