Elordi se queda sin el premio gordo

Elordi abraza al vencedor Darío tras la derrota./Navarra Producción
Elordi abraza al vencedor Darío tras la derrota. / Navarra Producción

Reaccionó demasiado tarde frente a un cómodo Darío en el Labrit, y la txapela del Manomanista de promoción se marchó a Ezcaray

JUAN PABLO MARTÍN

No pudo ser. La pegada se impuso a la pillería ayer en el frontón Labrit de Pamplona. Darío sumó su primera txapela del Manomanista de promoción y jugará el de primera la temporada que viene. A Elordi se le escapó el premio gordo. El vizcaíno reacciono demasiado tarde en un duelo en el que no estuvo nada cómodo en la primera mitad, y no consiguió generar dudas en un rival más sólido que dominó la situación. Con el 16-1 en el luminoso despertó el de Mallabia, pero fue demasiado tarde. Aunque logró recortar la diferencia y colocarse a seis tantos porque asumió riesgos, no tuvo la constancia necesaria para prolongar su racha. La obligación que supuso el marcador en contra resultó demasiado pesada.

Darío es el séptimo riojano que sube la primer escalón del podio en el mano a mano de plata. Jugó bien su cartas y ganó la partida. Aunque su derecha no estaba como quería y tenía más taco del habitual, los errores del vizcaíno le allanaron demasiado el camino. Elordi cometió diez fallos, demasiados para poder alzar los brazos al final de la contienda.

Necesitaba agarrarse al encuentro desde el inicio, pero su primera pelota cortada se le fue a la chapa, y en los dos siguientes tantos el sotamano y la volea tampoco le funcionaron. Con Darío empeñado en tenerle atrás a base de pegada, el que vistió de azul sufrió demasiado y las pocas ocasiones que tuvo no consiguió aprovecharlas. No abrió huecos con el gancho, la chapa volvió a sonar en otra ocasión y el saque del riojano le puso en más de un apuro.

Mejoría

Todo estaba en su contra y el colorado comenzó a soltarse con el dos paredes vista la ventaja que llevaba. Tuvo hasta la suerte de su lado en alguna acción y se plantó con un 11-1 en apenas 100 pelotazos. Elordi siguió sin levantar cabeza a pesar de los descansos solicitados porque no encontraba la fórmula para cambiar la situación.

Fue con una rémora de quince tantos cuando un buen gancho le permitió sumar por fin uno y encadenar otros cuatro que le dieron algo de mordiente. Empezó a reconocerse en la cancha y a mover a su rival. Su juego de aire ganó enteros y encontró los huecos que antes no veía. Llegó a ponerse 17-11 y a albergar alguna esperanza de cosechar la remontada. Pero una dejada en el ancho que se le marchó fuera se convirtió en el principio del fin. Cortó su racha y Darío respiró. Alejó los fantasmas que empezaban a invadir su cabeza y volvió al guión original. Fue suficiente para parar al vizcaíno, que tuvo que rendirse a la evidencia. La fiesta se celebró en Ezcaray.