Sinfonía incompleta en Ballyliffin

Jon Rahm en el tee del 9, hoyo en el que firmó su sexto y último birdie del día./EFE
Jon Rahm en el tee del 9, hoyo en el que firmó su sexto y último birdie del día. / EFE

La enorme vuelta de Rahm, con -5 en los nueve primeros hoyos, tiene la réplica de un Van Rooyen colosal del que le separan ocho golpes

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Las neuronas de Jon Rahm andan ocupadas haciéndole entender lo que sucedió ayer en la tercera jornada del Open de Irlanda. Porque coincidió una tacada de nueve hoyos celestial del jugador de Barrika con la llegada del mal tiempo y la puesta en marcha de los partidos estelares. Pero agua y viento no demonizaron la actividad en Ballyliffin. Al contrario. Los que partían en lo más alto de la tabla acabaron tanto o más excitados que el vizcaíno con sus tarjetas, dejando un desenlace dominical allanado para que el sudafricano Erik van Rooyen logre su primera victoria de impacto si es capaz de prolongar un estado de gracia que él mismo relaciona con la serenidad. «A veces te diviertes dejando que las cosas sucedan», dijo tras entregar una tarjeta que lleva su balance a -14, cuatro golpes mejor que el de sus perseguidores (Lagergren, Fox y Willett) y ocho que la pareja española Rahm-Campillo, que acabaron el día maldiciendo.

El morrosko se puso en marcha con prisa por hacer figurar su nombre en el panel principal. Birdie al uno y triple tacada al 3, 4 y 5. Sólo un desliz en el 7 con un bogey provocado porque el palo se le quedó trabado, y réplica en el 8 y 9 para cerrar el 'front nine' con -5 en el día y -6 en la general. «Ha sido tan perfecto como puedo jugar», refería hablando del paso por el tramo de ida de la jornada. Había partido con bastante antelación que los mejores de la víspera y esperaba que la lluvia, que parecía poder ser intensa, se asociara con el viento para convertir el campo irlandés en la más letal de las trampas. De hecho, cuando concluyó su jornada imaginaba que el clima haría mella y se acabaría el día con un solo dígito bajo par.

«Si sientes nervios es que estás listo»

Hacerle -14 en 54 hoyos a un campo como Ballyliffin es hablar de mucho más que un estado de trance o de que se alineen todos los astros en favor de una causa. Van Rooyen obligará con sus cuatro golpes de ventaja a sus rivales a jugar a un nivel extremo de virtuosismo y eficacia para evitar que se estrene en el European Tour. «Si sientes nervios es que estás listo», dice.

Los greens se ralentizaron. Para todos. Y no hubo más alteraciones. Rahm mantuvo su buen juego, con el driver como palo protagonista, pero en los siguientes nueve sólo pudo certificar otros tantos pares. Maldijo en la recta final porque los tres últimos se le escaparon vivos. El 16 y 17 con línea perfecta y unos dedos cortos los golpeos por el efecto del agua, y en el último con la bola cayendo ya antes de tomar el lateral de la cazoleta para regresar al green con un corbatón brutal. Con -9 en vez de -6 vería hoy la vida de otra manera.

Lo mismo que Jorge Campillo, que llegó a crecer hasta el -8 antes de claudicar con un doble bogey en la última etapa del sábado. Pero la cruda realidad deja a ambos a ocho golpes de un líder que se manejó prácticamente como el de Barrika. Porque Van Rooyen arrancó con dos birdies, que eran tres en el cuarto hoyo y crecieron con un trío final hasta los seis de nueve. -14 en su tarjeta y una sensación de poder hacer lo que quisiera con los palos, dejando birdies dados o embocando desde el rough de green. En trance el africano acabando con la paciencia del resto de competidores.

Es golf. Pero, de verdad, no era normal lo del jugador impoluto en la indumentaria, con su barba perfectamente recortada y una mirada inquieta que seguía a cada golpe en su juego largo, como si sintiera que, ayer y sencillamente, no podía fallar. Hasta convirtió un par de excursiones a la maleza en approachs con opciones de resta. Afortunadamente para la emoción de la competición, su magia se estancó y dejó el 'back nine' sin facturar nada más.

El antecedente francés

Entre sus perseguidores hubo de todo. Desde Lagergren también sujeto al síndrome del 'back nine' con pleno de pares en ese tramo, a Fox rebajando su tarjeta en el 10, 16 y 17, pasando por el póquer de Willett entre el 11 y el 14 ó los cinco golpes restados por Jacquelin con eagle al 13 y birdies al 14, 15 y 17. Pero la realidad es que Van Rooyen es el único que puede perder el Open de Irlanda más que ganarlo el resto. Aunque, para que conste en acta, los jugadores que llegaron a la isla esmeralda procedentes de Versalles recuerdan cómo Noren le remontó siete golpes a Kinhult en la jornada dominical.

Así que toca implorar que llueve más y que ese viento previsto de 20 kilómetros por hora avive más sus rachas. «Si cambia el tiempo todo es más posible», apuntaba Rahm, que señala al driver como «la clave» de la mejora progresiva que lleva esta semana irlandesa en la que tratará hasta el último hoyo de tener la oportunidad de defender el título que conquistó un año atrás. Hoy jugará desde las 13.14 con el inglés Andy Sullivan, quien con -7 presentó la mejor tarjeta del sábado.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos