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El ritual que «quita la felicidad»: perder 8 kilos en un día antes de un combate
El duro pesaje de los luchadores de MMA que hoy se citan en el Buesa obliga a exprimir hasta la última gota de sudor
Jon Casanova
Viernes, 28 de noviembre 2025, 01:48
El Buesa Arena ya respira ambiente de combate. El pabellón del Baskonia encenderá hoy sus luces para acoger la velada de WOW 24 (18.00 ... horas), apadrinada por Ilia Topuria. El evento, que acogió a 4.000 personas en febrero en Bilbao, llega a Vitoria con récord de ventas de entradas en 12 horas. Sin embargo, el espectáculo que se ve sobre la jaula empieza a fraguarse mucho antes. Desde las sombras. El corte de peso es el peaje más duro que afrontan los luchadores de artes marciales mixtas (MMA) antes de enfrentarse a los golpes. «Perdemos nuestra felicidad por esto», lamenta Nico Medina, que hoy debuta como profesional.
En la tarde previa al pesaje –celebrado ayer a las 9.00 horas– durante el corte de peso, el ambiente en las instalaciones del Bakh era denso. Trajes de sauna, sudaderas gruesas, capuchas apretadas… Todo lo posible para liberar la mayor cantidad de líquidos antes de subirse a la báscula.
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David Rojas, nutricionista de Nico y otros tantos peleadores, –como Aleksandre Topuria, hermano mayor de Ilia– detalla el proceso al que se someten los luchadores antes de cada pelea. Se divide en dos fases. «Primero una bajada natural, con déficit calórico durante semanas, y luego la semana de recorte, donde se juega con la carga de agua y la retirada de hidratos».En los últimos días entran los métodos más duros, sudoración activa, sauna o bañeras hirviendo.
Una preparación que no está exenta de riesgos. «La deshidratación severa te puede llevar a una parada cardiaca, y eso a la muerte», afirma el experto. Con 17 años de experiencia, «nunca se está completamente tranquilo porque la situación puede cambiar de un atleta a otro», reconoce.
«A nadie le gusta pasar hambre, no beber agua y tener que meterte en una sauna a 70 grados»
Todo con el objetivo de llegar a punto para el pesaje. Rojas lo tiene claro, «sentido como tal no tiene». Es un cambio de rutina muy exigente, que obliga a «hacer un trabajo específico de pérdida de peso, ya no se busca una mejora de técnica ni nada», aclara. Todo ese esfuerzo se desvanece según se bajan de la balanza. «Lo primero que se hace es empezar por lo último que se hizo, recuperar el balance de agua y sales minerales» que obtienen a través del suero. Desde el pesaje hasta el combate «pueden recuperar casi todo el peso que perdieron durante la semana de recorte, hasta los ocho kilos en algunos casos», asegura.
Los luchadores tampoco le encuentran el sentido. «Soy humano como el resto, a nadie le gusta pasar hambre, no beber agua, tener que meterte en una sauna a 70 grados, a nadie le puede gustar, es imposible» sentencia Nico (Murcia, 30 años). Para él, es un sacrificio diario. «No puedes disfrutar de reuniones con amigos o con la familia pero es parte del juego». Lo acepta, pero no lo comparte. «Espero que con el tiempo vaya cambiando. Si el rendimiento mejora, el show mejora y es de lo que va esto».
Bajar peso a contrarreloj
En otro rincón del Bakh se encuentra Francisco Silumsadisa, vitoriano y padre de tres hijos a los 29 años. Hoy combate en casa. «¿Nos podemos sentar?», pregunta antes de la entrevista con este periódico debido al mareo causado por el duro entrenamiento. Para 'Francis' es igual de costoso. «Esto es lo más duro. Estás sin agua, casi sin comida». En estos momentos tanto la exigencia física como la fortaleza mental son clave. «Tu mente puede dudar, pero al cuerpo le tienes que decir 'te toca aguantar un poquito más, porque tenemos un objetivo que cumplir'». El miércoles a la tarde pesó 71,3 kilos, para el pesaje necesitaba marcar 66 exactos. «Aunque me queden cinco kilos, sé que mi cuerpo los va a dar diga lo que diga mi mente», garantiza con convicción.
Para los aficionados será 'sólo' una velada. Para los peleadores, una prueba que empezó mucho antes de que suene la campana. No se verán las saunas, ni los mareos. Sólo el resultado final. Como dice Nico: «No enseñes a la gente los dolores del parto. Enséñales al niño».
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