«En un minuto supe que Jon es distinto»

Adam Hayes sigue el trabajo de Jon Rahm con Edu Celles durante la semana pasada en la escuela de Derio./Fotos: Roberto Arnaiz
Adam Hayes sigue el trabajo de Jon Rahm con Edu Celles durante la semana pasada en la escuela de Derio. / Fotos: Roberto Arnaiz

Dice que le tocó «el gran premio» cuando unió su destino al de Rahm, cuya capacidad de reacción «no la tiene nadie»

JOSÉ MANUEL CORTIZASel correo con rahm en THEOPEN

Marchó encantado de su primera incursión en el País Vasco. Con Plentzia como centro de operaciones, Adam Hayes disfrutó la pasada semana de unos días de asueto junto a Jon Rahm y Jeff Koski, el responsable de la empresa Lagardére Sport que se encarga de la representación del jugador de Barrika. Cargar pilas es indispensable en la vida de un caddie como el estadounidense, que ha acompañado al vizcaíno en sus dos años ya cumplidos como profesional. Estamos a las puertas de un 'major' como el The Open en el que ya trabajaron a pie de obra en Carnoustie junto a Tommy Fleetwood y hoy repetirán con Rory McIlroy.

Durante una hora, Hayes charla con EL CORREO de Jon Rahm. La impresión que queda coincide plenamente con lo visto en el seguimiento de este diario al nuevo 'enfant terrible' del golf mundial. Forman una pareja con química, empatizan, son muchísimas más las cosas que les unen. Hasta han superado el posible hándicap de la edad. Jon es más maduro de lo habitual con 23 años y Adam propone una apertura mental más joven de la media que se encuentra al llegar a la cuarentena.

No se puede negar que llevan dos años de relación muy intensos.

– Han sido increíbles, aunque tampoco me han sorprendido del todo. Sabía quién era Jon, sus virtudes, que era un jugador extraordinario desde el principio. Ha tenido mucho éxito y muy rápido, quizá eso sí ha sido sorprendente, aunque sabíamos que los éxitos iban a llegar. Las expectativas crecen y lo hacen mucho más en momentos como este, cuando estás en un 'major'. El foco está en esta semana en Carnoustie y en un mes en St. Louis en el PGAChampionship. Es muy excitante.

¿Tiene la sensación de que le ha tocado la lotería al acabar unido a un diamante como Rahm?

– La relación entre caddie y jugador siempre es interesante, peculiar, ojalá que fuera siempre divertida. Hemos encajado muy bien, empatizamos desde el primer minuto y eso tampoco es normal. Hay muchos ejemplos de equipos que se forman para unas semanas o unos meses y luego se separan porque no hay química.

«Nunca le digo lo que debe hacer, le doy opciones y él decide. La regla número uno es que él es el jefe» Roles

«El golf necesita jugadores así. La agresividad debe encajar con el resto. Si se la quitas, no es Jon Rahm» Carácter

Se lo preguntaba por la dimensión y consecuencias deportivas, laborales y económicas, que tiene trabajar para un jugador de los que salen uno cada mucho tiempo.

– Sin duda, me ha tocado el gran premio. Estoy encantado de trabajar con él y deseo poder hacerlo durante muchísimos años, pero en este negocio no se puede dar nada por hecho. Forma parte de las relaciones personales. Por ahora, todo perfecto.

¿Pidió referencias sobre él, se informó de su potencial, también de su carácter?

– La verdad es que no. Ya sabía quién era Jon por su carrera universitaria, era un Top 5 clarísimo como amateur y te fijas. Con la única persona que hablé sobre Jon fue con el entonces caddie de Phil Mickelson, Jim Mackay 'Bones', que de hecho influyó en que nos acercáramos y conociéramos. Pero nunca investigué, si es a lo que te refieres. Las relaciones deben ser naturales y con Jon lo han sido desde el primer momento.

¿Tardó en darse cuenta de que es un jugador distinto?

– Creo que un minuto. La primera vez que le vi pegar la bola fue en Arizona. Bueno, sería mejor decir la primera vez que oí cómo jugaba desde el tee con el driver. Escuché el sonido del impacto y me transportó a los más grandes pegadores. Y siendo español estaba claro que en el juego corto también iba a destacar como lo hicieron Seve, Olazabal y Sergio, que eran y son mágicos en el green. Pegándole tan bien a la bola en la salida y con esa mano española con el putter, la combinación era y es brutal.

Igual que San Diego

¿Cómo vivió la primera victoria en Torrey Pines?

– La semana anterior había jugado muy bien en Palm Springs. Torrey Pines es un gran campo de golf para las cualidades de Jon y por eso no me sorprendió mucho que ganara, porque la combinación de links, tamaño y sentido de las calles, la lectura del viento, le eran afines. Después, al estar la pasada semana en el País Vasco he entendido por qué le van bien esos campos de California. De verdad que estar en su casa ha sido como estar en San Diego por campos, clima, paisaje y calidad de los recorridos.

¿Cómo es la intrahistoria, lo que no se ve cuando las cosas no salen?

– Es difícil, pero ocurre, es golf y te va a pasar. Y necesitas aprender que jugar mal tiene consecuencias y eso es muy importante en el desarrollo de un jugador. Es muy peligroso, aunque parezca lo ideal, acostumbrarse a sacar siempre resultados, a que el juego surja. También tienen que darse esas situaciones que, además son muy solitarias.

Cuando ocurre, ¿es mejor dejarle solo?

– (Se toma su tiempo para contestar). Lo primero es que, juegue bien o juegue mal, yo sigo siendo su caddie, su amigo. Si lo hace mal o juega de maravilla es golf y puede ocurrir, no cambia nada en la relación. Y no se vuelve loco cuando las cosas no salen. Ni hay que hacer nada especial. Muchos lo hacen mucho más y acaba influenciando su juego. Jon lo recicla.

Habla de amistad, compañerismo, química... pero no hay que olvidar que ante todo es su jefe.

– Para mí es fácil porque llevo muchos años en el oficio y en todo momento tengo claro cuál es mi papel. Me gusta una relación en la que en todo momento él sepa que es el jefe. Yo nunca le digo lo que tiene que hacer, le doy opciones, le abro puertas a que tome decisiones y él lo hace, claro. Jon toma las decisiones y hay que respetar y apoyar todas.

¿Cuántas veces le habría matado por tomar una mala decisión?

– (Ríe) Alguna que otra. Pero la verdad es que ni te lo planteas. En su trabajo está tomar decisiones constantemente y lo hace. Y por supuesto, la inmensa mayoría de las veces acierta. Y cuando no lo hace, recurres a la regla número uno, que el jefe siempre tiene razón.

Pero cuando ocurre, que no acierte, usted está tan expuesto en el campo que hasta tendrá que tener dotes de actor y poner cara de póquer. Como en el hoyo 12 en Francia con aquel triple bogey por insistencia de Rahm en querer sacar la bola hacia adelante.

– La verdad, te sientes enfermo por dentro. Aquellos roughs (en Le Golf National) son muy tupidos y espesos. El primer golpe siempre tienes que tirarlo hacia adelante, quizá el segundo ya se podía haber buscado sólo calle cerca. Y todo tiene su parte buena y no es ni un consuelo ni una excusa. Jon ha aprendido de eso. Si esta semana en The Open Championship sucede algo parecido tendrá más información sobre cómo actuar. Y luego él decidirá.

Francia e Irlanda han mostrado la verdadera dimensión de Jon Rahm. Metiéndose en problemas de doble y triple bogeys llegó con opciones de ganar al último de los 72 hoyos jugados. Otros se descomponen ante los reveses. Él reacciona, estalla en positivo.

– Por eso es diferente al resto de jugadores, uno de los mejores del mundo. Puede estar jugando con el plan B o el plan Cy aún así tiene opciones de ganar. Su capacidad para reaccionar y superar tropiezos no tiene hoy en día comparación con ningún otro jugador.

Se puede decir que es más peligroso cuando está herido.

– Es capaz de sobreponerse a todo. Y no sólo me refiero a que te salga mal un hoyo. Si en el torneo no siente que su juego fluye como debe, que tiene problemas en las salidas o en los greens, es capaz de superarlo y encontrar su camino.

Nada personal

Su carácter le acompaña. En negativo hay mucha gente que lo quiere utilizar como arma arrojadiza. Y él lo reivindica para que no le falte la agresividad que necesita en su juego.

– Todo en la vida necesita un balance. La agresividad en el juego es parte del carácter natural de Jon. Si se lo quitas no tienes al verdadero Rahm. Y la gente olvida algo importante. Jon tiene veintitrés años, está en pleno proceso de madurez. Es un número uno, pero sigue en formación. Esa parte de su ser tiene que estar siempre ahí, con él, pero como un elemento que encaje con el resto de las piezas.

PRECEDENTES

Inicios.
Hayes jugó al golf en el Brevard College y la Universidad Central Florida. Le inocularon el veneno de este deporte sus abuelos.
Como caddie.
Ha trabajado en el circuito femenino y en el PGA con Ben Crane, Jason Dufner, Webb Simpson, Jonathan Byrd, Vaughn Raylor y Russell Henley.

Cuando se le ha cruzado el cable y le da un par de golpes a la bolsa o al suelo, o tira el palo, que usted le ha hecho recoger en alguna ocasión, ¿cómo debe actuar el caddie? Sigue siendo su jefe, pero hay que poner límites.

– Es complicado. Si pierde el rumbo porque ha jugado mal es su manera de ser. Nunca te lo puedes tomar como algo personal hacia ti. Luego él lo ve en televisión, en los medios, en todas partes. Sabe que cuando pasa eso hay un reflejo. Nunca se ha tratado de algo contra mí, personal, por lo que hay que dejarle que sea él mismo, que salga su manera de ser. Y luego cuando lo va viendo reflejado no es bonito y se da cuenta de que lo debe cambiar. Es un proceso. Lo que te decía antes. Hay que tener un balance, depende de cada situación, de cada momento. Cogeré ese palo casi siempre, pero igual hay ocasiones en la que lo mejor es cargar la bolsa y seguir adelante.

Ha habido comentarios duros en Estados Unidos y cada vez hay más cámaras junto a Jon en busca de esas reacciones. ¿Molesta?

– Mi opinión personal es que los medios presentan las historias. Si Jon se vuelve loco es parte de la historia. Dicho eso, tengo muy claro que el golf necesita de jugadores con esas reacciones, con ese carácter. El de Jon, el de Sergio o Justin Thomas, gente diferente. No es agradable que muchos medios quieran centrarse en esa parte de Jon que está ahí. Pero la inmensa mayoría se queda con el gran jugador que es. También en América, aunque las cámaras muchas veces busquen otra cosa.

«Quizá caiga el primer 'major' esta semana»

Hayes entiende que al de Barrika le ilusione de manera especial poder ganar The Open. «Es el único en Europa, y en la cuna del golf»

Buenas vibraciones. Por juego, pálpito y precedentes. Rahm completó un buen periplo continental tras cruzar el charco, con opciones de ganar hasta el hoyo final los Open de Francia e Irlanda. Y tras hacer un descanso activo y volver a sentir el roce familiar durante seis días, viajó el sábado a Escocia con el talante de un candidato a soñar con acceder al Olimpo de la bolsa de los catorce palos. Por su mente pasan fugazmente imágenes muchas veces vistas, las de Seve Ballesteros atrapando con su magia a los aficionados británicos, entendidos donde los haya y vacunados contra el postureo. Adam Hayes también siente algo especial.

– ¿Cuándo va a caer el primer Grande?

– Pronto. Quizá esta semana.

– ¿Va a su jefe tan obsesionado como el año pasado por ganar un 'major'?

– Sí. Y es muy difícil porque hay una enorme concentración de grandísimos jugadores que lo pueden ganar, muchos más que en la época de Jack Nicklaus o Tiger Woods, con todos los respetos a cuando ellos ganaron. Es mucho más difícil ahora que hace diez años.

– Si le dejaran elegir, se estrenaría con el The Open.

– Todos los 'grandes' son importantes. Puedo entender su preferencia porque es el único que se juega en Europa y además es ganar en la cuna del golf.

– El triunfo en el Open de España fue la culminación a un torneo único. ¿Imaginaba 50.000 personas en España al reclamo básicamente de Jon Rahm?

– Estamos acostumbrados a jugar ante mucha gente. Pero nos impactó que la mayoría fuera a seguirle a él porque nunca le habían visto jugar. Jon se sentía muy obligado a ganar.

– En la Ryder Cup va a llevar la bandera de Europa. ¿Le van a tachar de traidor en su país?

– (Ríe) Estoy deseando hacerlo. Siempre he admirado al equipo europeo por cómo se comportan como equipo, como bloque. Los estadounidenses lo intentamos, pero hay demasiado culto a lo individual.

– Ya conoce Le Golf National, el escenario. Será una locura.

– Por concepto de campo, público, la manera de vivirlo podemos estar ante una de las mejores Ryder Cup de la historia. Y lo más importante es la calidad de los jugadores. Las dos listas son increíbles, pero en esta competición ese espíritu de equipo marca la diferencia y la función del capitán es vital.

 

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