Un Jon Rahm agresivo tira de 'driver' y acaba dos bajo par

Rahm desciende de la atalaya del tee del 3 conla satisfacción de haber dado el golpe del día. / EFE

Le roba dos golpes a Carnoustie en la que ha sido su primera mejor vuelta de los ocho 'majors' que tiene como jugador profesional

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Promesa cumplida. Jon Rahm en esencia concentrada. El The Open le ha abierto una puerta y ha entrado dando aldabonazos como llamada. La sequía, que hasta ha dejado sin agua la mayoría de los canales que actúan como trampas en Carnoustie, ha convertido el campo en un tapete de juego diferente. Tanto que acepta el cambio de reglas, de forma de jugar. De nada sirve recurrir a la imagen tantas veces vista de jugadores y público a la intemperie en pleno mes de julio, soportando lluvia y frío. Volverán esos días, pero no en esta edición del Open Británico. Al menos es lo que apunta el parte, que limita que nos podamos mojar a una par de horas de la jornada de hoy. Por eso, el de Barrika tuvo claro y así lo avanzó que estaba dispuesto a jugar a otra cosa, a dejarse llevar por sus sensaciones más allá de lo que marque la etiqueta, el dressing code llevado al mundo de la estrategia. Guerra a lo convencional. Y se apuntó la primera batalla al adelgazar en dos golpes el par del campo, lo que le bastó para acostarse sabiéndose en la octava plaza compartida.

El 'driver' iba a ser su arma letal, el bate con el que reventar las bolas en la salida. Es la ley, junto al putter. Aceptó las consecuencias, dado que la ausencia de un rough amenazante –sólo zonas aisladas concentran algún escenario que sería mejor no visitar– le permite corregir derivas. Porque Carnoustie es un campo que concentra los problemas a su paso, sobre todo con búnquers en calle de pared frontal elevada. Si caes, o te queda muy atrás en el albero o sólo puedes devolverla lateralmente a una zona jugable. Y con la determinación de ser pegador Rahm apostó por dejar las trampas atrás a cambio de acercarse lo máximo posible al green. El peaje fue no jugar todo lo recto que quisiera, pero la penitencia era la de una falta venial. Muy llevadera. Testimonial.

En el 1 no sacó más rédito que Fowler y Wood, sus compañeros de partido, jugando hierros. En el 2 ya fue mucho más recto y su putt de birdie acabó con la bola colgando del agujero. Le pasaría lo mismo en el 9 y el 18 y además tuvo otros dos dados. Y en el 3 llegó el escándalo, la bendición, el manual del jugador de golf que quiere hacer saltar la banca. 'Jon sin miedo' volviendo a escena.

Es un par 4 de unos 320 metros que tiene una concentración laberíntica de trampas, desde búnquers a dobles planos coronado por una ría con un paso mínimo para una bola rodada junto a un puente. Le tocaba jugar a él porque así había sido desde el arranque y nadie en el trío había aún anotado un birdie. Pero pegaron antes Fowler y Wood. Rahm, quieto, apoyado en la bolsa, mirando al horizonte. A escasos metros está el green del 5 y el tee del 6 y la actividad se multiplicaba. Él a lo suyo, como en un estado de levitación mental sobrevolando el itinerario que tenía pensado para su bola. Corría el tiempo y nada. Hasta que trascendió lo que sucedía. Había enviado a sus rivales de avanzadilla porque iba a tirar a green, con un par. Ocho minutos después desenfundó el mazo y le dio tal meneo a la bola que la puso donde quería, sobre el tapete tras un vuelo interminable en el que fue dejando atrás a sus posibles captores, librando el obstáculo de agua y las arenas finales por un pasadizo imaginario.

No culminó con un eagle, pero su primer birdie del día concentró su manifiesto, su ejercicio de intenciones. Había quedado inaugurada la primera edición del 'driver eguna'. Y todo apunta a que tal como está la caprichosa Escocia habrá más. Así una y otra vez, variando algún hoyo en el que la posición de bandera le hizo recalcular. En total, once mandoblazos con el driver con un peaje aceptable: una bola a una acequia en el 4 y un búnquer del que salió mal, igual que la ejecución del posterior approach. Dos bogeys que fueron contestados con una tacada seguida en el 5 (con un gran putt lateral cuesta abajo) y 6, anotando ya para entonces como birdies la mitad de los hoyos jugados.

El líder con -5

Solo cogió los hierros, más o menos como había ideado en su plan inicial, además de los pares 3, para salir en el 5, 7, 15 y 17. Dio mucho tema de conversación su decisión inamovible de convertirse al culto al driver, pero lo cierto es que pateó bien y a lo sumo se le podrían anotar en su debe un par de golpes con déficit de ejecución. Todo ello en su mejor primera jornada como profesional en un 'major' en los ocho que acumula. El 69 que firmó es idéntico al del año pasado en el The Open de Royal Birkdale, pero aquel campo es un par 70 y Carnoustie un 71, con lo que el -2 de ayer prevalece como recorrido de mayor calidad.

El listón del día lo puso pronto Kisner con -5, seguido de Van Rooyen, Finau y Lombard a un golpe. A tres, Rahm formaba parte de un séquito compartiendo el octavo puesto. Hoy saldrá a jugar a partir de las 16.10 (hora española).

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