MIGUEL ÁNGEL Y EL VALOR DE SU CAMISETA

La petición de un niño nos recuerda que nos iría mejor si lo normal no fuera noticia

La camiseta que quería el niño./
La camiseta que quería el niño.
JON URIARTE

«Es algo normal, me gusta cómo juega y quería su camiseta. No entiendo que me llamen tanto». Doce años y nos acaba de dar una lección impagable. Les pongo en antecedentes. Las pasadas navidades Miguel Ángel pidió de regalo de Reyes la zamarra del Betis. Es un aficionado que lleva en la sangre y en el ADN familiar los colores verdiblancos. Hasta ahí nada raro. Pero entonces su padre, del que heredó nombre y colores, le preguntó si quería la de algún jugador en concreto. Y el chaval respondió «la de Irene Guerrero». Se hizo el silencio. Semanas después el padre sigue recordando la lección que recibió ese día de su hijo. La misma que hemos aprendido los demás y debería aprender todo el mundo. Que su petición es algo normal. Pero no. Al menos, no lo es de momento.

Esta ha sido una semana de manadas de depredadores sexuales que creen que viven en un vídeo cutre de porno barato y que han ocupado grandes titulares. Se ha hablado mucho de los valores y del respeto a la mujer. Por eso no puedo evitar recordar esta pequeña historia de Miguel Ángel. Lo hablábamos con su padre, instantes antes de teclear estas líneas. El hombre tiene muy claro que vivimos en un tiempo donde lo anormal se graba en vídeo y lo normal se desprecia. O se insulta. Luego ahondaremos en este asunto. Antes les voy a hablar de Miguel Ángel. Tiene una hermana, Lucía, dos años mayor que él. Una adolescente de 14 que, al igual que su madre Maribel, es socia y asidua de los partidos del Betis Féminas. Citas a las que también acuden el padre y el hijo. El caso es que el pequeño disfruta del fútbol, sin importarle la condición sexual de la persona que dribla. «Yo veo fútbol, jugadas, goles... me da igual si son chicas o chicos», insiste con voz de niño, pero con una convicción que para sí la quisieran muchos adultos. Su padre nos confirma el dato. «Ve al masculino y al femenino con los mismos ojos». De ahí que le guste cómo le da a la pelota la capitana.

Redes sociales

«Juega de medio centro, igual que yo. No siempre va al ataque, porque mantiene el balón, analiza las posibilidades, ve los huecos...». La descripción de su ídolo nos deja claro que lo suyo no solo es pasión. Hay reflexión. De ahí que, de todas las camisetas posibles, él quisiera la de Irene. Parte de la culpa la tienen sus padres. Se señala a Internet, a las redes, al sistema educativo...pero nada o poco a lo que pasa en casa. Error. Los Valdecantos Calderón tratan a sus hijos de la misma manera. Por ello, Miguel Ángel y Lucía han practicado los deportes que han querido, sin distinción de sexos. De hecho el pequeño estuvo en un equipo mixto de voleibol, antes de decantarse por el fútbol. Una disciplina en la que, a tenor de lo que dice Irene, apunta buenas maneras. Lo sabemos porque hemos hablado con ella y nos confirma que ya se han visto un par de veces. En realidad hay una tercera, y anterior, que tiene mucho que ver con la elección del regalo de Miguel Ángel. «Le mandamos a un campamento de verano y allí descubrió que la capitana del Betis trabajaba como monitora y tenía que ganarse la vida fuera del campo de fútbol», rememora su padre y entendimos que el chaval acabara admirando, aún más si cabe, a Irene Guerrero.

Pasó el tiempo y estas navidades los Reyes recibieron esa poco frecuente petición, que ha acaparado titulares y que ha corrido a mil por hora por las redes. Lo que me lleva al asunto que dejábamos pendiente en el segundo párrafo. No todo han sido aplausos. Es sabido que los cobardes se escudan en las redes como las ratas en las alcantarillas. Y que provocan la misma arcada. Sobre todo cuando hacen mofa del tema y tildan al niño de «blandito» o de cosas más radicales que no recordaré aquí. Se ve que optar por la camiseta de una jugadora denota una inclinación sexual o un determinado carácter. No pongan esa cara. Tontos hay muchos. Cada día más. Y de basura humana no hablemos. Tenemos para exportar. Total que un acto del que deberíamos aprender se convierte en sospecha de no sé qué para los mierdas de siempre. No, la culpa no está en Internet, ni en las redes, ni en el porno. Sino en la mente enferma de gente que no sabe que está enferma. Luego nos extraña que unos violadores graben sus atrocidades. ¿No entienden que para ellos es algo normal? En cambio para Miguel Ángel lo normal es que tu ídolo sea un profesional que no mea de pie. Porque es una jugadora. Una mujer. Una persona. Ojalá haya más chavales como él. De lo contrario los imbéciles dominarán la Tierra. En fin, soy del Athletic pero hoy quiero cumplir una promesa y decirle a ese pequeño bético, de todo corazón-¡Olé tú chaval y viva er Beti...manque pierda!-».

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