Rahm se mete en el partido estelar

Jon Rahm, este viernes, en la segunda jornada del Farmers./Reuters
Jon Rahm, este viernes, en la segunda jornada del Farmers. / Reuters

Su notable actuación le coloca tercero en discordia, a cuatro golpes de un Justin Rose que perdió pegada cuando tenía el torneo más que encarrilado

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Nada que objetar cuando una buena actuación es mejorada por un rival 'on fire'. Salvo la jornada inaugural con un Jon Rahm desmelenado con aquella tarjeta de 62 golpes en el campo Norte de Torrey Pines, Justin Rose ha mostrado las credenciales que le identifican como número uno del mundo. Lo que estaba en su mano más o menos lo ejecutó el jugador de Barrika, aunque es cierto que lamentó tres banderas que parecían suyas y acabaron sin ser escrutadas en su resultado. Tercero en discordia, con derecho a jugar hoy el partido estelar y por ello con opciones de soñar, de pensar en que otro buen día pudiera coincidir con la debacle del líder británico, que ayer perdió el paso en el sprint final.

Fue un buen día en este idílico rincón de la costa californiana para el vizcaíno, que aquí se siente como en casa. De no mediar su vínculo con Arizona al estudiar allí y la brutal presión fiscal que soporta el estado, su residencia podría haber quedado fijada en las inmediaciones de San Diego. Un birdie para abrir boca gracias a lo que fue una feliz constante. Su juego de tee a green coincidió con el de las actuaciones sobresalientes a las que tiene acostumbrados a su legión de seguidores. Atinó en el 1, se le atragantó la mañana en el primer par 3 -lo que es casi rutinario- y en adelante zanjó el resto de la primera vuelta en ritmo de caza. Cuatro birdies más en los cinco hoyos finales hasta el 9 le colocaban siempre cerca de la cabeza, entre los cuatro mejores clasificados.

Su mejor cota llegó precisamente con el birdie en el 9, cuando su 14 bajo par provisional le acercaba a sólo dos golpes de Justin Rose. El inglés era capaz de lo mejor y en ocasiones se dejaba sin facturar piezas que ya las imaginaba disecadas entre sus trofeos. Porque el británico había contado hasta con siete golpes de margen sobre el vizcaíno. A Rahm se le había escapado un putt de birdie en el 4 tras delinear un toque desde 16 metros.

De calle en calle y green en green, Jon Rahm no se arrugó al llegar a la franja crítica del campo, un 'back nine' que no regala nada en el recorrido sur de Torrey Pines. No acababa de acercar la bola con los segundos golpes todo lo que pretendía, pero tampoco se metía en fregados. Cumplió bien con el 10 y el 11. En el 12 visitó su primer arenal, pero demostró por qué es uno de los mejores recuperadores desde búnquer. Falló su primer fairway en el 13, el vivero particular que le proporciona resta de golpes en el Farmers. En siete vueltas previas había concentrado en ese par 5 dos eagles y tres birdies. Se fue esta vez a una zona sucia y pese a la demora en sus intenciones tuvo un putt de dos metros para birdie. No entró. Tampoco atinó con el mando a distancia en el siguiente, tripateando desde ocho metros, un paso y unos dedos. Una corbata le provocó el segundo y último bogey del sábado.

Cedía 7 golpes ante Rose y en su fuero interno lo entendía como algo injusto. Al menos no coincidía con los méritos acumulados, que eran notorios. Pero no bajó los brazos. Siguió a lo suyo y a Rose se le cruzó un fantasma del pasado y anotó un doble bogey que dejaba a Rahm a cinco golpes. El de Barrika quiso rebajar más la distancia y sintió que lo hacía al patear desde cinco metros en el 16. La bola iba recta, directa y el contrapelo del green la frenó a dos dedos. El birdie del 18 le compensó.