Miguel Peiró, la promesa de Mungia en el mundo del karting

Miguel Peiró, la promesa de Mungia en el mundo del karting

«En estas primeras carreras como junior he tenido muy mala suerte», asegura el joven piloto vizcaíno

MIKEL GARCÍA

Cuando tenía siete años Miguel Peiró recibió su primer kart. Tanto él como su padre son unos apasionados de los coches y su recompensa por ser buen estudiante fue su primer vehículo. Desde entonces su carrera al volante no ha parado de crecer. De hecho, el joven piloto de Mungia es el actual subcampeón de España de la disciplina en su categoría.

Esta temporada, a sus 11 años, Peiró ha dado el salto a junior. Está disputando tanto el campeonato de España como el Europeo y hasta la fecha lo hacía en el FARacing Spain. Sin embargo, de ahora en adelante lo hará en la nueva escuadra en la que su progenitor es uno de los impulsores. «A partir de ahora voy a correr con ETMC Competición. Es de nueva creación que ha fundado mi padre junto a otras dos personas. Va a ser un equipo que va a servir para tecnificar tanto a pilotos, como mecánicos e ingenieros», explica.

El estreno en categoría junior no ha sido sencillo para el joven Miguel. «En estas primeras carreras he tenido muy mala suerte», lamenta. Averías, toques, numerosos problemas que en momentos determinados han impedido al vizcaíno demostrar su valía al volante. «Hace un par de semanas en Italia logré salir tercero, pero al final por una sanción concluí decimosexto», comenta. Peiró ha notado el salto de categoría. «Se nota sobre todo en el aspecto físico», explica. Para ello, la preparación es fundamental. «Sigo compaginando el karting con el pádel y el fútbol, pero este año he empezado a entrenar en el gimnasio», subraya. El cambio de categoría implica un aumento de potencia en el kart, lo que hace que requiera una mayor fuerza física. Pero este no es el único cambio. «Los coches son más potentes y cuando tienes algún toque los daños que se generan en el kart son mayores», revela.

El vizcaíno, a pesar de los problemas que ha tenido en el inicio de temporada, consiguió un sexto puesto en la segunda cita del campeonato de España. Aún resta mucha temporada por delante y el objetivo que se marca es el de «aprender». «El año que viene continuaré en la categoría junior y quiero seguir cogiendo experiencia», cuenta y añade que «aunque he tenido mala suerte en las primeras carreras y luchar por los campeonatos está prácticamente imposible, el objetivo en las pruebas que resta es intentar conseguir algún podio».

Las sensaciones que genera

Se dice que a los pilotos no es sangre, sino gasolina lo que les corre por las venas. La adrenalina que se genera al conducir a toda velocidad. Las sensaciones que sienten cuando se encuentran solos en su vehículo ante el resto de sus rivales. Admite Miguel que «lo que más me gusta de la competición es la rivalidad que se genera. El intentar ser el más rápido para ganar a tus rivales».

Sin embargo, para ser el más veloz es importante el entrenamiento. «Los fines de semana suelo entrenar en el circuito», indica. Y a medida que se aproxima una prueba comienza el ritual de conocer el trazado donde se va a desarrollar. Pero de la misma manera que entrenar es importante para mejorar como piloto, también lo es el descanso. «Ahora he encadenado cuatro semanas seguidas de competición y descansare un poco», explica.

Un doble esfuerzo

Los desplazamientos a las carreras implican que Miguel tenga que perder días de clase. «Cuando me toca viajar siempre me tengo que saltar algún día el colegio», revela. No obstante, cuenta con la ayuda de sus amigos para ponerse al día. «Me suelen pasar lo que han estudiado y las tareas que hay que hacer para que yo pueda hacerlas mientras estoy fuera», comenta. «Además, cuando tengo algún examen y me pilla fuera me lo suelen retrasar», añade.

Los fines de semana de competición son un doble esfuerzo para Miguel. «Una vez acabo de entrenar voy al hotel mientras mi padre se queda dando los últimos retoques al kart para poder estudiar», explica. «Hasta ahora en el equipo en el que estaba un miembro del equipo me acompañaba hasta el hotel para que pudiese estudiar», concluye.

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