Matar a un ruiseñor

Irribarria y Zabaleta se abrazan tras cosechar su primer punto ante Altuna IIII y Martija en el Astelena de Eibar./Mikel Askasibar
Irribarria y Zabaleta se abrazan tras cosechar su primer punto ante Altuna IIII y Martija en el Astelena de Eibar. / Mikel Askasibar
Tino Rey
TINO REY

Es un título de una novela estadounidense, polémica y de enorme calado, que fue llevada al cine en 1962. La película fue interpretada por Gregory Peck, que llevó a cabo una interpretación para el recuerdo. Así lo reconoció la gran mayoría de la crítica. En uno de las disertaciones del guion, un presbítero en una de sus homilías arenga a sus feligreses: «recordad que matar a un ruiseñor es un pecado mortal».

El preámbulo me vino a la mente después de ver lo acontecido en el desenlace de la segunda semifinal del Campeonato de Parejas vivido el pasado domingo en la catedral de la pelota a mano profesional, el Astelena de Eibar, que lució sus mejores galas. Irribarria y Zabaleta derrotaron (22-16) a Jokin Altuna y Martija, con un material vivo y exagerado.

En este caso mataron a un ruiseñor (Altuna II), que es para mí una de las pocas aves pelotísticas que alegra con su juego las canchas manistas. Con este tipo de cestaño, viajero a más no poder, se cercena el espectáculo y se matan las esencias de esos delanteros que tienen vena de artista y desparraman sobre la cancha esas esencias aromáticas que tanto se echan en falta en esos frontones del nuevo milenio.

Martija estuvo casi toda la tarde de recadista, plantado detrás de la pasa, achicando muchas veces de sotamano y volea, a envíos que hubieran impactado en el rebote sin lugar a dudas. El campeón guipuzcoano, por su parte, tuvo que salirse fuera de su territorio, cuadro cinco, para intentar mitigar aquel vendaval que se le venía encima. En mi opinión, ante tales adversidades, demasiados tantos sumó en su casillero. Tuvo mucho mérito lo suyo.

Los vencedores, dos pelotaris catalogados como cañoneros, cargaron esencialmente el juego a la zaga, y en esa parcela, en que el bueno de Martija se defendió como gato panza arriba, muy poco o nada pudo hacer. Iker Irribarria pegó unos pelotazos desgarradores de izquierda y se adornó con unos ganchos y una dejada al ancho preciosa. Mientras, Zabaleta se hizo el amo y señor de los cuadros largos sin excesivos agobios.

La primera semifinal disputada el sábado en el Labrit de Pamplona como diría un castizo, 'no tuvo color'. Elezkano II y Rezusta se deshicieron (22-12) de Víctor y Albisu. Se esperaba más, mucho más, pero el zaguero de Bergara sacó a relucir su fusil e hizo saltar por las aires las defensas de sus rivales. Los derrotados tomaron desde el inicio la iniciativa y transmitieron la sensación de que iba a ver pelea. Sin embargo, nada de eso sucedió.

El vizcaíno, listo como el hambre, firmó tantos de bella factura. En defensa ofreció un tratado. Llegó a pelotas muy complicadas. Y en ataque, puntillero y eficaz. Su guardaespaldas fue una catapulta que terminó minando la resistencia de Albisu, que vino de más a menos. El riojano firmó unos inicios prometedores, pero terminó haciendo mutis por el foro.

El próximo fin de semana, segunda entrega de las semifinales. En Pamplona el sábado están citados los perdedores de la primera cita. Y el domingo duelos de invictos en el frontón Bizkaia de Miribilla. Será una jornada crucial para las cuatro parejas, que servirá para disipar dudas.