Circuito femenino

Se busca sucesora para Serena

La australiana Ashleigh Barty, durante un partido en Wimbledon./Toby Melville (Reuters)
La australiana Ashleigh Barty, durante un partido en Wimbledon. / Toby Melville (Reuters)

El circuito femenino sigue ciñéndose a la irregularidad sin una jugadora definida a coger el mando que la edad ha arrebatado a la estadounidense

ENRIC GARDINERMadrid

«Se busca sucesora para Serena Williams» bien podría ser el mensaje colgado en miles de carteles en el All England Club. Se busca una jugadora capaz de dar un golpe encima de la mesa y tomar el mando de la clasificación de una vez por todas.

La irregularidad que ha reinado en el circuito femenino en los últimos años se ha acentuado y es complicado discernir quién puede ser la jugadora estrella para los próximos tiempos.

Naomi Osaka parecía la elegida. La joven nipona se hizo de forma consecutiva con el Abierto de los Estados Unidos y con el Abierto de Australia, además de reclamar el número uno a finales de enero de este año. Mediática y con todos los golpes a su favor, Osaka parecía el rejuvenecimiento de la identidad WTA.

Sin embargo la jugadora, después de conquistar su segundo 'major' ha sido incapaz de volver a una final y en el pasado torneo de Birmingham entregó el número uno tras 21 semanas.

Aparcada la bala de Osaka, surge la historia de Ashleigh Barty. Una chica australiana que, tras tocar la gloria en el dobles, decidió darse un parón de casi dos años en 2016 para probar suerte en el críquet. Por suerte para el tenis, decidió volver y lo ha hecho con un Grand Slam bajo el brazo, el pasado Roland Garros, y el número uno, siendo la segunda australiana en la historia en conseguirlo, tras Evonne Goolagong en los 70.

Barty, que destaca por un juego atípico en estos días, basado en la muñeca y el toque, se encaminaba en Wimbledon a un doblete tierra-hierba que no consigue nadie desde Serena en 2015, pero tras varios partidos arrasando, mordió el polvo ante Alison Riske en octavos.

Su liderazgo se extiende durante dos semanas, pero nadie podrá quitárselo en Wimbledon, ya la única jugadora en liza que quedaba con posibilidades, Karolina Pliskova, también se marchó en octavos.

Queda de este modo un panorama extraño. Desde que Serena vio terminada su racha de 186 semanas consecutivas al frente de la WTA en septiembre de 2016, siete jugadoras han subido al primer puesto. En total, doce cambios de reina, sin que ninguna de ellas se haya consolidado. Las 64 semanas en el número uno de Simona Halep destacan por encima de las 34 de Angelique Kerber y las 21 de Osaka, pero quedan lejos de las 309 que posee Serena, por ejemplo.

Otro caso de estudio sería el de Garbiñe Muguruza, que desde esas cuatro semanas que pasó en el trono se ha desmoronado por completo y ha caído hasta el puesto 27, su peor clasificación desde julio de 2014.

Pese a que su capacidad para dominar en tierra y hierba con los títulos de Roland Garros (2016) y Wimbledon (2017) la erigían como la sucesora natural de Serena, su falta de regularidad le ha condenado al ostracismo.

Y es que los Grand Slam tampoco ponen de manifiesto un dominio claro. Kerber fue, en 2016, la última jugadora en ganar dos 'major' en una misma temporada y en 2017 y 2018 los ocho Grandes fueron a parar a ocho jugadoras diferentes.

El número puede seguir creciendo ya que en Wimbledon, de las ocho jugadoras que restan en cuartos de final, solo dos, Halep y Serena, saben lo que es ganar un título de estas características. Incluso emergen jugadoras como Elina Svitolina que aún no han acariciado un gran título, pero pelean por ello cada semana. La búsqueda de la nueva Serena está más abierta que nunca.