La liturgia de Kerman

Kerman Lejarraga besa a su mujer y abraza a su hija después de derrotar al inglés. /FOTOS: BORJA AGUDO
Kerman Lejarraga besa a su mujer y abraza a su hija después de derrotar al inglés. / FOTOS: BORJA AGUDO

La resaca de otra celebrada victoria del campeón de Europa, en una velada con episodios e imágenes para recordar en el BEC, preludia capítulos que pueden hacer historia en el boxeo vasco

J. A. PÉREZ CAPETILLOBilbao

«¡Enseñemos al mundo cómo se recibe a un campeón!», proclamó el 'speaker' cerca de la medianoche en el previo del combate entre Kerman Lejarraga y Frankie Gavin. La asistencia del casi abarrotado Bilbao Exhibition Centre de Barakaldo se hallaba ya preparada, nerviosa y expectante para recibir a su campeón. Las luces se apagaron. Retumbó entonces en los altavoces el 'Welcome to the jungle' de Guns N' Roses y se dio inicio a la liturgia de Kerman. Decenas de personas se apostaban ya, desde que acabó el combate anterior, en el pasillo por donde iba a cruzar su ídolo camino del ring. Su sombra se vislumbró entonces a través de las enormes pantallas colocadas cerca de la zona de vestuarios. Y, entonces, la pasión se desató. El BEC rugió. «¡Uh, uh, uh, uh!». Ese estruendo entre tenebroso y ardiente que le acompaña al de Morga antes y durante cada una de sus victorias. Allí estaba el 'Revólver', protegido por su séquito. Y allí estaban sus diez mil balas. Las que le iban a empujar para noquear al abroncado púgil inglés, que asistía en solitario en el cuadrilátero a la ceremonia solemne de aparición de Kerman.

Luego, visto lo que ocurrió en el pesaje, era cuestión de descubrir cuándo le iba a tirar el vizcaíno. Una combinación de guantazos del 'Revólver', rematada con un certero y fatídico golpe al costado del de Birmingham cerró la velada. Los 10.000 espectadores que habían censurado la actitud y falta de profesionalidad del británico (muchos corearon la palabra 'gordo') ya habían olvidado para ese momento el triste episodio de los dos kilos de más. Solo querían ver de nuevo a su campeón. El de Europa. Y aspirante pronto a serlo del mundo. 27 de 27; y 22 victorias por K.O., como la obtenida ya en los albores de la madrugada del domingo. La imagen de Frankie Gavin tendido en la lona, dolorido y humillado, será recordada en las memorias de Kerman Lejarraga, que no celebró su último éxito hasta que vio a su adversario más recuperado.

La velada de MGZ en el Bizkaia Arena duró cerca de cinco horas. A las seis de la tarde del sábado, las distintas estaciones de metro acogían mucho público que se dirigía al BEC. Los locales hosteleros de las inmediaciones hacían caja. Y ya con el primer combate entre David Soria y David 'Currito' Calvo, ganado por el primero, las gradas ofrecían un gran aspecto con algunos grupos de aficionados que se divertían con cánticos para dotar del mejor ambiente al espectáculo. El boxeo se vive de una manera especial. A la primera pelea le siguió la del campeón de España de los súper welter, Jorge Fortea, contra Rafael Chiruta, que subió al ring con una txapela. El público coreó el apellido del rumano cuando le dieron el combate por perdido en la única decisión dudosa de la noche. En ese instante ya se veía entre las sillas de pista a jugadores del Athletic como Iñaki Williams, Peru Nolaskoain y Yuri Berchice (Kerman volvió a salir con la camiseta rojiblanca número 12 del de Zarautz), o a ex rojiblancos como Rafa Alkorta, así como a personas conocidas de la sociedad vizcaína y de otros lugares como Miguel Ángel Rodríguez, 'el Sevilla', cantante de los Mojinos Escozíos que llevaba una camiseta del campeón de Morga y que se sacó amable numerosas fotografías con quien se lo pidió. Pasaban las nueve de la noche cuando Jon Miguez se enfrentó y ganó al incómodo marroquí Abdessamad Nechchad. Al comienzo de este combate se vio a Frankie Gavin, con sus entrenadores, entre los asientos cercanos al ring. Quizás quería testar el ambiente a la espera de alguna reprimenda que nadie le lanzó en ese momento. El público, respetuoso, le censuró, y mucho, cuando tuvo que hacerlo.

Jon Miguez se enfrentó y ganó al incómodo marroquí Abdessamad Nechchad.
Jon Miguez se enfrentó y ganó al incómodo marroquí Abdessamad Nechchad.

Tras la victoria del 'Good Boy' Miguez, el punto de ebullición era ya el adecuado. Tocó el turno a Óscar Amador de Nicaragua y a un púgil de Tijuana, Roberto Ramírez 'El Rifle', que solo por elegir el 'Crazy Train' de Ozzy Osbourne para saltar al ring ya merecía vencer como lo hizo. El disgusto de la noche llegó con la justa derrota del local Ibon Larrinaga ante un buen boxeador como el madrileño Carlos Ramos, en un litigio por el título de España del peso pluma. Otra de las reprobaciones de la noche, al margen de las lógicas a Gavin, se produjo cuando sonó el himno español en el previo de este combate que paró Txutxi del Valle en el séptimo asalto para que su pupilo no sufriera más de lo necesario. La final de Kicboxing fue el preludio del momento álgido. A partir de ahí, llegó el éxtasis, el esperado momento de la siempre enigmática aparición de Kerman con su rostro oculto por un pañuelo con las fauces de una calavera, con su capucha, y con sus guiños al Athletic en la indumentaria militar. Impresionó el griterío de sus miles de 'balas'. Gavin, la víctima, contempló el ceremonial sin que casi nadie le mirara. Mantuvo su 'dignidad' durante tres asaltos. Al cuarto fue liquidado. Su rostro dibujaba la impotencia y la vergüenza. El de Kerman, una vez comprobó que su rival se restablecía, irradió de nuevo felicidad y satisfacción. El 'Revólver' disparó al costado del inglés, quien le indicó luego dónde le había hecho 'pupa'. Ahora, Kerman apunta hacia Estados Unidos. Y hacia el título mundial.

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