Rahm está en su salsa en Wentworth

Rahm, en un momento de la segunda jornada./Reuters
Rahm, en un momento de la segunda jornada. / Reuters

Colidera el torneo estrella del European Tour tras no inmutarse por una salida en falso que arregló con una equilibrada mezcla de paciencia y agresividad

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Mano dura para domar al campo. Sin olvidar usar la izquierda para pases de salón, para esos momentos necesarios de mesura y autocontrol. Se le percibe a Jon Rahm en su salsa en Wenworth, donde este viernes se acostaba como colíder tras la segunda jornada del BMW PGA. Aunque no se trate de un links, el aroma a continente europeo y el recuerdo de su infancia golfística activan sus irrefrenables ansias de ganar. Sin negarse la agresividad que hace de su juego una eficaz herramienta de trabajo, el vizcaíno sigue solucionando cuantos jeroglíficos le propone un campo, Wentworth, al que nunca antes de esta semana se había enfrentado.

Este viernes tuvo que comenzar a despejar incógnitas aún en frío. Bogeys en los dos hoyos iniciales fruto de salidas que iban bien y se envenenaron por un par de metros. Este campo elitista a una hora de Londres -donde su nuevo dueño chino estableció un cambio de 4.000 socios a 18.000 libras a 800 desembolsando 120.000 por acción- te dispara por la espalda si fallas tú el primer disparo. Consciente de ello, avisado, Rahm se cubrió con esos tres o cuatro metros de margen para iniciar su recuperación. Buenos hierros y putts de tiralíneas desde la tercera bandera del día. Cuatro conquistadas consecutivamente, la del 6 con un segundo golpe descomunal que la dejó desde 180 metros a menos de un paso de la diana. Y la quinta muesca se le escurrió tras un chip de más de 12 metros que flirteó con la cazoleta.

Llegó ya entonces a compartir el liderato con un Willett extraterrestre, que en cinco hoyos ya le había restado otros tantos golpes al West Course de Wentworth. En adelante, el inglés reaccionaba cada vez que el de Barrika se acercaba, hasta que acabó dándole caza en el fin de fiesta de la jornada. Antes tuvo que superar otro control de paso que le costó un golpe. Tripateo en el 10, par 3, fallando el segundo toque desde poco más de un metro. No demoró el cambio de tercio y volvió a apuntar al trapo. Con suerte y lamento a veces en el mismo envase. Como la salida del 11 que se estrelló contra un árbol para volver a la zona de rough más cercana a calle, o el corbatón que describió esa misma bola cuando la teledirigía para birdie desde seis metros.

Dos delicadezas, sendos birdies y un -9 ya importante en su tarjeta. Con opción de eagle no canjeado por la distancia equivalente la uña de un meñique de niño en el 12 y un putt desde más de ocho metros partiendo del fringe, el antegreen de toda la vida. Perseveró mientras a Willett se le paraba la vuelta -todo pares y un bogey desde el 12- e hizo sonar la campana en el 18. Puso su salida en calle, aunque mientras la bola volaba nos temíamos lo peor al soltar de mala gana el driver en señal de desaprobación. De haber pegado mejor la hubiera sacado del condado. Hierro 4 para una delicia de segundo golpe, con partes iguales de tacto y agresividad, y remate para eagle desde menos de tres metros. Tiene abiertas de par en par las puertas de su cuarto Rolex Series.

El eagle 41 de su carrera profesional

La guinda al pastel ha sido un eagle de esos que identifican a una estrella. Por poder, mirando a los ojos al trapo. Hace el número 41 en su carrera profesional. El primero lo firmó en el 16 de Glen Abbey (abierto de Canadá). El undécimo de su cuenta, en el Silverado de Napa, fue además su único 'ace' hoyo en uno en el golf de pago. En 'Majors' concentra cinco en el Masters, dos en los hoyos 8 y 13 y uno en el 2. Su anterior eagle lo firmó en el BMW Championship de Medinah, en los play-off de la FedEx Cup.