«Hay que salir para ver lo de fuera y traerlo a casa»

Lejarraga, entrevistado en el Legendz por Ernesto Amador./MGZ
Lejarraga, entrevistado en el Legendz por Ernesto Amador. / MGZ

El 'Revólver' dice que su campamento ha sido «mejor de lo esperado», el peso lo lleva «como nunca» y ve más orden a su alrededor

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Suena de fondo constantemente la voz de Matías Erbín. Como buen argentino, abusando del tópico, no calla ni debajo del agua. «Le vamos a tapar la boca con una toalla», bromea Txutxi del Valle. Impera algo de silencio y la conversación con Kerman Lejarraga es posible.

- Hable con quien hable del equipo coincide en que ha merecido la pena.

- Sí, estamos muy contentos, aunque con ganas de volver porque ha sido mucho tiempo. Ha sido mejor de lo que esperaba. Fue idea de Matías (Erbín, su preparador físico). Al principio te da un poco de reparo lo de ir a otro país, pero para todo hay una primera vez.

- La calidad de sus sparrings incluye campeones del mundo.

- Es otro nivel en ritmo, en calidad, en experiencia. Se aprende de todos. Con cada sparring tienes que estar con mil ojos. Cada uno es un mundo. Así que te metes al ring y tienes que empezar como en un combate, atento y viendo lo que tienen.

- En esos momentos, ¿trata de relacionar lo que le hacen con lo que planteará Avanesyan?

- Claro. De entrada porque aquí voy con guante pequeño y vendaje profesional y las manos se notan, los golpes son fuertes y explosivos. Además, la intensidad es máxima porque ellos también están preparando sus peleas. Lo visualizo como si fueran Avanesyan, intuyendo lo que traen, con mil ojos. Es como una partida de ajedrez.

- ¿Ha cambiado mucho su boxeo en este mes en Los Ángeles?

- Noto muchas cosas. Voy más flexionado de piernas, no tan rígido, moviendo la cabeza, esquivando y no bloqueando. Y contestando, aumentando la velocidad para meter mayor número de manos.

- Hablan de aumentar la explosividad.

- Sí. Tratamos de meter en vez de manos contundentes, series más rápidas y entre ellas dos manos fuertes y con defensa.

- ¿Físicamente, a tope?

- Matías me ha metido mucha caña, en la montaña y en los parques que hay por aquí. Y como estas máquinas no hay allí y trabajamos mucho en circuitos.

- Han sido semanas de 24 horas de boxeo. ¿Cansa?

- No porque tengo metida la pelea en la cabeza. Cuando no estamos entrenando vemos la pelea echados en la cama, descansando. Hablo con la familia y los amigos todos los días, y les echo de menos, pero estás a los que tienes que estar. Me apoyaron desde el primer día y eso te motiva más y te facilita las cosas.

- ¿Necesitaba este cambio de aires?

- Sí, es como la vida de un chef. No puedes estar siempre en tu restaurante cocinando lo mismo. Salen a ver lo que hay fuera para traerlo a su casa.

- ¿Ha limpiado su entorno tras la derrota?

- Mi suerte es que siempre he conservado los mismos amigos. Sabía que tarde o temprano iba a perder pero a ellos les iba a conservar. Sabía quién iba a estar y quién no. Al final mi esquina era un gallinero y eso no puede ser. Hay que reciclar. Lo que no puedo es llegar a la esquina y encontrarme con dos personas discutiendo. Ahora tengo a Atocha, que es super tranquilo, a Matías y Txutxi, la gente que quiero que esté.

- ¿Cómo lleva su letanía con el peso?

- Mejor que nunca. He dado ya 73.800. Muy bien, con un cocinero cuidando la alimentación. Tomo vitaminas, no estoy apagado, con ganas de entrenar. Y después del pesaje volveremos a lo de siempre, a estar en 76 o 77.

- ¿Se juega un doble o nada?

- Disfruto peleando, me gusta lo que hago, no tengo presión. Estoy tranquilo, sufriendo entrenando y ahí arriba. Soy así y la gente lo sabe. Si pierdo no pasa nada.