Bengoetxea VI da un recital en el Cuatro y Medio de San Fermín y vence (22-17) a Altuna

Bengoetxea VI da un recital en el Cuatro y Medio de San Fermín y vence (22-17) a Altuna
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Las gradas del recinto de la plaza del Labrit a rebosar para ver a dos pelotaris que firmaron un partido espectacular

TINO REY

Dos decádas de historia tiene el Torneo del Cuatro y Medio de San Fermín. Pero como dice el viejo tango de Carlos Gardel, «que veinte años no es nada». Es una competición que el día más grande de Pamplona, en sesión matinal, viene teniendo su maximo esplendor desde el año 1999. Una cita muy pomposa en el que los pelotazales navarros rinden culto en la 'bombonera' a una de las modalidades con más raigambre pelotística.

En su primera puesta en escena logró la 'txapela' Jorge Nagore al imponerse con autoridad (22-11) a Abel Barriola. El de Irurtzun, un delantero con un gran músculo y un saque demoledor, se paseo sin ostáculo alguno por el frontón Labrit. Sin embargo el que ha dejado una huella imborrable durante estos veinte años ha sido Aimar Olaizola, el que es sin lugar a dudas el Rey de la Jaula.

Seis titulos exhibe en su palmares el becadero. En 2005 y 2007 se deshizo (22-11 y 22-8) de Barriola, provocando el embrujo y el delirio. En 2009 dobló en el macardor (22-11) a Martínez de Irujo en un partido que no tuvo color. En 2015 volvió a imponerse nuevamente (22-16) al de Ibero. El pasado año derrotó (22-18) a Jokin Altuna. Ambos dibujaron una de esas actuaciones soñadas, preñadas de armonia y plasticidad.

Este sábado nueva versión. Jokin Altuna, que se ha erigido en el número uno de los frontones manistas, contra Bengoetxea VI. Dos pelotaris que en su libreto tienen un denominador comun: el arte de finalizar los tantos. Imprimen a la pelota una velocidad inusitada y de sus manos salen tantos seductores, arrebatadores y revestidos con tanto garbo como talante. Las gradas del recinto de la plaza del Labrit a rebosar.

Hay partido y partidos. Unos se van por la barranquilla. Otros están aderezados de fantasía. El de Pamplona resultó espectácular. Bengoetxea VI que venía de firmar una temporada insulsa, incluso tenía a sus técnicos con la orejas levantadas, tanto es asi que fue excluido del Parejas de San fermín, llevó a cabo un autético recital de principio a fin y se impusó (22-17) a Jokin Altuna, flamante campeón de la distancia.

El Oinatz más seductor del curso dejó un partido para el recuerdo. No por la trascendecia del envite, que era un duelo ferial del estío, sino por evidenciar de lo que puede ser capaz de llevar a cabo en un frontón. Fue un pelotari con talento, ingenio, arrebatador en muchas de sus finalizaciones, estilista y laborioso. Tiró de catálogo y ofreció un certamen de pelota.

Rotundo en ataque. Acabó 16 tantos y un saque. Cifras que vienen a poner patas arriba las estadísticas que hasta ayer se guardaban en las hemerotecas. Dejadas, escondiendo la pelota, ganchos, paraditas al txoko y descolgadas al ancho absolutamente sorprendentes Fue un goteo constantes de remates para rebobinar. Todo un simposio de táctica y técnica. Puso la guinda a la final con un gancho sesgado que dejó paralizado a su rival.

Para el de Leitza la mañana estaba para violines y no para gaitas. Desde el mismo momento que se puso la pelota en juego activo su repertorio de exquisteces y no paró hasta que volcó en su casillero el carton 22. Los pelotazales navarros se volvieron locos, presos del embrujo y el delirio provocado por uno de los suyos en estado de gracia. El material, que se dejaba acariciar, contribuyó al alarde.

¿Y Altuna III? Hizo lo que pudo y en ciertos pasajes dejó plasmada la impronta del ingenio que atesora. No es fácil parar el vendaval que le vino encima. Sumar 17 tantos ante un tornado tiene un enorme mérito. El guipuzcoano no fue el único derrotado. La cátedra fue la otra gran damnificada. Tiró el dinero en un principio, 100 a 60 euros, por el que terminó derrotado. Primera cornada.

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