Txikon cambia el Everest por el K2, el más difícil y peligroso

El equipo de Alex Txikon posa en el iglú que montaron ayer en el Euskalduna con nieve traída de Pirineos./Fernando Gómez
El equipo de Alex Txikon posa en el iglú que montaron ayer en el Euskalduna con nieve traída de Pirineos. / Fernando Gómez

El vizcaíno intentará en los próximos meses el único ochomil que queda por escalar en invierno

FERNANDO J. PÉREZBILBAO

«¿Miedo? Claro que tengo miedo. Vamos a un sitio inhóspito, peligroso. Vamos a sufrir y a pasarlo mal. Pero es una sensación que me gusta. Me hace sentir vivo y estar despierto. El problema del miedo no es tenerlo sino no controlarlo». La pregunta es recurrente para Alex Txikon cada vez que presenta una nueva expedición. No es para menos. Su currículo en los ultimos años es para echarse a temblar: Nanga Parbat en 2016 y Everest en 2017 y 2018. Siempre en invierno. Y en el Nanga con la guinda de la primera invernal de la historia.

Era difícil subir un peldaño más pero lo ha hecho. Es el último: el K2 (8.611 metros). El único ochomil que queda por subir en invierno. 'Solo' es el segundo más alto, pero está considerado el más difícil y peligroso... en primavera. El K2 es la cima que agota los adjetivos. Una pirámide casi perfecta que se eleva cuatro mil metros sobre el glaciar de Baltoro, tan bella como salvaje. Pese a que en los últimos años las expediciones comerciales le han quitado el miedo y la han profanado, todavía mantiene una estadística temeraria: por cada diez personas que pisan su cima, dos fallecen en el inteto.

Ese será el desafío de Alex Txikon en los próximos meses, Su casa, su sueño y su pesadilla desde el 2 de enero, día en el que subirán al avión en Loiu, hasta el 21 de marzo, cuando la primavera deje sin razón de ser a la expedición. Antes, entre finales de febrero y mediados de marzo, el vizcaíno espera haber seducido a la montaña indomable para, al menos, «hacerle un intento con garantias». De la cima, ni hablar. ¿Será eso ya un éxito?

- «Un exito es poder estar aquí, presentando la expedición», replica Txikon. «El éxito es plantar los iglús en la base de la montaña. A partir de ahí, todo lo que venga, bienvenido sea».

¿Iglús? ¿le habrá traicionado el subconsciente a Alex 'troglodita' Txikon? No. El de Lemoa desveló ayer quizá la innovación que plantteanm en esta expedición. Y no se trata de materiales de última generación para protegerse del frío o comunicación interestelares para contrar al mundo segundo a segundo su peripecia. No. Es algo tan básico y primitivo, pero también tan eficiente y sencillo como un iglú.

Los alpinistas y sus acompañantes cambiarán las tiendas de campaña del campo base y los campos de altura bajos por estas casas de hielo. La idea partió de uno de los miembros del equipo con experiencia del tierras laponas, la han estado probando durante los últimos meses en Picos de europa, Pirineos y los Andes argentinos y los beneficios son múltiples, a decir del alpinista vasco.

Con una expedición rusa

Para empezar, y fundamentalmente, «pasamos menos frío. En el interior de un iglú la temperatura es constante a cero grados y con una simple vela sube ya a dos o tres grados positivos». Puede parecer poco, pero si tenemos en cuenta que la temperatura en el campo base a duras penas alcanzará guarismos positivos y se desploma a dígitos dobles bajo cero por la noche -el invierno del K2 (Karakórum) es aún más duro que el del Everest (Himalaya)- la sensación es de los más confortable.

El segundo motivo es el viento. Las tiendas de campaña están a su merced en el CB y en los campos de altura «tenemos que andar montado y desmontandolas cada vez que llegamos porque si no acaban echas unos jirones». Así que a la larga resulta más cómodo montar un iglú. «Nos lleva algo más de tiempo fabricarlo, unas dos horas y media», pero luego lo tenemos ahí para siempre. No te imaginas la tranquilidad y seguridad que da saber que vas a llegar a un campo de altura y vas a tener tu iglú seguro, firme y calentito ya hecho en vez tener que ponerte a montar una tienda en medio de una ventisca».

Esta vez, Txikon y su equipo no estarán solos en el campo base. El K2 invernal se ha convertido en un preciado tesoro y tras el intento polaco del pasado invierno (el cuarto de toda la historia), coincidirán con un numeroso grupo ruso de once alpinistas. No es la situación ideal que le gustaría a Alex, pero aún le gustaba menos la alternativa de repetir en el Everest y encontrarse allí con una expedición comercial ¡en invierno!

La ruta lógica, tras tomar nota de la experiencia de la última expedición polaca, es el Espolón de Abruzzos -la vía 'normal', que no fácil, del K2 en primavera-. Aunque Txikon se guarda un as en la manga: la imponente cara este de la montaña, de la que Denis Urubko se enamoró el invierno pasado en cuanto la vio. «Es la más protegida de los vientos huracanados que azotan la montaña en esta época, un pared espetacular pero muy vertical». Y jamás escalada...

Una expedición humanitaria y con ensayos médicos, científicos y medioambientales

El glaciar sobre el que se asienta el campo base del K2 parecerá esta vez más un parque científico y tecnológico que CB montañero. Alex Txikon ha querido abrir su proyecto alpinísticos a otros campos del saber. De esta forma, mientras intenta coronar el K2, se llevarán a cabo varios ensayos y estudioss científicos, médicos y medioambientales.

El proyecto, denominado 'WinterTopAppeal by Alex Txikon', contempla, además la colaboración con dos estudios científicos, uno interdisciplinar sobre el efecto del cambio climático en el glaciar del Baltoro y otro médico de investigación acerca de la falta de oxígeno en condiciones extremas.

Además, se desarrollará una iniciativa humanitaria para la formación de personal sanitario en la zona y el reparto de la entrega de media tonelada de productos médicos y nutricionales junto a la Fundación Félix Baltistán.

En cuanto al equipo deportivo, Txikon vuelve a cambiar de compañero de cordada. Está vez será un viejo conocido, el gallego Félix Criado, con quien ya intentó el Pilar Oeste del Makalu (2005) y el K2 (2013), cuando no pudieron pasar de los 7.100 metros en el Espolón de Abruzzos. Más recientemente también estuvieron juntos en la expedición al Thalay Sagar (2015) en que trazaron una nueva variante en la cara norte sin alcanzar la cima.

Además, volverá a contar con la ayuda de cinco sherpas llegados expresamente de Nepal. Son los mismos que estuvieron con él en el Everest este invierno pasado y alguno incluso repite con el vizcaíno por tercer año consecutivo, como el líder del grupo, Nuri Sherpa. Completan el grupo Chhepal Sherpa, Geljen Sherpa, Hallung Sherpa y Pasang Sherpa.