Tres deportistas de récord

Kristian Quintans, Jon Salvador y Fernando Téllez tras conseguir el récord./Pankra Nieto
Kristian Quintans, Jon Salvador y Fernando Téllez tras conseguir el récord. / Pankra Nieto

La triatlón solidaria que están realizando tres vizcaínos ha comenzado esta mañana con la prueba de Fernando Téllez en la piscina de San Mamés

LUIS CALABOR NÚÑEZ

Lo consiguieron. Los vizcaínos Jon Salvador, Kristian Quintans y Fernando Téllez batieron este jueves el récord del alemán Michael Lange en el Ironman de Hawái - fijado en 7 horas 52 minutos y 39 segundos-. Lo rebajaron en una prueba a relevos en 1 minuto y 43 segundos -detuvieron el crono en 7 horas 50 minutos y 54 segundos-, en una competición solidaria bautizada con el nombre de 'Alironman'. Los beneficios del evento, que se llevó a cabo entre el polideportivo de San Mamés y la txosna de la comparsa Gogorregi, irán destinados a la Fundación Síndrome de Down del País Vasco.

El primero en iniciar el reto fue el nadador Fernando Téllez. A las 13.00 horas arrancó en la piscina bajo el estadio del Athletic. «Estoy nervioso, pero sin el nervio estaría aplatanado», reconocía instantes antes de saltar al agua. Acostumbrado a nadar 3.000 metros, le esperaban 3.800. Algo que, explicaba, podía ser «duro» psicológicamente para él, como si fuese «una maratón». Le costó coger el ritmo, pero a partir de los 300 metros mantuvo una media de 1 minuto y 15 segundos a los 100 metros. Justo lo que necesitaba. Sumada la transición a la siguiente especialidad, detuvo el tiempo en 50 minutos y 12 segundos.

La papeleta más difícil la tenía Quintans, allá por las dos de la tarde, que debía recorrer 180 kilómetros en una bicicleta estática. A él le tocó dar pedales en la txosna de Gogorregi. Buena parte de las opciones de lograr el récord estaba en sus piernas. «Se hizo duro porque, a esas horas, no había tanta gente», reconocía una vez terminado el recorrido, que completó en 4 horas y 18 minutos aproximadamente. Al igual que Téllez, el tiempo pensado para poder batir la marca. «Lo suyo era lo más importante, y no tuvo ningún problema para cumplir con lo esperado», explicaba Javier Berasategi, árbitro internacional que cronometró las tres pruebas.

Contratiempo para Salvador

Jon Salvador tenía la misión de cerrar el ironman. Y no fue, para nada, un camino de rosas. Al de cinco kilómetros tuvo que retirarse para ir al baño. Después, a 10 kilómetros del final, se vio obligado a cambiar de máquina porque empezó a dar problemas.

Salvador estuvo acompañado por una gran multitud de gente y una orquesta que no paraba de animar al erandiotarra. Todos ellos, expectantes. El corredor, por su parte, comenzó a dar muestras de fatiga a partir de los 35 kilómetros. «Si no se ha muerto en el desierto, no se va a morir en Bilbao», decía en tono de broma Berasategi, en referencia al podium que consiguió en la maratón del Sahara. Llegó a los 18 kilómetros por hora, y aun así había momentos en los que parecía que no lo iba a conseguir. Por ejemplo, antes de alcanzar la barrera de los 40 kilómetros, cuando estaba 20 segundos por debajo del récord. Además, tuvo una pequeña caída, pero que no le hizo detenerse.

Sus compañeros lo decían. Salvador sabe sufrir. «¡Vamos Jon!», coreaba el público de la txosna, entregado totalmente al atleta. Por cada kilómetro menos aumentaba el ruido de la orquesta. Así hasta los últimos mil metros, donde la tensión ya estaba por todo lo alto porque el tiempo estaba puntillosamente medido. Enfrente de Salvador estaba su madre, emocionada junto a su esposa. Hasta el final, cuando logró batir el récord. Pero lo importante, dijo él, era «la gente que va a salir beneficiada». Un día para el disfrute en plena Aste Nagusia.