Jon Rahm propone solvencia en París

Jon Rahm arrancó ayer así en el tee del 1 su segunda participación en el Open de Francia./J. M. Cortizas
Jon Rahm arrancó ayer así en el tee del 1 su segunda participación en el Open de Francia. / J. M. Cortizas

Un doble bogey en el 15 desluce la tarjeta, pero no el gran y sólido juego del de Barrika

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Hay muchos modos de expresarlo, comparándolo por ejemplo a tareas tan sencillas como aquellas que de niños nos llevaban a colorear una figura previamente dibujada sin pasarnos de las líneas. A Jon Rahm sólo se le fue la mano ayer en un trazo, mínimamente y entre dos de los mejores golpes de su experiencia parisina. Y los hubo de nivel, quilates y belleza. Una bola refrescada en el agua de un canal paralelo al green del hoyo 15. Ese desliz desinfló el -3 que se había currado con tesón en la que era la mejor tarjeta de cuantos jugaron en el turno de tarde. Llevaba tiempo buscando el asalto al liderato, que el galés había dejado en -4 horas antes. Y parecía que esa podía ser la bandera a conquistar en vez de cobrarle un tremendo peaje, un doble bogey que restó brillo a su nota, no al esfuerzo y buen y sólido juego desarrollado durante cinco horas que duró su partido.

A tres golpes del líder, con la planta de un jugador solvente entre los que más, hoy tratará de aprovechar la posible ventaja que supone enfrentarse al tramo más complejo del Le Golf National desde diez minutos antes de las ocho de la mañana, con el trayecto aún humedecido por el rocío y, es lo habitual, sin que el viento se haya aún personado como elemento tangible.

Tuvo que ver el aire en ese golpe maldito que había llegado precedido por un varazo de órdago en la salida, posando la bola en mitad de la calle y con todos los pronunciamientos para cobrarse el trapo al que apuntó. Tuvo que esperar lo suyo al apurarse casi al límite el tiempo dado para que Fitzpatrick tratara de encontrar una bola engullida por la zona selvática del rough. Y cuando golpeó, el swing no balanceó su cuerpo con la sincronía esperada. Y agua, nunca mejor dicho. Casi minimiza los efectos de la penalización por dropaje con un approach excelso, pero ese camino se había cruzado y necesitó patear dos veces consumando un doble bogey que resultó una barbaridad de castigo para el único error apreciable y reconocible en un día tormentoso por la fuerza y caprichos del viento.

Los largos tallos de las gramíneas iban y venían mecidos por el aire en cuanto el rough recortado daba paso a su versión más salvaje y anárquica, una loa al crecimiento libre. Con un aeródromo cercano a pleno rendimiento, haciendo esperar varias veces a los jugadores al llegar casi en formación aparatos en busca del aterrizaje –debe ser una academia extraordinaria para ser capaces sus monitores de hacer que sus alumnos no se estampen con los aleteos y bamboleos que dibujaban a su paso–, se mirase por donde se mirase ese viento era el factor clave del día.

Bolazo al mástil

Lo mismo soplaba a favor en un hoyo que en contra los dos siguientes y cruzado y racheado a continuación. Y Rahm mantuvo la vista atenta y el rigor del juego en su medida. Como había hecho con el birdie en el 1, que repitió en el 3, en uno de los hoyos más incómodos para su juego. Pateaba desde muy lejos con buena línea y potencia, dejando bolas dadas o casi. Un bogey, fruto de uno de los escasos roughs incómodos que tuvo, le frenó en el 5 y en el siguiente tramo lo arregló. El -3 lo firmó con un putt de unos diez metros e incluso tras el doble bogey reaccionó impactando el siguiente approach en el mástil de la bandera. Una gran jornada con un botín insuficiente y una tarjeta idéntica a la de Justin Thomas en su descubrimiento del escenario de la Ryder Cup.

El de Barrika fue el mejor español, por delante de Oriol, la gran sorpresa. Sergio García se rehizo con nota alta de un triple bogey en el 2.

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