Tantos títulos como cornadas recibidas

Tantos títulos como cornadas recibidas
IVÁN MATA

Marc Márquez hace de la caída un arte. Sin rival pese a besar el asfalto dos de cada tres Grandes Premios que corre

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Ha recolocado los límites de la precocidad. Más allá de los años y días con los que fue conquistando logros a rebufo del recuerdo de los más grandes, Marc Márquez epata al planeta de las dos ruedas por su estado actual. Siete títulos de campeón del mundo, cinco de ellos en la cilindrada reina, con sólo 25 velas sopladas en su último 'cumple'. Da más vértigo imaginar hasta dónde puede llegar que admirar su colección de conquistas, esas siete pantallas que ya ha superado convertido en un héroe de videojuego. El piloto de Cervera incluye en su vaso de mezclas dos ingredientes a partes iguales. Talento y riesgo. El cóctel, explosivo.

En momentos en los que el recurso habitual es tirar de currículo para desgranar las muescas acumuladas, resulta más interesante detenerse en un apartado estadístico inverosímil. Como si de un torero se tratara, Márquez no se escapa al común denominador del pilotaje. Su cuerpo está recosido, restañadas tantas cornadas como días de gloria acumula. Ha convertido la caída en un arte. Incluso habría que referenciar la no caída como nuevo término de lo que acontece sobre el asfalto. Ha superado la centena de accidentes en MotoGP, lo que arroja un saldo de besar el asfalto en dos de cada tres Grandes Premios. La mayoría sin consecuencias graves, fruto de su preparación física.

Sus datos

Nacimiento.
17 de febrero, 1993. Cervera (Lleida).
Títulos mundiales.
Campeón de 125cc. en 2010; de Moto2 en 2012; y de MotoGP en 2013-14-16-17 y 18.
Equipos.
Repsol KTM, RedBull KTM y RedBull Ajo Derbi (125cc.); CatalunyaCaixa Repsol Suter (Moto2); Repson Holda (MotoGP).
Compañeros de equipo.
Tito Rabat, Cameron Beaubier (125cc.); Dani Pedrosa (MotoGP).
Sueldo.
Recibirá netos en 2019 15 millones sólo de Honda, sin contar los ingresos por publicidad personal

Nos ha acostumbrado a verle rebotar contra el firme alquitranado, soportar la lija con su codo o rodilla y aprovechar la inercia para devolver su Honda al límite en el que recupera la tracción. O a ser arrastrado por la montura nipona sin soltar su manillar para incorporarse tras detenerse en la puzolana. O salir pitando en busca de un transporte hacia el box, en caso de tratarse de las mangas de ensayos, para hacerse con la montura muleto y seguir el plan previsto.

Pero no siempre ha salido indemne. Ayer, sin ir más lejos, quedaba constancia del peaje pagado. Su hombro izquierdo da para un manual quirúrgico. El doctor Mir, quien ha firmado la práctica totalidad de los trabajos de «chapa y pintura» en la Dexeus barcelonesa, ya le tenía reservada fecha para el parón de diciembre. Necesita Márquez reforzar esa articulación que se sale de su sitio como en plena celebración de su séptima corona, dando un abrazo forzado a Redding estando aún sobre la moto.

Curiosamente, las lesiones más graves las soportó en sus inicios. Como una fea fractura de cúbito y radio de su brazo derecho en Jerez (2008). Ese mismo curso se rompió el cartílago del crecimiento y el hueso calcáneo derechos en Sepang. La primera vez que sintió agobio. Se quedó enganchado en el carenado de su KTM y tardaron diez minutos en liberarle las piernas. En 2010 abrió la veda de sus luxaciones de ambos hombros, en Jerez y Brno. Del mismo modo que no hay un circuito que se le resita en los éxitos, tampoco existe del que haya salido sin un batacazo.

Las claves

2012
Fue operado de un ojo para saldar un problema de visión doble que le pudo apartar de la competición
Predestinado
Nació para correr y pasar pantallas, como si fuera el superhéroe de un videojuego

2012 fue un año clave, vital, crítico en su carrera. Había dejado atrás la necesidad de lastrar sus monturas al no dar el peso mínimo exigido. Una mala caída en Malasia, con un severo latigazo en el cuello, le mantuvo varios meses con visión doble. Diagnóstico complicado: parálisis del cuarto nervio de su ojo derecho. Tocaba la intervención quirúrgica más compleja, de la que podía resultar un veredicto temido, no poder seguir corriendo. Gastó el más contundente de sus comodines y dejó de ver a su madre en la cocina batir cuatro huevos cuando sólo había dos en el plato. Un gran alivio.

Correr y pasar pantallas

Aún le quedaban muchos huesos y ligamentos que maltratar, pero nada le detenía. Se fracturó un peroné haciendo 'dirt track', el quinto metatarsiano de la mano izquierda, ambos meñiques, hombros fisurados, la mandíbula casi reventada cuando se tiró de la moto en Mugello (2013) para no comerse el muro a 300 por hora. Incluso se dejó hacer en el quirófano para mejorar su respiración mediante una corrección del tabique nasal.

Lo de los hombros tiene tela. Se lo tomaba a risa ayer cuando su hermano Álex y un asistente le recolocaban el izquierdo en plena vuelta de honor. Dos años atrás, en Austria amenazaba a los médicos del circuito. «O me lo recolocáis o lo hago yo mismo». A su hermano ya se lo encapsuló de nuevo en Sepang. «Las clavículas se doblan sin llegar a romperse y el cerebro se mueve dentro de la cabeza», explica el doctor Mir sobre los efectos de las brutales apuradas de frenada. Si se aderezan además con caídas desemboca en la «luxación recidiva» que sufre un superhéroe de videojuego como Marc Márquez.

El mismo vetado por Lin Jarvis para Yamaha. El que cada vez va descontando amigos en MotoGP. Enemigo público en Italia. Pero no está en las carreras para eso. De hecho ni sabe el motivo. Nació para ello. Para correr y pasar pantallas.