A Hamilton la velocidad ya le venía en el nombre

A Hamilton la velocidad ya le venía en el nombre

Los padres de Hamilton le llamaron así por Carl Lewis. Sólo se le resiste, por ahora, la leyenda de Michael Schumacher

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Carl Lewis fue 'el Hijo del Viento'. Algo conmovió a los padres de Hamilton para relacionarle con el titán del Birmingham estadounidense y agenciarse el nombre (Lewis Carl Davidson) para su vástago. Intuían, quizá, que la velocidad también corría por sus venas. Si fue así, hicieron pleno. A los 33 años, el piloto se convierte en mito. Ya era leyenda, pero ahora con su quinto título de F1 alcanza a Juan Manuel Fangio y se queda a dos de la marca interplanetaria del añorado Michael Schumacher.

Como su partenaire de la página de al lado, estaba llamado, predestinado. Cuando a los seis años le pusieron una emisora de radiofrecuencia en las manos para guiar un coche teledirigido acababan de inocularle el veneno de esa mezcla de olores que una vez te atrapan se mantienen en el subconsciente hasta el final de los días. Aceite y caucho, quemados. Tal como llevaba aquel ingenio por la línea idónea comenzó a hacerlo cuando le sentaron al volante de un kart. Le bastó a Ron Dennis recibir un par de comentarios coincidentes para acercarse a conocer a aquel pequeño diablo. Era el capo de McLaren y no dudó en reclutarlo para su causa. Lewis Hamilton tenía diez años.

Aunque en su día levantó no pocas ampollas, algunas justificadas y otras teledirigidas desde el séquito de palmeros que acompañaban a Fernando Alonso, lo más apasionante de su existencia en la Fórmula 1 llegó el año de su debut. Tenía 22 años y actuaba como un becario en Valencia durante la presentación de la escudería inglesa. El ovetense, ya entonces bicampeón mundial, accedía a una de las grandes escuderías, y miraba a su lado sin percatarse de que aquel novato tenía más peligro que una mamba negra. En la Ciudad de las Artes, con la capital levantina en pleno pelotazo deportivo entre su Gran Premio urbano de F1 y la sede de la Copa América, Hamilton se impregnaba de todo cuanto le rodeaba. Asumía que en su empresa había un jefe, que era el inquilino del garaje adyacente, y se preparaba para aprender con voracidad. Había un suerte de displicencia mal disimulada hacia él, creyentes muchos sectores del negocio que le iría muy grande el negociado con un MP4-22.

El año de su debut fue fascinante. Destrozó récords y acabó en guerra con Fernando Alonso 2007

Pese a la cercanía de Ferrari tiene hasta el cambio de reglamentación de 2021 para ser el más grande Futuro

Lo que llegaría después fue tan apasionante como dantesco, un tsunami que quienes lo vivimos desde dentro no atinábamos a entender, aunque la explicación la daban la telemetría, las hojas de tiempos y, sobre todo, la clasificación. El alumno le salió rebelde al empollón. Sin necesidad de tratos de favor hasta entonces, se plantó en mitad de la temporada con mejores notas que quien debía guiar sus pasos. Los celos, el desagrado, la nula digestión del entorno de Alonso chocaron con la protección a la que fue sometido Hamilton. Pero hasta aquel fin de semana en Silverstone, cuando se alteró la opción alternativa de dar una vuelta extra por carrera a cada piloto en la calificación –el sábado, al reclamo de la Hamiltonmanía ya se habían registrado 10.000 aficionados más que en la cita dominical del año anterior– el británico acumulaba nueve podios. No se había bajado del cajón mientras su coequipier español se descolgaba con un quinto dos séptimos puestos, más seis podios. Ese fue un dato que siempre se pasó por alto antes de que estallara la guerra en el seno del team.

Caminos separados

Con el garaje doble convertido en tapete bélico, la tensión extrema y un fallo infantil en China le regaló el título a Raikkonen por un punto, mientras él y Alonso empataban en la tabla. Separar sus caminos fue el impulso que Hamilton aprovechó para colmar sus pretensiones. Mientras el ovetense se negó a seguir con los de Woking, él comenzó a escribir una historia que le llevó a ganar el título el año siguiente y acertar de pleno al fichar por Mercedes cuando tocó a su fin el reinado de Vettel en Red Bull.

Su agitada vida personal, con perturbadoras relaciones sentimentales y un padre-agente que no tardó en dejar de serlo, amagó con descentrarle. Pero tras poner su futuro en manos de Julian Jakobi (alter ego de Senna y Prost, que diseñó también la rentabilidad de la vida deportiva de Bjorn Borg y Nick Faldo), entendió de qué iba realmente este negocio. La prueba la dan sus registros, esta manita de títulos con que saluda al mundo. La misma con la que se despedirá de un Fernando Alonso con el que, con el paso del tiempo y la distancia, acabó haciendo buenas migas.

Su bólido sigue siendo infalible, pese a la cercanía de Ferrari. Hasta 2021 no cambiará la reglamentación, que supuestamente, igualará las cosas. Tiene tres años por delante para intentar rematar la faena como el más grande de la historia.

Sus datos

Nacimiento:
7 de enero, 1985. Stevenage (Gran Bretaña).
Títulos mundiales:
Campeón del mundo de pilotos F1 en 2008 (McLaren), 14-15, 17 y 18 (Mercedes).
Equipos:
McLaren, de 2007 a 2012; desde 2013 corre para la escudería Mercedes.
Compañeros de equipo.
Fernando Alonso, Heikki Kovalainen y Jenson Button (McLaren); Nico Rosberg y Valtteri Bottas (Mercedes).
Sueldo:
Su contrato con Mercedes le supone 43 millones de euros netos anuales, nueve menos que el salario de Vettel en Ferrari.