EL CORREO con Rahm en The Open

Rahm prepara el tercer 'major' de la temporada con Mickelson

Rahm sale del tee con un hierro mientras Phil Mickelson, tras él, sigue la trayectoria de la bola pegada por el jugador de Barrika. / José Manuel Cortizas

El jugador de Barrika recibió la visita de sir Nick Faldo durante su entrenamiento

JOSÉ MANUEL CORTIZASEnviado especial. Carnoustie.

Nueve hoyos, los del tramo de vuelta de este campo que a primera vista impone menos de lo que dice su historia. Preciosa su localización, con la costa de Angus mostrando su bravura camino de la casa club por un laberinto de pequeñas edificaciones salpicadas por el mar que ya tienen sus años y comparten aglomeración con las más modernas en las que el reclamo de Carnoustie marida con el deporte y la buena vida. Es la actividad que ha previsto Jon Rahm, al margen del trabajo físico y la sesión de campo de prácticas y putting green, para un martes que va ganando en ambiente. Se hospeda en un hotel a pie del green del 18, el que cualquier jugador soñaría con visitar el domingo jaleado por la multitud en señal de tener en su mano el golpe de gracia para hacerse con el 'major' más solemne. No en vano es su 147 edición.

Tras Fleetwood y McIlroy, el de Barrika quiso conocer de cerca las impresiones de su profesor, de un Phil Mickelson que se puede identificar como el jugador con más ascendencia en cuestiones golfísticas sobre el vizcaíno. Compañeros de club en Scottsdale, de agencia de representación, con Tim siendo su coach universitario primero y su agente después. Se sienten parte de la misma familia y se nota. Saben compartir y darse espacio. Ayer hubo más de lo primero. EL CORREO les acompañó entre los hoyos 10 y 18 de una matinal preparatoria en la que no dejaron de hablar, de compartir opiniones y buscarle el límite a un campo que ofrece un tramo de secarral entre el tee y el green.

Era una sorpresa agradable para los jugadores comprobar que van a enfrentarse a un campo con un rough con la amenaza muy limitada. La festuca, esa planta de tallos erectos cuya frondosidad en condiciones normales actúa casi como especie carnívora que devora bolas dejándolas casi injugables, es ahora una secuencia de hierbajos secos, débiles, sin apelmazarse sus tallos tejiendo una red impenetrable. Su resistencia es ahora mínima y entran a ser tenidos en consideración como una parte jugable del campo. Quedan resquicios más que de maleza de aislados oasis vegetales en los que caer es la muerte. Pero para visitarlos habría que desviar mucho el rumbo.

«Está para pegarle»

En estas condiciones, Rahm va desgranando su estrategia. «Mira, es que en casi todos los hoyos está para pegarle». Suena en su voz como si sentenciara a Carnoustie, un aviso de que se va a poner tibio sin soltar el driver. La bola, a poco que alcance calle puede rodar y rodar convirtiendo a los pegadores natos en killers capaces de tener que hacer muy pocos metros con el segundo golpe para acercarse a bandera. Digamos que el de Barrika percibe esa excitación interior del alumno que abre el sobre con las preguntas del examen y se percata de que se las sabe prácticamente todas y optará a una gran nota.

No todo fueron luces, claro. Alguna bola acabó en latitudes poco deseables, pero Rahm se concentró en contabilizar hasta 15 hoyos potencialmente jugables con el driver, que seguro que mañana serán alguno menos, pues un componente de mesura nunca debe faltar. En el 15 recibió la visita de Nick Faldo, quien estuvo muy locuaz con el vizcaíno, compartiendo algunas anotaciones en el libro del campo y coregrafiando sin el palo en la mano movimientos y consejos sobre cómo funcionó en Carnoustie cuando lo visitaba en activo.

En un momento dado, Faldo y Mickelson charlaban. Estaban en la línea de bola a bandera de Jon. Por un instante dio la sensación de que se le pasó por la cabeza hacer un globo por encima de ellos. La sonrisa de esa 'travesura' afloró en su rostro, pero el trío se reunió tras la bolsa del de Barrika, y él y el jugador de San Diego, para regocijo de Faldo que lo grababa con el móvil, dibujaron bolas cenitales, vaselinas que superaban el obstáculo en vertical y aterrizaban dos metros después cerca del hoyo. Magia.

Acabado el entreno, tiempo para charlar con los medios, hacer alguna recomendación gastronómica en un test y el cobijo de la familia. El protagonista ayer era su hermano Eriz, que soplaba 30 velas cumpleañeras.

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