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EL CORREO con Jon Rahm en la Final del European Tour

Con alma de sprinter

El golfista vizcaíno realiza un golpe bajo la atenta mirada del público. / AFP

Rahm comienza tarde a cobrar birdies y llega a colocarse a un golpe del liderato en Dubái para acabar cuarto, igualado con un sobresaliente Otaegui

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZASDubái Enviado especial

No es un buen consuelo, porque estos jugadores no se cansan de querer más. Menos aún cuando uno, Otaegui, ha respondido a cada tirón del líder, marcándole en corto, y el otro, un Jon Rahm batallador incansable, que ha tardado más de lo deseado en poner en marcha la máquina de facturar birdies. Pero su sonido se ha escuchado en Dubái, en un infernal 'Día del Profeta' que ha acabado con Danny Willett como el elegido. La pareja vasca, primero el de Barrika y después el donostiarra, llegaron a la casa club con las mejores tarjetas presentadas. Sendos -14 que acabarían compartiendo también con el sudafricano Burmester. Tocaba esperar.

Cuando el vizcaíno ha entregado los trastos de matar estaba a un golpe de los colíderes. Han notado sus rivales cierta estrechez en la garganta cuando los birdies en el 13, 14 y 16 le han colocado tras la aspiración del liderato. De hecho, al cerrar esa miniserie ha accedido al segundo puesto. Apenas quedaban banderas, pero si alguien podía poner patas arriba el Jumeirah Golf Estates era él. Como el año pasado. Jugarse todo a una carta no le ha supuesto esfuerzo alguno. Es genético. Sin locuras. Tenía el día de cobrar bonus y ya se había agenciado los de dos pares 3 previos. Ha ido a por el último del día y la semana en el 17. Ha tenido que demorar la salida porque a su caddie, Adam Hayes, le ha tocado convencer a un gato de que no era buena idea que echara una cabezada en el tee de salida. Malhumorado, el felino ha atendido a razones. Y Rahm ha descerrajado un hierrazo que ha ido directo al trapo. Tanto que se ha pasado ligeramente a la perpendicular de un búnquer.

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Y lo a vuelto a intentar en el 18, en su mente dibujado un posible eagle que entonces incluso le habría llevado al liderato en solitario tal como iba la tabla, con sus predecesores a un solo golpe. Escapada, como la víspera, un paso fuera de las cuerdas pero aún en rough. El segundo a otra casilla fuera de calle, enfrente, al otro lado del arroyo y tras unas vallas publicitarias. Un chip y dos putts para no pasar del par. A tenor de lo visto no le habría servido para revalidar su título, pero es de agradecer que nunca se deje nada en la bolsa.

Bromas en el hoyo 7

Las cuentas han comenzado a no salirse mucho antes. Ha deseado en voz alta seguir pegándola igual y rascar más birdies. Primer anhelo, cumplido. Pero el putter no acababa de enviar la bola al hoyo. Desde tres metros en el 1; un envío de seis metros desde rough que roza la diana; un putt dado tras una gran salida de búnquer; otro desde cuatro metros en el 4. Su imagen a la espera de patear en el green del 5 ha sido brazos en jarra sujetando el palo, con la mirada clavada en el suelo. Buscando respuestas o soluciones para acercarla más.

Por si no tuviera bastante con ese déficit en el remate y los efluvios de Stenson que ha arrancado en modo 'killer' para desinflarse ipso facto, el árbitro ha querido añadir un extra avisando a la pareja de que estaban bajo la lupa del cronómetro. Ha acabado molestando mucho a ambos porque visualmente los partidos precedente y posterior estaban en sintonía. Pero el carro del marshall les ha acompañado durante ocho hoyos, lo que no es normal. El sueco se ha mostrado ya cansado, ha dialogado con el juez y ha desaparecido.

Por fin ha caído el primer birdie (7) tras un putt de eagle que desde 27 metros ha pasado a cuatro dedos del agujero. Lo ha rematado desde un metro aunque parecía que la bola no cedía y se iba a quedar colgada del perfil. Ni se le ha ocurrido hacerlo. Y Rahm ha bromeado con su séquito. «Ya te he oído que decías que parara, joder si estaba a treinta metros». Buenas vibraciones cuando el jugador interactúa así. En esos instantes la clasificación se ha ido estrechando. Otaegui había resistido como un jabato. Más que eso. Con cuatro banderas conquistadas de las primeras nueve presentaba una candidatura sólida. Wallace le buscaba las vueltas a Winllett y Reed siempre estaba al acecho. Un galimatías.

Rahm ha decidido mirar al frente, prescindir de retrovisores. Por detrás venían todos los partidos que le afectaban y no le quedaba otra que facturar. Se ha enfundado el maillot de sprinter y se ha ido, sino a por el torneo, sí a quemar sus naves. Final explosivo, fantástico. Le ha faltado un kilómetro más de llegada para reventar el contador de vatios o anular la sensación de verse expuesto a una heroicidad para voltear la situación. Otaegui ha gastado dos balas en sendos pares 3 y al menos ha acabado puño en alto celebrando un gran birdie en el 18.

Willett ha hecho con un comodín cuando le hizo eagle al 2, ha amagado con meterse en problemas con bogeys al 10 y 12, pero ha pegado el golpe de riñón entre el 15 y 17 y ha dejado clavados a Wallace y Reed. Aunque casi le ha dado emoción enviando la bola al agua en el final del trayecto. Se la ha frenado la última brizna de hierba.

 

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