LAS APUESTAS EN CAÍDA LIBRE

LAS APUESTAS EN CAÍDA LIBRE
TINO REY

Hace unas décadas las apuestas en el frontón eran uno de los ingredientes principales de un festival de pelota. Ya se sabe que el pueblo vasco es muy dado a apostar, sin ton ni son, por cualquier motivo, bien sea deportivo o de otro índole Se jugaban ingentes cantidades de dinero, millonadas de pesetas. Hubo quienes se arruinaron por este pernicioso vicio. Hoy las apuestas se hallan en caída libre. Para muestra un botón. El pasado día 10 de febrero en el Ogueta de Mendizorroza hubo un corredor de apuestas que solamente corrió tres papeletas. «No he sacado ni para la gasolina», se lamentó este buen hombre al abandonar el recinto vitoriano. Las cosas, como se decía antaño, 'cambian una barbaridad'.

Las apuestas son tan viejas como la propia pelota. En el siglo XVII hay datos fidedignos de que, preferentemente en las plazas fortificadas de los pueblos y ciudades Euskadi y Navarra, se jugaba a el juego de largo o guante 'laxoa' y los nobles, plebeyos y pillos, apostaban sus dineros. Por aquel entonces no había corredores y se cruzaban las posturas de 'boquilla', a viva voz. ¡Cuatro ducados al resto¡, clamaba una voz de entre el público. ¡Va!, le contestaban. Aquel compromiso era de obligado cumplimiento.

Sin embargo, la picaresca siempre existió y existirá en el mundo de las apuestas. Cuando mayor fue su apogeo, a mediados de la década de los cincuenta, hubo bastantes pícaros que se tomaron las de Villadiego y se fueron sin pagar del frontón. Estos listillos ya estaban controlados y fichados. Como le decía El Guerra a su subalterno,en una corrida de toros: «hay gente patoooo... amigo«.